Exposición Individualago 2001 - oct 2001· Por Federica Palomero

Débora Arango

Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber

En ocasión de la reunión en Caracas de los Presidentes del Grupo de los Tres (Colombia, México, Venezuela) el pasado 7 de abril, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber presentó una muestra de cada país: Débora Arango, por Colombia; Diego Rivera, por México, y arte figurativo venezolano en la colección del MACCSI, por Venezuela. Hablaremos aquí de Débora Arango, una artista poco conocida en nuestro país, ignorancia que ojalá ésta, su primera exposición aquí, permita corregir. Al ser precisamente la primera vez que se apreciaban sus obras en Venezuela, hay que alabar la acuciosa curaduría de Alberto Sierra, gracias a la cual, en un resumen de apenas 30 obras pertenecientes al Museo de Arte Moderno de Medellín, se puede tener un concepto claro y bastante completo del estilo y de las temáticas de Débora Arango. 

Exposición Individual: Débora Arango — imagen 1
Débora Arango. Las monjas y el cardenal y / o el recreo. Óleo sobre lienzo. 178 x 127 cm.

Su desgarrado expresionismo está más emparentado con la Neue Sachlichkeit alemana de la década de 1920 que con cualquier referencia latinoamericana ( tal vez sea una coincidencia, y no una influencia); en todo caso, algunas obras podrían tener una familiaridad con las de Orozco, el más expresionista de los muralistas mexicanos. Comparte con esa vena del expresionismo alemán su estilo violento y caricaturesco, logrado a través de un dibujo agresivo y unos colores alterados. También comparte las temáticas de contenido social, político y satírico. Pero el acento puesto sobre la mujer, los hijos, la familia, la pobreza, es un acento muy propio, en el cual su ferviente compromiso social con los excluidos y desfavorecidos está agudizado más aún por su hipersensible condición femenina y su compasión cristiana. También reviste protagonismo la temática religiosa, que roza con la sátira, pues a pesar de sus convicciones, no duda en burlarse abiertamente de los monjes y las monjas, aunque para estas últimas tiene también una mirada de ternura. 

Arango aparece como una artista al margen, incluso dentro de su propio país, pues si bien sus contemporáneos, los integrantes del grupo Bachué y su maestro Pedro Nel Gómez, abordan la temática del proletariado (sobre todo campesino), lo hacen con un tono de grandilocuencia que está muy ausente de sus terribles efigies deformes, pintadas desde la desesperación y la rebeldía. 

Las imágenes de Débora Arango fueron chocantes, y por cierto sufrieron censura en las décadas de 1930, 1940 y 1950. Chocantes en sí mismas, por su estética de lo feo, por la crudeza de sus temas, por sus denuncias del orden establecido y, tal vez, sobre todo por haber sido creadas por una mujer, y además de “buena familia”. Hoy día, felizmente, han dejado de ser chocantes, incluso representan a Colombia durante un evento de tipo político, como es el caso aquí en Venezuela. Pero no han dejado de ser impactantes, pues su fuerza principal no reside en sus elementos circunstanciales, sino en una visión metafísica del mundo expresada en términos plásticos contundentes. 

Llaman la atención su forma de componer, que privilegia los primeros planos, dejando escaso espacio para los fondos, y su concepción vertiginosa de la profundidad tratada frecuentemente en picada, aliada a la disposición escalonada de los personajes. Asimismo, el trazo negro que subraya las formas y el poder de simplificación de las formas, que le permiten acentuar dramáticamente los datos esenciales de la realidad, conforma las cualidades formales de esta artista, gracias a las cuales deja un testimonio conmovedor de su humanismo sin concesiones. 

Los pretextos políticos pueden dar lugar a excelentes manifestaciones culturales: es el caso de esta exposición de Débora Arango. Al contrario, la muestra paralela de Diego Rivera no hacía honor ni al nombre, ni al significado, ni a la fama del artista: compuesta de obras menores, sin hilo conductor, habría podido ser a lo sumo un complemento de una gran exposición del maestro mexicano, que seguimos esperando en Caracas. 

FEDERICA PALOMERO

Débora Arango, por Federica Palomero | artnexus