Como una recopilación de obras, Ultrabarroco, aspectos del arte post-latinoamericano fue una exposición impactante que presentó una serie de obras sólidas y sugestivas. Repartidas en nueve salones de un moderno museo enclavado en una comunidad vacacional a orillas del mar, la exposición presentó más de setenta obras de dieciséis artistas de toda América. Mientras que muchos de los jóvenes artistas son famosos en sus propios países, sólo unos pocos habían expuesto antes en los Estados Unidos, lo cual hizo que el posible impacto de la exposición fuera significativo. Debido a esto, el marco conceptual de la exposición, manifiesto en su título y en el catálogo que la acompañaba, es de una gran importancia. El interesante aunque polémico catálogo que contenía ensayos de los cocuradores, Elizabeth Armstrong y Víctor Zamudio-Taylor, el historiador cultural francés Serge Gruzinski, y el historiador de arte Paulo Herkenhoff, era una loa al arte contemporáneo latinoamericano como una de las más complejas y avanzadas manifestaciones del arte global postmodernista.

Definiendo el creciente escenario artístico internacional como ultrabarroco, Zamudio-Taylor sostiene: "Lo barroco, —el mismo término que antes funcionaba como un cliché para subestimar y marginar las expresiones artísticas de Latinoamérica— ahora, en la era de la globalización, da la clave para la interpretación de hibridismo en la cultura visual". Históricamente, la exposición amplía así interpretaciones que se derivan de modernistas como el crítico cubano Alejo Carpentier, más que del filósofo español Eugenio d’Ors, al insinuar que lo ultrabarroco es una señal de culminación y clímax artísticos, más que de agotamiento y decadencia. Pero mientras estos conceptos encienden sin duda chispas de entendimiento de las discusiones que se están desarrollando acerca de lo que constituye una estética globalizada, muchas de las obras presentadas parecían cuestionar conceptualmente la defensa de dicho mundo, a la vez que, sin embargo, manifestaban un idioma vernáculo culturalmente pluralista.

En el vestíbulo de la entrada, por ejemplo, estaba la Sleeping Doll (Muñeca durmiente) de Lia Menna Barreto. Esta obra consistía en una muñeca de cuerpo blando de tamaño exagerado, vestida con un pijama rosado de peluche y adornada con una cabeza, manos y pies en miniatura. Hipnótica, femenina e infantil, la obra parecía parodiar el mercado emergente y globalizado como atractivo y repulsivo a la vez, mezclando visos de comodidad y sosiego con otros de ingenuidad y estupidez.

Anacronismos conceptuales similares hicieron memorable el montaje Untitled (Sin título), de Nuno Ramos. Al igual que en la obra de Menna Barreto, Ramos explora el letargo en su obra, que es un complejo agregado de objetos encontrados de diversos materiales y colores. Subrayando la esencia física de la existencia como intrínsecamente material y visceral, la obra de Ramos no iguala de manera expresiva masa y fuerza, como lo hicieran alguna vez las obras minimalistas, sino que, más bien, reduce la velocidad de la masa hasta detenerla en donde su inercia amenaza con liberar procesos de azar y caos. Aunque esta obra también podría ser fácilmente definida como ultrabarroca, sus espejos quebrados y su cacofonía de formas se burlan de las globalizadas tendencias emergentes, en vez de celebrarlas.

De igual forma, las obras de Adriana Varejão combinan lo hermoso con lo abyecto. Su pintura tridimensional Carpet-Style Tilework in Live Flesh (Enchapado al estilo de un tapete en carne viva) representa una erupción similar a la de un terremoto que ha abierto en dos un piso de baldosa blanco y azul para dejar al descubierto una masa café que sugiere a la vez carne humana, intestinos y suciedad. Aludiendo a la tiranía del colonialismo, que acumuló riqueza mediante la explotación humana y el racismo, la obra de Varejão arranca de los acontecimientos históricos la máscara de supuesta sofisticación colonial, revelando sus injusticias y ambiciones implícitas.
En un salón contiguo, cuatro fotografías murales a color de Miguel Calderón, titulada cada una Employee of the Month (Empleado del mes), exploran la traición entre las imágenes y la realidad. Dispuestas en forma teatral, a la manera de renombradas obras de Caravaggio y Velázquez, estas fotografías, sin embargo, socavan sus prototipos tradicionales al representar a vigilantes y conservadores de museo en lugar de prominentes figuras históricas o religiosas. Al mismo tiempo, las obras parecen aludir también a la ininterrumpida marginalización del arte latinoamericano de los círculos canónicos, como si fuera en cierta forma inferior a sus primos europeos. Temas similares adquieren una apariencia diferente en las obras Untitled Turkey (Pavo sin título), de Meyer Vaisman, que representan en diversas formas un ave nativa de las Américas. Ingeniosas e irónicas, sus taxidérmicas gallinas están peinadas y vestidas para semejar aspectos del universo mestizo. Codificando la América Latina colonial y postcolonial como un símbolo andrógino femenino-masculino, estas obras parodian los estereotipos que continúan definiendo y delimitando la recepción más amplia del arte, los artistas y la cultura latinos en los Estados Unidos y Europa.

Al presentar un admirable conjunto de artistas cuyas obras luchan con las complejidades de la identidad contemporánea, esta exposición hizo un esbozo no tanto del arte latino actual, como del arte postlatino, cuya identidad cultural es partícipe del fenómeno global del mestizaje, parafraseando a Zamudio-Taylor. Está por verse si estas tendencias son positivas, como parecen, sugerirlo los curadores, o problemáticas, como lo consideran algunos de los artistas. Indudablemente, en su fervor imaginativo y ánimo teatral, la exposición fue vital, flexible y atrayente.
La exposición estuvo abierta hasta el 7 de enero del presente año. Los artistas participantes fueron Miguel Calderón, María Fernanda Cardoso, Rochelle Costi, Einar y Jamex de la Torre, Arturo Duclos, José Antonio Hernández-Díez, Yishai Jusidman, Iñigo Manglano-Ovalle, Lia Menna Barreto, Franco Mondini Ruiz, Rubén Ortiz, Nuno Ramos, Valeska Soares, Meyer Vaisman, y Adriana Varejão.
COLLETTE CHATTOPADHYAY
Historiadora y conferencista residente en Los Angeles. Miembro de la
Asociación Internacional de Críticos de Arte (Sección estadounidense);
contribuye regularmente con las revistas Artweek, ArtNexus, Art Asia
Pacific y Sculpture.

