La segunda edición de la Bienal de Artes Gráficas de Caracas realizada en el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez, entre los meses de noviembre y mayo pasados, presentó dos particularidades: la primera, abrir pautas hacia una participación cada vez más internacional; y la segunda, considerar mediante las obras elegidas, las diferentes modalidades de las artes gráficas, a fin de problematizar en su concepto, en su razón de ser. Desde la primera edición, la Bienal de Artes Gráficas Juan de Guruceaga se pudo observar una intención similar. Además de estas consideraciones, hubo en esta oportunidad un lineamiento temático coincidencial: obras que remiten de una u otra forma al tema de la memoria. Como bien señala Juan Carlos López Quintero en el catálogo, esta preocupación es cónsona con la naturaleza misma del medio: cualquier huella, trazo o marca son manifestaciones gráficas —gestualidades— que permiten superar el concepto tradicional que concibe a la gráfica como “simple multiplicadora de imágenes”. Por esta razón, se realizó, como uno de los conceptos curatoriales aplicados, una evaluación del desarrollo histórico del hecho gráfico. En consecuencia, se determinaron tres tipos de premiaciones: Premio Modalidad Tradicional, otorgado a la obra Circuitos impresos, de Lihie Talmor. Esta obra está constituida por nueve visiones —nueve grabados— que remiten al proceso de emigración, al cambio de país. Mediante la secuencia de estas imágenes, se sugiere el tema del desprendimiento de un lugar y de una familia, así como la reconstrucción de una vida nueva en otro espacio desconocido. El trayecto se puntualiza mediante imágenes de maletas vistas desde la perspectiva de las máquinas de rayos X de los aeropuertos. Culmina con una imagen de doble lectura: el sobre de una carta, cuyo remitente está en Estados Unidos y la familia en Israel. La obra es, sin duda, una de las más logradas de la bienal, puesto que conjuga excelencia técnica, a la vez que densidad en el tema. Luisa Richter, por otra parte, recibió el Premio Modalidad Experimental. Richter, artista de amplia y reconocida experiencia, realizó una obra en la que, una vez más, demuestra dominio y profundidad en el manejo de la imagen sobre el papel. Sus collages son definitorios en su producción y no cabe duda de que se trata de una artista integral. Para esta ocasión, realizó un collage (El tiempo y sus combinaciones) hecho con varios de sus grabados anteriores, cortados y encolados sobre un lienzo. Parte de ese mosaico visual —términos de Juan Carlos López—, lo completan imágenes litográficas tomadas de reproducciones anónimas, como ilustraciones de libros viejos, mapas, etc.
El Premio a la Obra de un Artista Novel lo recibió Eleonora Gómez Bas. Esta artista concibió “un libro” (Border Book), en el que una “mancha”, una enigmografía, tal como la llama la artista, es vista en diversas ampliaciones y ángulos, dando a entender la multiplicidad de visiones —lecturas— que una sola imagen contiene. Es una interesante manera de trabajar el concepto de multilplicidad, siendo cada imagen distinta de la otra.
La mezcla de recursos gráficos es patente en la bienal: apropiaciones mediante fotograbados intervenidos, collages, técnicas gráficas tradicionales como la aguatinta, el aguafuerte, la punta seca, la xilografía, la serigrafía, la litografía, etc., así como la instalación y la imagen digital trabajada en computadora, forman parte del corpus de esta Bienal y dan cuenta del estado en que se encuentran las artes gráficas en la actualidad. Ello es tratado bajo diversas temáticas: la historia y el mundo primitivo o antiguo, y por ende, la geografía (Corina Briceño, Gazniella Pagazanni), la violencia social actual vista bajo diversas perspectivas (Abilio Padrón, Irene Furlán, Esther Perozo, Janette Brossard Duharte [Cuba], Ara Djetjian Romero), así como imágenes de la montaña, a raíz de la tragedia ocurrida en diciembre de 1999 en Venezuela (Carolina Campos, Carúpano). La referencia a la gráfica como lenguaje y como fuente de recursos técnicos es vista de varias maneras, en obras como las de Hernán Suárez, Gisela Romero, Enrique Doza Romero. La biografía personal, en Mari Carmen Carrillo y Gaby Trejo.

Por otra parte, el humor sobresale en la bienal. Artistas como Margot Römer, Benjamín Vaisman, Carlos Quintana, Valentina Álvarez, Nancy Urosa Salazar, extreman los recursos técnicos para trabajar imágenes en contextos disímiles e imposibles. La mitología (Yamiliani Morales) y lo onírico o surreal (Jorge Martínez, Dania Fleites Díaz [Cuba], Marco Antonio Cárdenas González) hacen gala de un virtuosismo en el dibujo, así como en las obras de Eduardo Bárcenas, Abelardo Brandão y Adenauer Spíndola (estos últimos de Brasil). En contrapartida, la imagen abstracta sigue siendo pretexto para indagaciones plásticas. Anella Armas, Héctor Romero, Irene Szabadics, Solange Salazar, Nelson Pérez Rodríguez, sobresalen al respecto, y en cuanto a imágenes ambiguas, de corte lírico, Agustín Villasana, Susy Dembo y Eva Rodríguez. Magistral en su pureza serigráfica la obra de Luis García, y más “experimental” en cuanto a sus efectos visuales, la obra de Beatriz Salazar González.
El aire como recurso es trabajado bajo tres perspectivas distintas: Mary Carmen Escurra trastoca la imagen hasta volverla irreconocible, en alusión al movimiento del viento; Toña Vega realiza con trozos de collage de otras épocas y diversas técnicas de impresión, una obra a modo de “costuras”, cuya visibilidad es posible por ambos lados (Memoria del aire), mientras Mariela Arévalo Colmenares realiza un sutil “penetrable” con fragmentos de litografías atados a finos hilos de metal acerado. El efecto es de total aerosidad y fragilidad, dos aspectos que definitivamente enriquecen la obra.
Palabra e imagen forman parte de la esencia del medio gráfico. No obstante, sus objetivos se tornan netamente estéticos, como en el caso de Susy Iglicki, en el que el arte sigue nutriéndose de su autorreferencialidad. En otro orden de ideas, ambos recursos se conjugan en las obras de Joaquín Rojas, Zacarías García y Miriam Rangel, así como en las piezas de las ya nombradas Solange Salazar y Nancy Urosa Salazar. El grabado y el diseño gráfico, bajo la perspectiva publicitaria, son trabajados por Lourdes Peñaranda. Por último, la palabra en conjunción con la imagen se extrema en la página web de Guillermo Torres, en continuo proceso experimental.
La Bienal de Artes Gráficas es sumamente importante, por ser el único evento dedicado a este medio en el país. Supone un continuo enriquecimiento, por la cantidad de recursos y técnicas que actualmente se entremezclan, por lo que permite realizar una constante revisión de sus conceptos. Asimismo, su intención es amplia, ya que la tendencia es no sólo mostrar todas las variables gráficas posibles, sino también abrir sus puertas a la producción internacional. La próxima convocatoria será para el año entrante.

SUSANA BENKO

