Arte BA

Analía Zalazar. Sin título, 2000. Esmalte sobre gasa. 24 x 40 cm. Galería Del Infinito.

Feriaago 2001 - oct 2001· Por Ana María Battistozzi

Arte BA

Con más de tres años de recesión a sus espaldas y tres ministros sucesivos en lo que va del año, la economía argentina no presentaba el mejor cuadro para el éxito de la décima edición de Arte BA. Sin embargo, los resultados obtenidos por la feria porteña no parecieron reflejar esa situación. ¿Qué extraño fenómeno construye Arte BA que es capaz de sustraerse a la compleja escena política, social y económica por la que atraviesa a Argentina desde hace más de tres años y, justamente, asumió los síntomas de una crisis insoslayable en el momento de su realización? Por alguna curiosa razón, que habrá que investigar en profundidad, los argentinos y sobre todo los habitantes de Buenos Aires, son capaces de renunciar a cualquier cosa menos a su cuota de consumo cultural. A pesar de la crisis, Buenos Aires es una de las ciudades latinoamericanas que mayor actividad genera en ese rubro. Y, a la hora de analizar el caso particular de la feria, tal vez haya que considerar el hecho de que las transformaciones operadas en los últimos años en el país, si bien han excluido a una importante parte de la población de la esfera del consumo, han abultado las posibilidades del otro sector. 

Así las cosas, durante la semana que transcurrió entre el 18 y el 24 de mayo, Arte BA fue visitada por casi cien mil personas que pagaron una entrada equivalente a US$ 6, en tanto que a la noche del cierre los organizadores podían computar ventas por US$ 3 millones de dólares. 

Feria: Arte BA — imagen 1
Sandro Pereira. Monumento al sánguche de milanesa. Resina poliéster, fibra de vidrio y pintura epoxy. 320 x 250 cm. Espacio Duplus.

En esos resultados se registraron compras para todos los bolsillos y todas las orientaciones estéticas. Seguramente nada de esto fue ajeno a la política de incentivos que llevó adelante la Fundación Arte BA, siguiendo el ejemplo de ARCO. Básicamente consistió en invitar a un nutrido grupo de coleccionistas europeos y estadounidenses que llegaron a Buenos Aires de la mano de Rosina Gómez Baeza, la directora de ARCO, y de Pat Whittman, del Programa de Coleccionismo Contemporáneo del MoMA. De hecho, fue un coleccionista norteamericano, el que pagó el valor más alto de la feria por una pintura de Pettoruti que exhibió el stand de Daniel Maman. A escasa distancia en materia de cifras le siguió Viejo con perro, un Spilimbergo de 1926. 

Pero lo interesante es que más allá de estas cifras top, la ventas se repartieron de manera bastante equitativa en un promedio que orilló a los US$ 2000 - US$ 3000 y descendió a cifras mucho más modestas aún. Al fin, más allá de consideraciones estéticas, una feria es un espacio de transacciones comerciales y esto es lo que cuenta a la hora de los resultados y la consideración de su continuidad. 

Feria: Arte BA — imagen 2
Lino Enea Spilimbergo. Viejo con perro, 1926. Óleo sobre tela. 119 x 125 cm. Principium Galería.

En este sentido, los diez años de Arte BA han servido para afianzar su posición, dentro y fuera del país. La feria se fue depurando a sí misma, mejorando estrategias de funcionamiento, espacios de instalación, e incorporando nuevas estéticas que durante los primeros años permanecieron ajenas a su ámbito. Una de las novedades importantes de esta última edición fue la incorporación de Espacio Abierto Arte BA, un sector, cuya curaduría fue encomendada al crítico Jorge López Anaya, que invitó a varias galerías alternativas de Buenos Aires, y a Bis, de la ciudad de Rosario. Surgidas en su mayoría en los barrios de Palermo Viejo y el Abasto, se encuentran entre ellas Belleza y Felicidad, Duplus, Gara —invitada el año pasado a ARCO—, Florencia Braga Menéndez y Sonoridad Amarilla. Estas galerías, que en muchos casos son conducidas por artistas, han comercializado y acogido en sus espacios, lo más atractivo de las nuevas experiencias del arte argentino de los últimos cinco años. Duplus, a cargo del artista Lucio Dorr y Santiago García Aramburu, llevó en esta oportunidad una de las obras más festejadas de ese sector: el Monumento al sánguche de milanesa, del joven artista tucumano Sandro Pereira. La obra, que fue adquirida el día de la apertura por Juan Cambiasso, miembro de la Fundación Arte BA, es a la vez una ironía sobre la noción de monumento y un homenaje a un clásico de la gastronomía local. 

Feria: Arte BA — imagen 3
José Franco. Rinocerontes en mi mente, 1998. Acrílico sobre tela. 116 x 180 cm. Galería La Acacia.

Dentro de la tónica experimental que caracterizó el Espacio Abierto Arte BA, se destacaron las complejas cajas de Valeria Maculan, que en su interior hacen convivir materiales de diversa procedencia, las divertidas construcciones digitales de Ivan Calmet y las pinturas de Juan Tessi, uno de los artistas que mayor interés despertó en coleccionistas locales y extranjeros. Por su parte, en un precario mesón de exhibición, Belleza y Felicidad reunió la entrañable producción del grupo Suscripción, que trabaja una interesante articulación entre poesía y fotografía en pequeño formato. 

Por una cuestión que seguramente asoció el interés de los nuevos lenguajes a los precios razonables, los artistas jóvenes devinieron las estrellas de la feria. En el stand de la Galería Del Infinito, Analía Zalazar tuvo una tremenda aceptación. La joven artista, que hace unos años comenzó trabajando fragmentos que recordaban a Klimt, ha conducido su obra por un seductor terreno articulado con base en abstracciones pictóricas en esmalte sobre un soporte de gasas sobre bastidor. 

Feria: Arte BA — imagen 4
Rodrigo Cunha. Sin titulo (tríptico), 2000. Acrílico sobre tela. 125 x 125 cm cada pintura. Galería Thomas Cohn.

Pero quizá uno de los aportes más impactantes de la feria fue la última obra de Mónica Van Asperen, que se vio en el stand de Luisa Pedrouzo, uno de los que mayor esmero suele poner en la selección y montaje de lo que presenta. Van Asperen estrenó en la feria la última etapa de las experimentaciones que viene realizando con agujas de acero y globos montados sobre soporte vertical. Realizados esta vez con vidrio de color, sus murales adquieren una potencia y un refinamiento inédito. Esos trabajos son básicamente el resultado de exploraciones sobre el cuerpo, visto desde sus flujos y sistemas de circulación convertidos en sutiles metáforas visuales. 

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Damián Ortega. América Letrina, 1997. C-Print. 40 x 51 cm. Galería Kurimanzutto.

Una serie de galerías, surgidas en los últimos dos años, dirigidas por jóvenes profesionales, hicieron su aparición en esta oportunidad con diversas propuestas próximas a la experimentación pero afirmadas en lenguajes ya depurados. Es el caso de la selección que presentó Dabbah-Torrejón, integrada por obra pictórica de Manuel Esnoz y Fabián Burgos, dos artistas que dan cuenta del interesante punto de investigación conceptual al que ha llegado la pintura en Argentina. También incluyó una foto de la última serie de Dino Bruzzone, quien formó parte del envío argentino a Venecia en 1999, y una sencilla, aunque compleja en sus mecanismos, videoescultura de Juan Mathé. Un registro similar fue el que ofreció el espacio de Crom Carbajal, que integró artistas argentinos y estadounidenses en la línea de la política que mantuvo desde que abrió sus puertas hace un año. 

Feria: Arte BA — imagen 6
Alicia Paz. Sin título, 1998. Oleo sobre tela. 182 x 108 cm. Galería Yvonamor Palix.

Es interesante el punto de tensión y convivencia entre artistas jóvenes consagrados y grandes maestros que expresó la feria, y se podía advertir, entre otros, en el interior del stand de Ruth Benzacar. Allí convivieron grandes collages de Berni, con trabajos recientes de Marcelo Pombo, Pablo Siquier, Ernesto Ballesteros y Fabio Kacero, por muchos años la joven guardia de la galería, ahora ya madura en muchos sentidos. 

Entre los grandes maestros, Líbero Badii, fallecido recientemente, fue una de las grandes atracciones en esta oportunidad, presente en varios stands con esculturas de gran y pequeño formato. Un trabajo formidable de gran tamaño, el Autorretrato siniestro de 1978, fue el que presentó Laura Haber con todos sus bocetos preparatorios. 

Feria: Arte BA — imagen 7
Elvis Rosendo. Los padrinos y la cantante calva, 2000. Acrílíco y creyón sobre tela. 143 x 102 cm. Galería Juan Ruiz.

Entre las galerías extranjeras sobresalían Cecilia Torres que como se sabe, trabaja a Torres García y trajo esta vez a José Gurvich, Francisco Matto y Manolo Valdés; la uruguaya Sur, que presentó una magnífica obra de Barradas; y la irreverente mexicana Kurimanzutto, que fue lo más próximo al espacio joven que vino desde el exterior. Para destacar, estaban en Thomas Cohn dos excelente Kuitcas, la obra del pintor Rodrigo Cunha y el trabajo de Walter Goldfarb, también presente en Gary Nader. Luisa Strina vino, como en años anteriores, con una de las presentaciones más austeras y fuertes de la feria, con nombres como Artur Barrios, Cildo Meireles y Tunga. De Cecilia Caballero sobresalía un mapa de Kuitca, y de Enrique Guerrero un Julio Galán de los años ochenta. De Chile, la galería de Isabel Aninat presentó pinturas y esculturas de Roberto Matta. Por otra parte, la galería venezolana Juan Ruiz participó por primera vez, y llamaron la atención obras de Miguel Meza y Elvis Rosendo. La Acacia de Cuba presentó algunas obras de José Franco, Rubén Alpízar y Arturo Montoto. Faltaría mencionar, también, a la galería Yvonamor Palix, con sede en México y París, que se destacó con obras monocromáticas de Víctor Rodríguez y pintura de Alicia Paz. 

Se diría que todo el mundo se esmeró en llevar lo mejor y en algunos casos no se escatimó en audacias que en otros tiempos no hubieran sido negocio en una feria. Sin embargo, todo fue increíblemente bienvenido. 

Feria: Arte BA — imagen 8
Manuel Esnoz. 10W 010W 0010100, 2001. Óleo sobre tela. 120 x 100 cm. Galería Dabbah Torrejón.

Gran aceptación tuvo la obra expuesta en el stand que compartieron Gráfica Contemporánea, Raiña Lupa e Ives Riviére, reiterando la experiencia de la edición anterior. Allí se expusieron, entre otros, tres libros de Luis Seone realizados por la multifacética Matilde Marín. 

Desde las revistas, que cada vez son más las que se dirigen a los lectores latinoamericanos, hasta los debates y mesas redondas que se presentaron diariamente, la respuesta a cada una de las ofertas de la feria no hizo sino reflejar ese curioso y activo interés del público argentino por las manifestaciones culturales, más allá de la crisis y los avatares de la economía. 

 ANA MARÍA BATTISTOZZI

Historiadora, docente y crítica de arte. Escribe en el diario Clarín y en la revista Buenos Aires Bellas Artes.

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