Tesoros de arte y fe

Anónimo. Casulla (tipo guitarra), detalle, siglo XIX. Lino morado con alma de seda roja. Bordado tupido en oro y detalles en recamado plateado. 103 x 68,5 cm.*

Colectivaabr 2001 - jun 2001· Por Susana Benko

Tesoros de arte y fe

Museo Sacro

El Museo Sacro de Caracas se encuentra en la Plaza Bolívar, a dos pasos de la Catedral. Su reconstrucción comenzó en 1981, como parte de un proyecto de rescate, al declararse su edificación Monumento Histórico Nacional. Los terrenos, donde actualmente funciona el museo, eran inicialmente el antiguo Cementerio de la Catedral. Varias osamentas fueron encontradas durante las excavaciones y se presume que durante la Colonia varios obispos fueron enterrados allí. Testimonio de ello es la fosa común u osario que se encuentra en uno de los espacios que el público puede visitar. Asimismo, se rescató lo que fue la Cárcel Eclesiástica, que data de 1713, lugar donde eran recluidos los miembros de la Iglesia culpados por algún delito. La edificación, originalmente mucho más amplia, fue mandada a construir hacia fines del siglo XIX por el arzobispo de Caracas, monseñor Críspulo Uzcátegui, con el fin de que funcionase la Escuela Episcopal. Luego de años de deterioro, más la utilización del edificio para otros fines, se rescató este espacio para abrir sus puertas como museo en 1993. 

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Anónimo. Casulla (tipo guitarra), siglo XIX. Lino morado con alma de seda roja. Bordado tupido en oro y detalles en recamado plateado. 103 x 68,5 cm.*

Conforman la colección permanente varias piezas del arte colonial, entre pinturas, orfebrería, tallas de vestir e imágenes anónimas de santos y de la Virgen. Igualmente, posee algunas obras del arte religioso realizado durante los siglos XIX y XX. En el marco de las celebraciones del Gran Jubileo 2000, el Museo Sacro de Caracas presentó la muestra Tesoros de arte y fe, con obras pertenecientes a la colección de la Catedral de Caracas. Esta exposición, sin duda la más importante en la programación de esta institución, fue de gran importancia tanto por el valor de las piezas como por el hecho de que muchas de éstas fueron exhibidas por primera vez. 

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Anónimo. Cáliz, siglo XVIII. Cristal de roca enchapado en plata dorada. Procedente de México. *Foto: Luis Simón Molina Pantín. Cortesía: Museo Sacro.

La reciprocidad entre el arte y la religión es puesta en evidencia en esta exposición. La museografía, acorde con el espíritu del museo, logra este objetivo en manos de Diego Iván Correa. Igual se demuestra con gran sentido pedagógico el estudio que para el catálogo realizó Gabino Matos, su curador. En este trabajo se exponen los lineamientos seguidos para la clasificación de los objetos rituales, así como su comprensión plástica, simbólica y estética. Dos temas, relacionados entre sí, son los desglosados para la conmemoración del Jubileo 2000: la Eucaristía (o Comunión) y la Encarnación. La primera consiste en el acto sacramental en el que el cristiano comulga con Dios, para lo cual existen objetos utilizados directa o indirectamente para ello: los sagrarios, los vasos eucarísticos como los cálices, los copones y las custodias, entre otros, así como las vinajeras, los candelabros, las jarras, las bandejas, etc. Por otra parte, la Encarnación el misterio de Dios hecho hombre— es representada mediante imágenes de la Virgen, mediadora entre ambos polos, Dios y el hombre. El sentido de la distinción y de la autoridad en los rituales litúrgicos cristianos fue puesto en evidencia, por otra parte, mediante las vestiduras sagradas utilizadas por los ministros de la Iglesia. Según su jerarquía y función, se podía distinguir cómo variaban los ornamentos y las insignias litúrgicas. Casullas, amitos, capas pluviales, humerales, se expusieron a lo largo de la sala. 

Con la exposición de todos estos objetos, el curador quiso demostrar cómo en el arte sacro se conjugan indisolublemente cuatro aspectos esenciales tanto en el arte como en la religión: materia, forma, belleza y nobleza. En otras palabras, mediante estos valores se puede apreciar tanto cultural como ritualmente a los objetos exclusivos para el oficio divino. 

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Pedro Ignacio Ramos. Portaviáticos con píxide, segunda mitad del siglo XVIII. Plata repujada, martillada y cincelada. Píxide de oro y plata. Alto: 21 cm. Píxide: 10 cm.*

Las vestiduras sagradas y la orfebrería fueron los objetos que tuvieron mayor cabida y atención en Tesoros de arte y fe. Las primeras, probablemente, se deben a que fueron realizadas durante el siglo XX, mientras que casi no existen muestras de épocas anteriores, debido al deterioro que han sufrido por el paso del tiempo y las malas condiciones de conservación. La segunda se debe a que Caracas fue durante la Colonia un centro artesanal en el que la orfebrería tuvo gran desarrollo. La demanda de objetos sacros fue importante por parte de la misma Catedral, como por los conventos y las cofradías. Por otra parte, son objetos susceptibles de conservación. En manos de la Iglesia, celosamente guardadas, pudieron resguardarse muchas de estas piezas pese la destrucción, la quema y los saqueos que bárbaramente se practicaron durante los primeros años de la época republicana. En efecto, el sentimiento anticlerical fue devastador durante esos años de lucha por la Independencia. El legado colonial, en especial la pintura, quedó prácticamente cercenado. Sin embargo, la única pintura expuesta en Tesoros de arte y fe, afortunadamente, es tal vez la más importante, Inmaculada Concepción, pintada por Juan Pedro López, el más prolífico imaginero venezolano del siglo XVIII. En este gran lienzo, sin firma pero de autoría comprobada por su indiscutible estilo y documentación encontrada, aparece la Virgen como suele representársela: parada sobre la media luna, las doce estrellas alrededor de su cabeza y vestida de blanco y túnica azul. La disposición de los querubines y ángeles denotan el barroquismo que se desprende del estilo de Juan Pedro López. 

No cabe duda de que las imágenes y los objetos litúrgicos han sido esenciales para la profesión del culto cristiano a través de los siglos. Lo son precisamente porque sirven de apoyo para materializar lo inasible que implica asimilar el misterio de la Encarnación, e incluso, la existencia de Dios. Por ello, las imágenes siempre fueron y son necesarias. Aunque no siempre fueron humildes. Si bien los objetos rituales eran tomados de la cotidianidad sin alguna factura especial durante el cristianismo temprano, con los años fueron adquiriendo mayor solemnidad. El resultado son las deslumbrantes vestiduras hechas con finas sedas y bordados con hilos de oro y plata. Ni hablar de las custodias, objetos refulgentes de luz entre el oro con que están hechas y la pedrería que las adorna. Lo cierto es que de la humildad, valor esencial que profesa el cristianismo, se pasa a la sublimidad de la belleza, expresada en los niveles más altos con que ésta puede objetualizarse: a través del preciosismo en la factura y en los materiales con que están hechos sus objetos. Una manera de estar a la altura de Dios.

SUSANA BENKO

Tesoros de arte y fe, por Susana Benko | artnexus