En el mes de enero de 2001, se exhibió en la galería Gary Nader de la ciudad de Miami una interesante muestra del pintor brasileño Walter Goldfarb (1964), quien presentó un conjunto de piezas, bajo el título Last Dance, concebidas desde un diálogo semiótico entre citas de antiguas danzas sacras (Matisse, Holbeib, Klee, Goya) que hacen dialogar el trabajo de la pintura en blanco y negro con los refinados tratamientos de bajorrelieve desde los cuales se construye la controversia temática de su poética artística.
Las obras están llenas de un sugerente enunciado nacido de la representación de los juegos de significados que se construyen a través de ellas. Se siente el peso que cobran los elementos casi imperceptibles que funcionan como ejes supremáticos y minimalistas de la historia.

Por ejemplo en la obra principal de la muestra, titulada Lilith’s Dance, nos enfrentamos a una pieza de gran formato, donde domina el blanco, la cual exhibe al centro una mujer desnuda (que mucho recuerda a Las señoritas de Avignon de Picasso), que posa recostada en un árbol de marcado sello oriental, mientras en el extremo inferior derecho donde comúnmente se coloca la cita, se aprecia en negro una réplica de la obra de Matisse, La danza. Los elementos antes citados hablan de un encabalgamiento temático y confirman la propia postura estética de Goldfarb.
La estrategia según la cual, Goldfarb sustituye la firma por la cita de la obra de Malevich, realizada como una silueta negra, nos habla de la cancelación de la propuesta de Matisse y su sustitución proposicional por la tendencia supremática, ya que Goldfarb, con su obra, rememora la rebelión de Malevich contra la pintura clásica y en particular con respecto al uso del color que sintetiza a través de la interacción del blanco y el negro.
Malevich, fue el pintor que por vez primera hizo visible su oposición a las autoridades bolcheviques en tiempos de la imposición del Realismo Socialista, sustituyendo la firma por una de sus obras supremáticas (Blanco sobre negro), para así hablar de la firmeza de su postura estética, el suprematismo, tendencia con la cual Walter Goldfarb se identifica en la presente exposición. Ahí no termina todo. El significado se multiplica al advertir que la figura central está enmarcada por una elipsis que asemeja los rebordes de frutas de las antiguas vajillas, la cual está bordada con hilo blanco, algo que demuestra el carácter minimalista de la intención e indica la ruptura de los límites entre arte y artes decorativas, cambiando radicalmente la intención de lo representado.
Como puede apreciarse, hay un encabalgamiento de significados artísticos que nos llevan de la intención supremática al minimalismo y de el al juego con la cita, propio de la postura postmoderna, que en este caso, encuentra siempre su sentido al dialogar con elementos realizados en blanco o negro, a través de los cuales se realiza la proyección que el artista ha querido dar a la obra.
El mismo principio puede apreciarse en las piezas tituladas Dance’s Eclipse y Dance’s Dance, en las cuales se convierte el color negro en la fuerza de significado que les da contenido semántico. En el primer caso, al cubrir parte de la imagen, en el segundo, al colocar la conocida imagen de los danzantes de Matisse, precisamente en el sitio donde las flautas crean con la evocación de la música, el sentido de la fiesta.
También las piezas Ghost Dance y Dance Goes to Dance presentan el juego de lo espectral y de la vida y la muerte, como eje de la danza, las cuales se enlazan a través de un tema común, los grandes salones de baile del siglo XIX.
Como puede verse, hay un juego de recurrencias desde las cuales se enfrenta la danza como tema que mucho sugiere de las posibilidades expresivas y estéticas de Walter Goldfarb, un artista que sabe poner a prueba el valor de tendencias y universos expresivos en torno a la representación.
MADELEINE IZQUIERDO DE CAMPO
