Identidad es el nombre de una muestra y el derecho del que carecen muchos jóvenes nacidos en Argentina en la década de 1970. Es también la meta del trabajo por la verdad que realizan artistas, profesionales, militantes, desde lo individual y lo colectivo. Son aquellos que creen que nunca será demasiada la tarea ni suficiente el tiempo para saber qué pasó, y para averiguar dónde están los niños y adultos desaparecidos durante la última dictadura militar.
Con la propuesta de intentar ir más allá del “nunca más” al terrorismo de Estado y al quiebre institucional, el Centro Cultural Recoleta inauguró en el pasado mes de marzo una gran muestra multimedia, que incluía a Identidad y también otras exposiciones de cine, teatro, video, a propósito del aniversario número 25 del golpe del 24 de marzo de 1976. “Hacer memoria es construir futuro”, era la consigna que llamaba a la introspección, para tratar de comprender cómo esos sucesos del pasado reciente inciden en la corrupción, voracidad económica, deterioro de la educación e inseguridad de la sociedad actual.

Es preciso señalar que el centro es un popular paseo que congrega por lo menos a mil visitantes los fines de semana y que se halla en el corazón de la Recoleta, al lado del cementerio del mismo nombre que alberga los restos de Eva Perón. La presentación es doblemente importante, si se tiene en cuenta que la institución, que destinó varias salas a Identidad y otras muestras relacionadas, pertenece al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Las exposiciones plantearon el casamiento entre arte y política. Este es un riesgo del cual pocos salen airosos, pero estos trabajos pertenecen a la minoría, y son estéticamente valiosos.
Entre las exposiciones, es preciso destacar Otras voces, la silenciosa y contundente instalación de Carlos Boccardo y Juan Carlos Romero, en la que presentaron testimonios orales de personas que relataron sus experiencias personales antes, durante y después de la dictadura, escuchados a través de audífonos. Esta instalación estaba junto al espacio testimonial de Las marcas de la memoria, armada a partir de la relevación de las intervenciones plásticas realizadas en las distintas marchas de la resistencia, como el siluetazo, los pañuelos de las madres pintados en el piso, reproducidas en gigantografías. Por su parte, se exhibieron los impresionantes documentos fotográficos del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, una organización científica, no gubernamental y sin ánimo de lucro, que en 1984 comenzó a trabajar en la búsqueda de personas desaparecidas aquí y en el mundo, que rescató cuerpos anónimos en Congo y en Argentina, en El Salvador y en Bolivia, donde también identificaron al Che Guevara.
Es preciso singularizar la maravillosa y dolorosa Identidad. Como los artistas que aquí trabajaron creen en la posibilidad de provocación del arte, se pusieron como objetivo colaborar en la búsqueda de los niños nacidos en cautiverio o secuestrados con sus padres; aquellos niños tienen hoy la misma edad que tenían sus padres cuando éstos desaparecieron.
Cuando se mostró por primera vez en 1998, Identidad fue considerada la muestra nacional del año, por el dolor y la ausencia que confirma y por la promesa de futuro que anticipa. Convocada por la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, fue realizada por Daniel Ontiveros, Luis Felipe Noé, Diana Dowek, León Ferrari, Rosana Fuertes, Carlos Alonso, Carlos Gorriarena, Adolfo Nigro, Marcia Schvartz, Nora Aslan, Remo Bianchedi, Juan Carlos Romero, Mireya Baglietto y el Centro Cultural Recoleta. En un gesto poco habitual, los 13 artistas lograron un inusual consenso para exhibir esta bella y conmovedora instalación conjunta, dejando de lado por un momento sus reconocidas individualidades artísticas. La muestra no está firmada y los nombres no están a la vista.
La instalación exhibe a la altura de los ojos, como en un friso de 100 metros lineales por 30 centímetros de altura, más de 200 fotografías en blanco y negro de las parejas y mujeres embarazadas secuestradas, cuyos niños estás desaparecidos y aún son buscados por las abuelas. Estos niños son actualmente jóvenes adultos.
Las fotos, con un epígrafe explicativo con la historia de cada pareja, se hallan intercaladas con espejos, con la esperanza de que algún espectador, cualquier espectador de más de 20 años, se vea reflejado y se reconozca en las imágenes de sus mayores. Los visitantes de todas las edades se ven en el espejo. ¿Todos nos estamos buscando? ¿Nosotros podríamos haber sido estos que nos miran? ¿Cuánto perdimos? ¿Están nuestros amigos? El tiempo retrocede, mientras los interrogantes se multiplican. ¿Nunca más? Las fotos exhibidas son todas de personas penosamente jóvenes. Son las mismas que los parientes de los desaparecidos llevan a las plazas, a los tribunales, a la hora de los reclamos. Pero esta propuesta ética y creativa subraya el material que le dio origen, al mismo tiempo que lo trasciende, ingresando al terreno espiritual del arte.
La muestra se complementa con una serie de paneles con la historia gráfica de abuelas y un video con relatos de algunos chicos recuperados. En la muestra, tal como fue desplegada en Buenos Aires, había una urna destinada a atesorar los comentarios y datos del público, para que los que algo saben sobre jóvenes apropiados no callen más.
La instalación, que es de fácil reproducción, en el pasado ha sido enviada a distintos puntos de Argentina y Uruguay. En octubre y noviembre se presentará en Noruega; en diciembre y enero de 2002, en Lituania. ¿Dónde pedirla? En la sede del Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, o en prensaccr@yahoo.com.ar.
VICTORIA VERLICHAK

