La obra de Tonel (Antonio Eligio Fernández) es poco conocida en Estados Unidos, a pesar de la intensa actividad que ha ejercido en Latinoamérica y particularmente en Cuba a lo largo de varias décadas, como artista y como crítico. Esta primera exposición individual en Estados Unidos nos da una oportunidad para reflexionar sobre su obra en perspectiva. La exposición en Art in General, titulada Lecciones de soledad, consistió en una serie de dibujos de mediano formato, dos esculturas/instalaciones en madera y unos dibujos pintados directamente en el muro. Las obras no se lucen particularmente por mostrar alardes de virtuosismo técnico; de hecho, la mayoría son dibujos sencillos de estilo deliberadamente naïf. Sin embargo, y gracias precisamente a que son obras libres de cualquier afectación, sus mensajes resultan poderosamente mordaces. Gran parte de las obras de Tonel son autorretratos o confesiones personales en torno a temas como la masculinidad, el sexo, la sociedad en general o la política. En ocasiones mostrados como simples esbozos en una página de un diario íntimo, o a veces como tiras cómicas que pueden ser encontradas en alguna revista, las obras otorgan siempre una narración o escena cotidiana con su editorial ácido, su comentario escatológico o su giro inverosímil.

En esta exposición, Tonel despliega un desfile de personajes y situaciones a cuál más grotesco y absurdo. Un Hombre del boxeo total se nos presenta con tres guantes, uno en su miembro viril. Otro, Un Sujeto con mucho brazo posee un miembro tan enorme que se convierte en una carga inútil. Otro más, titulado Al machete, se muestra habiéndose cortado, con su propio machete, el mismo brazo que utilizaba para cortar. Todos ellos parecen ejemplificar el desperdicio de recursos, de la razón y del potencial de sus vidas. Los personajes de Tonel viven un drama con sus cuerpos, transformados por los estados que viven y expresan. Las situaciones, por extrañas y anónimas que aparenten ser, tienen resonancias familiares, porque más bien reflejan sensaciones, momentos existenciales de frustración, vergüenza o autocuestionamiento que nos resistimos a encarar.
Estas escenas se mezclan con frases cotidianas como “dime la hora” o “no hay agua”, que flotan en las obras como pedazos de la vida diaria que contrastan con las representaciones y que a veces las describen, pero otras funcionan como ecos verbales de las conflictivas imágenes que acompañan. Los dibujos de Tonel son psicodramas eróticos que casi invariablemente contienen un mensaje subliminal. En Tonel, el erotismo funciona como instrumento para realizar un análisis irreverente de los tabúes y dogmas de la sociedad en general, pero que adquieren un significado particularmente intenso cuando se piensa en la sociedad cubana. En una obra, un personaje masturbándose ejemplifica lo que se inscribe en la obra como “diferencia entre trabajo manual e intelectual”, frase que aparentaría provenir de un clásico tratado socialista. El demócrata, por su parte, se representa con un pene gigante, otra alusión a lo absurdo de una noción de un bienestar colectivo.
En el ámbito escatológico, varias de las obras muestran los aspectos más crudos del ser humano, en particular, referencias a actividades íntimas y sin embargo rutinarias que ocupan un lugar en nuestras vidas. Un ejemplo es una obra titulada He dicho: voy al baño, o la obra en el muro, titulada Las partes que más me sudan cuando me pongo nervioso. Tonel monumentaliza estos momentos un tanto embarazosos que todos experimentamos en sociedad, para llamar la atención precisamente sobre el absurdo que rige nuestras vidas. Sus dibujos son lentes de aumento de aquellas áreas que preferimos olvidar, zonas que hemos reprimido por razones personales o colectivas, pero que al verlas nos son incómodamente familiares.
Tonel es una especie de Steinberg cubano que comparte la burla y reflexión existencial del dibujante rumano-americano, pero añadiendo un agrio comentario de corrosión sociológica que se expresa en sus dibujos gráficamente sexuales, como ilustraciones de un tratado sobre la futilidad y la opresión.
La obra a la entrada de la exposición es un autorretrato de cabeza, al estilo ”dialéctico hegeliano”; de nuevo, un comentario sarcástico sobre el marxismo. En cierta manera, esta obra resume la sensibilidad de la obra de este artista, que al hacer un análisis profundo y despiadado de sí mismo nos rinde, a la vez, un testimonio igualmente elocuente de las contradicciones de la sociedad que lo rodea.
PABLO HELGUERA
