Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Carla Zaccagnini

Fernanda Gomes

Agora/Capacete

El Espaço Agora/Capacete se ha tornado, en poco menos de un año, en uno de los espacios de exposiciones más activos en Río de Janeiro, una ciudad rica en espacios institucionales (para los estándares brasileños o latinoamericanos), pero pobre en programación. Organizando exposiciones, debates, conferencias y produciendo múltiples de artistas, Agora/Capacete viene demostrando que, con muy poco dinero y el empeño de los artistas que dirigen el espacio, es posible desarrollar una programación de impacto, llenando un vacío importante en una ciudad como Río de Janeiro. El espacio de exposiciones en sí, situado en una región pobre de la ciudad, tiene algo de precario y contemporáneo, sin el aspecto bien acabado de los museos y galerías de arte. Ese contexto físico termina por contaminar gran parte de las exposiciones, siempre pensadas teniendo en cuenta las especificidades del espacio en que se realizan.

Exposición Individual: Fernanda Gomes — imagen 1
Fernanda Gomes. Vista general de la exposición Agora / Capacete, 2001. Foto: Beto Felicio.

Ese es el caso de la exposición de la artista carioca Fernanda Gomes, que ocupó toda la galería con objetos discretos, en su mayoría pequeños, que parecen haber sido encontrados en la calle o en un sótano. Hay clavos oxidados, servilletas de papel sucias, alambres, hilos, pedazos de ventanas, sillas, bancos, pedazos de madera, botellas y vasos. A partir de ellos, Gomes realiza construcciones delicadísimas. A veces, únicamente a través de su precisa colocación en el espacio, de la manera como se relacionan entre ellos y con el ambiente blanco de la sala de exposiciones. Otras veces, por las sobreposiciones o yuxtaposiciones de piezas diferentes, como la estructura de un banco y una tabla, o dos tubos de cobre y la pata de una mesa, o el cajón de una cómoda y las cuerdas de una guitarra. 

Las construcciones creadas por Gomes obedecen a una lógica que no es la de la utilidad ni la de lo cotidiano ni la del racionalismo, pero que está informada por una rigurosa estética formalistas en cuanto a la composición de las piezas y a la exposición como un todo. Las asociaciones de elementos parecen nacer de una aproximación casi afectiva, por una atracción que une objetos semejantes y dispares, similares u opuestos, con articulada tensión. Así, un hilo casi imperceptible cruza toda la galería, próximo al piso y casi paralelo a una de las paredes, empezando atado a la puerta y terminando en el suelo, sostenido por el peso de una piedra que aunque no parezca tan grande para la escala del cuerpo humano, en ese contexto se torna enorme y pesada. En otro trabajo, unas ventanas de vidrio se encuentran simplemente apoyadas, cada una en una silla, formando un biombo en “L” que determina una división espacial, un adentro y un afuera, con elementos mínimos y transparentes. El equilibrio frágil que estructura esa pieza es una característica constante en las construcciones de Gomes, como en los dos círculos de alambre que penden del techo por un hilo blanco, y tocan el suelo en un punto tangencial, o las dos bolsas de papel que, suspendidas por otro hilo en un sitio diagonalmente opuesto de la sala, ruedan en uno y otro sentido, casi tocando el suelo. 

A pesar de la posibilidad de ver cada una de esas asociaciones de elementos como piezas independientes y autónomas, la presencia de todas esas agrupaciones forma un conjunto único, un ambiente totalmente estructurado sobre esas bases de relaciones y sobre esas posibilidades de convivencia. Formas y elementos se repiten en diversas situaciones de la exposición, siguiendo la lógica barroca de la simetría aproximada: las bolsas de papel y los círculos de alambre; la construcción en “L” que forman las ventanas apoyadas en las sillas, y otra ventana de vidrio en configuración semejante; dos vasos con agua en el fondo de la sala y dos vasos iguales, de menores dimensiones, escondidos atrás de la puerta, son algunas de esas repeticiones. Las diversas tonalidades y calidades de blanco, presentes en casi todos los objetos, también contribuyen a esa lectura del conjunto como una unidad, algo que termina por sumergirnos en un mundo donde la naturaleza de las esculturas parece obedecer a un orden peculiar de existencia. 

Las relaciones que Fernanda Gomes propone en esta muestra presentan siempre un equilibrio sutil, un silencio que suele existir en lugares donde nada se mueve por mucho tiempo. No se puede negar, entretanto, la profunda, aunque muy particular, estetización a la que son sometidas las piezas para alcanzar ese estado de suspensión. Si, por un lado, la galería un tanto precaria del Espaço Agora/Capacete quita a estas esculturas la posibilidad del contraste que suelen crear con los espacios museológicos, es innegable que, al mismo tiempo, las piezas de Fernanda Gomes parecen reposar confortablemente en este sitio. Los objetos nos sorprenden porque parecen pertenecer a esos lugares que hasta ahora les eran inusuales. Es como si, después de verlos ocupar esas posiciones, lo raro fuera usar un clavo para colgar un cuadro y las cuerdas de acero para sacarle notas a una guitarra. 

CARLA ZACCAGNINI

Fernanda Gomes, por Carla Zaccagnini | artnexus