Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Autor no disponible

Ernesto Leal y Manuel Piña

Galería Habana

La última muestra de Manuel Piña fue a cuatro manos con Ernesto Leal. Y no se pudieron juntar dos mejores para tropologizar, básicamente desde la fotografía, sobre un tema que —de una u otra manera— obsesiona a los dos: la utopía, entendida en este caso como sinónimo de una sociedad donde impere la justicia social. 

Para los que gustan de encasillar el arte, caracterizarlo por períodos o momentos históricos, etc, y que han establecido la década de 1980 como la etapa de la crítica social en el arte cubano, sería interesante ver qué piensan de esta exposición de 2001, porque el comentario sobre la sociedad cubana actual es bien cuestionador, con todo y el estilo críptico empleado. 

Exposición Individual: Ernesto Leal y Manuel Piña — imagen 1
Manuel Piña. Algunas historias cortas y una más larga, 2001. Instalación con 2 fotografías en caja de luz y video loop. Dimensiones variables.

Pero es bueno observar que, tanto en la década de 1980 como en el presente, si se aplican los sinónimos que trae el diccionario de Sainz Roble, el espectador puede escoger situarse en una de dos perspectivas para concluir de qué se trata la “crítica” de los artistas; es decir, si se usan dos de los sinónimos, la crítica puede ser sólo un análisis, una apreciación y si se aplican otros, cargados negativamente, podrían estar los creadores reprobando, reprochando, burlándose o lanzando diatribas. Son interesantes los matices del lenguaje, sobre todo en la lengua española. No hay que dejarse confundir. 

Ante Piña y Leal hay también que frenar en seco e ir paso a paso. Aquí, en segundo lugar, se debe observar el título: Civiles en shock. Para empezar, ¿qué es un civil?, ¿quiénes son aquí los civiles, los espectadores o los artistas que exponen?, ¿por qué están en shock?, ¿por qué los artistas ponen el término en inglés?, etc. Surgen innumerables interrogantes ante la hermética muestra y los más herméticos autores, que no “sueltan prenda” y, al parecer, se divierten ante el embarazo del público y de quien les pregunta, tratando de desentrañar las misteriosas piezas, cargadas de conceptos, pero escamoteados sus significados al visitante poco avisado. 

Un civil es un ciudadano, volviendo al diccionario. Esa verdad aparentemente banal, en Cuba, donde muchas cosas suelen tener connotaciones diferentes de otras partes del mundo resulta llamativa. Lo más contextual debiera ser “compañeros en shock”. Por otro lado, el inglés no debiera ser la lengua más adecuada para dirigirse a un “compañero”. Más bien habría que decir: “compañeros choqueados”, o “compañeros escandalizados”. Y, como esto no es así, ¿acaso la exposición de Piña y Leal denota otra época, otro estadio de la sociedad cubana donde “lo civil” se necesita como sinónimo de cívico, de civilidad? 

Estoy hablando de un momento donde en la prensa se mencionan términos como “responsabilidad individual” y “Estado paternalista”. ¿Acaso llegó el momento en que hacen más falta ciudadanos cívicos que compañeros? Se trataría no sólo de una cuestión de términos, sino de actitud. Se ha visto que, en ocasiones, detrás de algunos “compañeros” se camuflan ciertas cualidades que no compaginan con la mentalidad de alguien que sueñe con una sociedad más equitativa. 

Cuando Piña y Leal, valiéndose de la tecnología digital, el video y la caja de luz, junto a recursos más convencionales de la fotografía, mezcladas con algo si se quiere más “artesanal”, como el asfaltil sobre papel de estampar, etc., “critican” la sociedad cubana actual, lanzan una diatriba contra lo que para ellos imposibilita la utopía, que la frena desde dentro de ella misma: la autocensura que paraliza, la paranoia (me refiero a los históricos encontronazos Cuba vs. Estados Unidos y a lo que el país hace en términos de defenderse, justificativo de cierto control —no civil—, y por ende, las conductas neurotizadas que ello puede generar en las personas); el juego del funcionario, supuestamente investido de poder, situado en una posición que le posibilita castrar las ilusiones de quienes construyen o anhelan construir la utopía… más o menos por ahí parecen ir los cuestionamientos de Piña y Leal. 

Como prueba de estas interpretaciones subjetivas (¿acaso pueden ser de otra manera ante una obra de arte?) habría que remitirse a los títulos de las piezas: Instituto Superior de dobleagentes, De monumentos (aquí Piña habla de la historia y sus protagonistas y la imagen de éstos no aparece). Otra es Sobre la historia: a una foto de una manifestación política actual, superpone el sonido de una grabación donde las personas, entrevistadas por Piña, cuentan cómo era la década de 1960, en los inicios del proceso revolucionario, cuando la utopía era la meta de la gran mayoría porque, entre otras cosas, no podía alguien ni imaginar que la Unión Soviética dejaría de existir y de ayudar a Cuba. 

Lo que no pude dilucidar, ni ellos me respondieron, es quiénes eran los escandalizados o choqueados (traducción exacta del vocablo en inglés), si ellos como artistas, o los ciudadanos a quienes dirigieron la muestra. 

AMALINA BOMNIN

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