Celia Sredni de Birbragher: ¿Cómo empezó la colección Microsoft?
Michael Klein: La colección empezó en 1987 en una reunión de empleados con el jefe de finanzas de la época, Jon Shirley, que también es coleccionista.
Existía el deseo de comprar arte para las paredes y para hacer el lugar de trabajo más creativo: había seis edificios y 1.800 empleados en ese entonces. Si se está trabajando con uno o varios computadores, es bueno ver algo más durante el día, así que se formó un comité para buscar obras, obras que provocarán a la gente a pensar, a mirar, a hablar.
El comité contrató a un asesor para que le colaborara, y fue así como buscaron e hicieron una gran exposición de todo lo que habían traído. Se hizo una votación, y la pieza que obtuviera el voto entraba a la colección. Esto se hizo durante algunos años.
Después, el costo de traer obras de todas partes se volvió prohibitivo y la compañía estaba muy comprometida en crecer y desarrollarse, entonces se invitó a un asesor para que analizara realmente lo que se estaba haciendo, dónde se debería acudir y qué pasaría en el futuro, porque cada año se le estaban agregando a la colección 200 ó 300 obras. Hablando con otros colegas sobre la colección, estuvieron de acuerdo en que cuando se inicia una colección, ésta es una acumulación de obras, porque al principio realmente no se tiene un plan. Este se lleva a cabo tal vez tres o cinco años más tarde, cuando se reúne todo un grupo de obras. Compró esto, le gusta eso, pero, ¿qué significa todo eso? ¿Cómo encaja todo? El asesor recomendó que se contratara a un curador de tiempo completo lo cual provocó muchas discusiones, pero en 1999 me contrataron y empecé a trabajar con la colección.

C. S. de B.: ¿Puede contamos de su formación?
M. K.: Me preparé como historiador de arte y también como curador. Tengo varios títulos en historia del arte; trabajé en el Whitney Museum y también en el Walker Art Center. He pasado unos 30 años dedicado al arte contemporáneo; he trabajado con diferentes artistas. A mediados de la década de 1970 trabajé en una galería en Nueva York; iba a regresar a la universidad para terminar mi doctorado y necesitaba algún ingreso.
Llegué a manejar la galería para otra persona por un par de años y pensé que sería interesante simplemente trabajar por mí mismo durante un tiempo, entonces tuve un espacio pequeño en Broadway y después otro en Soho, en donde representé a artistas norteamericanos y europeos: Beverly Semmes, James Casebere y Matthew McCaslin, lo cerré en 1996 porque quería retomar algo que es muy valioso para mí, que es escribir. Llevo unos 20 años escribiendo sobre arte.
Pasé los últimos tres años escribiendo para algunas revistas, y un día recibí una llamada. Toby Lewis, curador de Progressive Corp., me dijo que Microsoft estaba buscando un curador, y yo dije: "Bueno, suena interesante, ¿por qué no?" Yo había estado en Seattle y sabía de la compañía, así que me presenté, y tres meses más tarde me contrataron.

C. S. de B.: Microsoft tiene gente de todas partes del mundo trabajando en Seattle.
M. K.: Eso es lo bueno de ese lugar. ¿Sabe? Uno se sienta en el comedor y hay gente hablando en otros idiomas; hay un grupo en una reunión hablando en alemán; hay un contingente español; hay ingenieros de China y de Japón o un grupo de neoyorquinos leyendo. Es muy variado, y tiene que ser así. Traducimos nuestros productos a muchos idiomas, y como resultado, necesitamos toda esa gente, y ellos traen al ambiente de la compañía diferentes ideas y actitudes. Es interesante aprender y entender lo que les llama la atención del arte y cuál es su formación.
C. S. de B.: Cuando está comprando para la compañía, ¿también está pensando que deber ser una inversión, o sólo que sea agradable para los trabajadores? ¿Qué conceptos maneja para comprar?
M. K.: Para contestar la pregunta sobre la inversión, no creo que a alguien le guste comprar algo que no sea valioso más tarde. No es una preocupación primordial, pero, sí, tengo en cuenta el costo de una obra cuando estoy pensando en adquirirla. No es mi dinero, pero es una responsabilidad que tengo. Queremos estar seguros de invertir el dinero en cosas que van a durar y que sean de calidad; simplemente, esperamos estar escogiendo bien y estar tomando las decisiones correctas.
En cuanto al valor de la colección, del primero al último, no creo que nadie esté pensando en eso en este momento, porque estamos enfocados en artistas que están a mitad de carrera. Algunos tendrán éxito, otros tal vez no, y dentro de cien años quizás todos hayan cambiado, entonces los conceptos cambian, no hay nada definitivo.
Usted también mencionó algo sobre "agradable para los trabajadores". Pienso que una de las cosas que se aprecia mucho de la colección es que no es necesariamente agradable, pero sí despierta múltiples reacciones y sensaciones. En otras palabras, hace que uno se detenga y preste atención. No estamos tratando simplemente de decorar las paredes. Realmente estamos tratando de encontrar cosas que tengan algún significado, y que hagan pensar. ¿Por qué esto es arte? ¿Por qué está aquí? ¿Qué está diciendo o experimentando el artista que yo pueda aprender?
El otro concepto de la colección que me parece importante razón por la cual hay un curador de tiempo completo es que se debe pensar en la colección en su totalidad, como un todo; incluso si está dispersa en diferentes lugares. Creo que el problema con el comité que cambia todos los años es que no hay continuidad. ¿Qué compramos el año pasado? ¿Será que esta nueva obra queda bien? Cuando uno quiere hablar de la colección y se concentra en lo que hay sobre el papel, si se tiene una representación de obras en papel de diferentes partes del mundo, hay muchas preguntas y metodología que tienen que resolverse a medida que se desarrolla la colección. Tiendo a pensar que la mayoría de los empleados son receptivos y les encanta el hecho de que haya arte en las paredes y no afiches o reproducciones, sino algo que es tan comprometido y dedicado como lo son ellos con su propio trabajo.

C. S. de B.: ¿Los trabajadores pueden escoger lo que quieren tener sobre las paredes? ¿Usted les pregunta?
M. K.: Antes, prácticamente todo se colgaba. Lo que trato de hacer ahora es, en realidad, crear instalaciones con las diferentes piezas. Por lo general, estamos creando instalaciones sobre la marcha y, luego, se cambian de vez en cuando. A veces, los trabajadores de un edificio dicen: "Cuando se lleve esto piense en nosotros, porque nos gustaría tener esa pieza aquí".
En los nuevos sitios de trabajo de Microsoft que se están construyendo, los empleados también dicen: "¡Oigan! Somos parte de la familia, ¡compartan con nosotros!" Tenemos lo que se llama el área de sonido, que es por los lados de Seattle, unos 74 edificios y también cinco edificios nuevos en Mountain View, California. Está la división operativa donde están los abogados, los gerentes y los vendedores, y hay otra división para todos los empleados de producción que es donde está todo lo del diseño de software, hay dos grupos diferentes que operan en esos terrenos. Instalar obras en esos espacios no es problema, el problema se presenta cuando algo se desprende de la pared, o cuando hay un cambio en el diseño del edificio, en un área de trabajo hay cosas que están cambiando todo el tiempo y tenemos que ver cómo se resuelven.
Por ejemplo, en uno de los edificios que se inauguró la primavera pasada, el diseñador puso los colores como en una especie de edificio Bauhaus, las paredes están pintadas de rojo, amarillo y azul brillantes. Decidí que lo mejor que se podía hacer era trabajar con piezas de arte en blanco y negro. Todo en ese edificio es blanco y negro, y a la gente le encantó. Realmente respondieron bien. Entonces, tratamos de aprovechar el espacio que nos da el edificio para hacer una instalación.
La otra cosa que me gustaría mencionar es que estamos empezando a hacer también instalaciones exteriores. Pusimos una escultura importante de Ursula von Rydingsvard y ahora vamos a hacer una instalación mural de Sol LeWitt. Esto es algo nuevo para la compañía, nunca antes se había hecho.

C. S. de B.: Microsoft colecciona muchas obras sobre papel. ¿Existe alguna razón en particular?
M. K.: Bueno, el papel puede protegerse bajo un marco, y como tenemos muchos edificios y muchas necesidades, es la mejor forma de crear una colección, de modo que esté protegida y controlada de alguna forma.
Las pinturas tienden a ir en espacios más grandes. Hemos tenido varios accidentes con pinturas: cuando están en corredores estrechos presenta un problema, porque no es un museo, y porque es un área de trabajo activa; no todo el mundo está acostumbrado a trabajar en donde hay arte, entonces chocan las mesas contra las pinturas, etc. Tuvimos un caso en el que alguien empujó un sofá justo contra una pintura que estaba colgada, ésta se dañó porque alguien se sentó en el sofá y la golpeó; se le hizo una grieta. Esta es una de las razones por las cuales tratamos de tener obras que sean innovadoras, pero sobre papel.
Otro factor es el costo. Tenemos mucho espacio y un presupuesto fijo todos los años, así que tratamos de hacer lo mejor que podemos con el presupuesto. Hay algo maravilloso en el dibujo, la acuarela o la pintura en papel; hay toda una gama de obras en papel.
Yo realmente no tengo un área de interés en particular, pues me gustan medios tan diversos como la pintura, la escultura, la cerámica, la fotografía, y el grabado. He descubierto... realmente he tenido que aprender mucho sobre el grabado en los últimos años. Antes no coleccionaba grabados, ahora son una parte importante de la colección.

C. S. de B.: Hay otro aspecto que encuentro muy interesante. En un principio, Microsoft coleccionaba obras de artistas regionales, y ahora la colección está abierta a otras áreas.
M. K.: La colección se inició -y creo que no es inusual- a través de una institución no cultural. El Chase Manhattan Bank la empezó porque la colección estaba en Manhattan y, en consecuencia, tenía muchas más oportunidades de encontrar cosas. Seattle tenía algunas galerías, en su mayoría dedicadas a artistas de la región, artistas contemporáneos, norteamericanos y otros que estaban trabajando en Seattle, ésos fueron los primeros pasos.
Fue sólo hasta 1995, cuando se llevó a cabo la Feria de Arte de Seattle, que se presentó la oportunidad de conocer a galerías de otras partes del país y del mundo. Tres cajas de luz del artista japonés Sato entraron a la colección, y también un excelente grabado de Chuck Close. Esto abrió otra puerta.
Ahora que esas puertas se han abierto y que la compañía ya no está dedicada solamente a la región, sino que es en realidad una compañía internacional, y que la gente que trabaja en Microsoft representa más de 50 países, necesitamos tener una colección que ilustre esa diversidad.

C. S. de B.: ¿Qué otros artistas internacionales tienen en la colección?
M. K.: Acabamos de adquirir obras de Susana Solano, Julián Ope artista francés, Guy Limón. Ahora mismo tenemos en la colección artistas que representan entre 16 y 18 países: de Israel, Francia, Alemania, Italia, Suiza, Inglaterra, Canadá, Holanda, Japón, Estados Unidos, Australia...
C. S. de B.: ¿Y Latinoamérica?
M. K.: Mi educación en historia del arte se limita a lo que está disponible, y claro que hasta hace muy poco, Latinoamérica no formaba parte del programa general de estudios. No había una interpretación de la historia del arte latinoamericano. Hasta ahora, las dos primeras adquisiciones latinoamericanas son Marcelo Pombo y Graciela Sacco. Ahora mismo tengo en reserva una hermosa obra sobre papel de Tunga, quien es brasileño, y una pintura de Trini, de México.
C. S. de B.: Lo que me parece fascinante de trabajar con arte latinoamericano es precisamente que todavía hay mucho por descubrir. Cada vez que asisto a un evento, si encuentro a un nuevo artista bueno a quien no conocía, vale la pena el esfuerzo, como sucedió con Graciela Sacco cuando la vi por primera vez en la Bienal de São Paulo. Las comunicaciones en América Latina son difíciles, entre países, incluso entre ciudades. Con excepción de México y Brasil, hay poco apoyo del gobierno, me refiero a apoyo económico, y esto dificulta mucho más el movimiento del arte, y si las artes no se mueven, entonces es muy difícil que uno las descubra.
M. K.: Parte de mi trabajo es auto-educarme, aprender, salir y descubrir. Como usted dice, en Latinoamérica están sucediendo muchas cosas, entonces estoy empezando a ver y a averiguar sobre ella. Mi trabajo es enseñarme a mí mismo todo el tiempo, en lugar de aprender sobre la marcha. Creo que estos 18 meses son sólo el comienzo de un proyecto muy interesante.
Definitivamente, es interesante preguntarse y buscar cosas, porque nunca es lo que parece ser. Uno ve algo como un nombre polaco y luego descubre que la persona creció en París, que ahora vive en ciudad de México y que trabajó en terracota. Todos esos elementos culturales empiezan a introducirse en la obra, entonces es muy interesante ver cómo esto da forma a alguien.

C. S. de B.: Entender ese concepto fue importante para definir lo que es Latinoamérica. ¿Es por nacimiento? ¿Es por vivir allí? ¿Qué pasa con un artista latinoamericano que vive en París?
M. K.: El alma no puede separarse del lugar. Un ejemplo de esto es Enrique Martínez Celaya, acabamos de comprar una excelente pieza suya, él es cubano de nacimiento pero vive en Los Ángeles. No hace arte en la forma como lo haría un artista nacido en Los Ángeles. Hay un criterio diferente, un nivel de juicio y una sensación diferente del mundo y de él en el mundo. Es interesante ver cómo esas dos culturas se juntan y dónde están las dificultades y los puntos en común.
Por otra parte, es importante entender que hay experiencias que son universales y no sólo latinoamericanas, como las que nacen del interés común en el uso de la fotografía, y cómo los artistas la están explotando. Pensé en eso en los ochenta o los setenta, cuando descubrí la obra de Cindy Sherman. No fue reconocida en un principio realmente, pero lo que vi en su obra fue que había una diferencia total en la noción de lo que la fotografía significaba para el espectador. Quizás, si hay una barrera del lenguaje, existen también otras barreras.
Estuve parado con un grupo de gente mirando un incendio en Nueva York, algo que sucedió en la calle. Simplemente todo el mundo se reunió para ver el suceso y fue verdaderamente una experiencia universal. Nunca había visto nada igual. De repente uno voltea la esquina y entonces ve esta multitud, casi como una aparición. Entiendo a esa multitud.
C. S. de B.: ¿Existen programas educativos en Microsoft?
M. K.: Realmente es importante. Hay muchos programas de capacitación en Microsoft, no conozco a nadie que no reciba soporte para algo, bien sea en una negociación, o en algún aspecto tecnológico o administrativo. El programa educativo es realmente importante, porque mucha gente no está acostumbrada a vivir con el arte, o tal vez no ha tenido contacto con el arte contemporáneo, se están haciendo varias cosas al mismo tiempo.
Tenemos mensualmente una charla con un artista. A los artistas que tienen obras en la colección se les invita para que vengan y hablen en la compañía. Los viernes en la noche, el primer viernes de cada mes, asisten unas 150 personas.
También hago una gira el último viernes del mes, participan en promedio 30 personas, y damos una conferencia, que también es una vitrina para la colección. Tenemos paneles sobre coleccionismo, tuvimos uno en el otoño sobre coleccionar fotografía y son coauspiciados por el Museo de Arte de Seattle y Sotheby's. En la primavera hicimos otro sobre colección de grabados. Publicamos folletos sobre la colección, con ensayos de Sheryl Conkelton y Nancy Princenthal. El próximo año haremos uno sobre coleccionar pintura y otro sobre coleccionar cerámica. Así que pasamos por todas las artes plásticas.
Estamos hablando con Christie's, a principios del año entrante nos va a copatrocinar una serie de charlas sobre eruditos y expertos en bellas artes, en percepción visual. Hablamos de varios temas: de grandes artistas, de diseño gráfico, percepción, teorías críticas, y también de cómo las teorías se relacionan con lo que realmente sucede en la pantalla de la computadora y de por qué las redes se ven como se ven. ¿Se pueden ver mejor? O ¿siempre se verán igual? Hay una gran historia detrás del diseño gráfico, cómo se aplicará a la red, que va a estar aquí por siempre.
Tratamos de estimular un diálogo alrededor de las artes visuales y analizar si se basan en un pequeño dibujo, o en el vestíbulo del edificio donde uno está trabajando; o si tiene que ver con las series que está manejando. Estos son aspectos importantes.
C. S. de B.: Algunos de los ejecutivos son coleccionistas. ¿Usted los estimula para que se vuelvan coleccionistas?
M. K.: Creo que yo estímulo a todo el mundo para que se vuelva coleccionista. Alguien que está trabajando en una oficina de un edificio nuevo, ve algo, tal vez pasan uno, dos o tres meses, y ese algo no lo deja en paz, entonces nos manda un e-mail que dice: "Yo trabajo aquí, y hay una fotografía de fulano... ¿Me pueden decir dónde la consiguieron? ¿Está disponible? ¿Dónde puedo conseguir una?" Dos o tres veces por semana nos llegan preguntas. Creo que estamos dejando las semillas, pero no sabemos qué está pasando.
En los últimos años he tenido algunos amigos que han desarrollado el hábito de ir el primer jueves de cada mes a las galerías, -todas tienen inauguraciones la misma noche- van, miran y comentan sobre las obras. Algunos compran, otros no, algunos sólo están interesados en aprender. Una amiga dio el gran paso, fui con ella a Nueva York y entramos a una galería, y ella dijo: "Quiero eso"... Le dije: "¡Ve, ve!" y la compró.
Pienso que están interesados en el proceso y también en lo que significará dentro de un tiempo para la vida de la ciudad, porque hay una gran actividad en términos de exposiciones y museos y potencial cultural. Todos ellos apoyan las instituciones que existen.
C. S. de B.: Esto es algo que ha cambiado recientemente en Seattle.
M. K.: Sí. La Galería de Arte Henry, que hace parte de la Universidad de Washington, abrió un extenso espacio hace cinco años y están dedicados al arte contemporáneo. El Museo de Arte de Seattle es un museo más general, enfocado principalmente en el arte moderno, y ahora hay un nuevo museo que acaba de abrir, el museo en sí no es nuevo, pero no estaba en un lugar muy atractivo, se llama el Museo de Arte Bellevue, estaba en el centro comercial Bellevue, ahora tiene un nuevo edificio de 36.000 pies cuadrados diseñado por Steven Holl, que se inauguró la noche de Año Nuevo. Es un museo básicamente diferente porque está dedicado a exposiciones y artistas en residencia. Hay un enorme deseo de educar y de llevar artistas a trabajar allí. Con tres instituciones, más Tacoma, que queda 40 minutos al sur (están construyendo un nuevo museo), muchas cosas están sucediendo en la región. Mucho dinero se está destinando y creo que es muy bueno para la cultura, la vida y la educación de la ciudad. Hay una creencia de que esto es parte de la vida. Nos movemos hacia otros escenarios. Nuevas generaciones se están apropiando y participan en toda esta actividad.
C. S. de B.: ¿Usted colecciona? Yo a veces comparo el coleccionar con la afición por el juego. Se siente la misma emoción.
M. K.: Es la misma pasión. Siempre la he tenido. Acabo de terminar de pagar otra pintura. En una exposición la tentación es enorme. Uno está mirando y mirando y no ocurre nada, hasta que de repente dice: "¡Oh, Dios mío! Acabo de encontrarla". Se parece mucho al juego. Y después hay que pagar la deuda.
CELIA SREDNI DE BIRBRAGHER
Directora y Editora de Arte en Colombia / ArtNexus.

