Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Carol Damian

Santiago Cárdenas

Galería Freites-Revilla

El artista colombiano Santiago Cárdenas ha pasado por numerosas fases en su carrera, pero tal vez se le asocia mejor con sus más bien mínimas pinturas sobre pizarra, de la década de 1990, que exploraron la relación entre las marcas espontáneas y sus ambiguos ambientes. Con sus letras que parecen escritas con tiza y son escasamente visibles contra la dura realidad de la superficie de la pizarra, estas obras simples hicieron una declaración sobre las anotaciones cargadas de contexto asociativo y del acto de crear arte. El fantasmagórico residuo parecía haber sido creado mediante la técnica del borrado, una familiar actividad escolar que subvierte la noción inmediata de los graffiti, que es impertinente y espontáneo, y mediante su misma naturaleza sobre la superficie. Cárdenas crea marcas que están sumergidas, entonces sus pinturas sobre pizarra son también ejercicios en artística moderación, contradicciones espaciales y habilidad de ilusión óptica. 

Exposición Individual: Santiago Cárdenas — imagen 1
Santiago Cárdenas. Amarillo sin fin, 2000. Óleo sobre lienzo. 129,5 x 129,5 cm.

En esta exposición de obras recientes es como si una moderación de los inicios tuviera que ser contrapesada por la elaboración, aunque siempre con matices y refinamiento, incluso cuando está cargada de imágenes y hermosamente coloreada. Sus notaciones sobre la pizarra les dan paso a expresivas cuchilladas de color estéticamente coordinadas con imágenes superreales de flores y objetos. Cada pincelada de color concuerda con una presencia conceptual, reminiscencia del tardío expresionismo abstracto, a medida que el artista hace un componente de su reconocible tema, un sujeto en sí mismo. Esto es especialmente evidente en las vasijas o estantes con flores que existen como ejercicios independientes en abstractas armonías de color. Hay un aspecto de impresionismo en las armonías de color que afecta la descripción de sus objetos en particular. La imagen adquiere diferente significado, con estudiada concentración y distancia. 

En Amarillo sin fin, 2000, un exótico ramillete de flores emerge de las profundidades de infinitos amarillos, en contraste directo con la artística exuberancia del color. El fondo es tratado como una demostración totalmente espontánea de fluido manejo del pincel, realzado por goteos e irregularidades espaciales, mientras las flores y hojas hiperreales forman su propio complemento visual. La meticulosa precisión de las flores resuena contra la artística vitalidad de los planos de la superficie densamente empastados. Los mismos efectos emergentes aparecen en Taller rojo con musa y espejo, 1998, un gran lienzo con capas de magníficos rojos y rosados que con sus gotas y manchas dan evidencia del proceso del artista. Los instrumentos del oficio del pintor están presentes en un arreglo de un bodegón sobre una mesa. Los objetos surgen (¿o están sumergidos?) de las pinceladas en relieve de color, para transformar todo el campo en opulentos efectos de vibrante energía. 

Cárdenas también pinta con sublime reticencia mientras continúa empleando sus pizarras como fondos para elegante exotismo. A diferencia de las combinaciones de los primeros años, que presentaban efectos totales de ilusión óptica en la representación de las flores y sus recipientes, el ave del paraíso de Florero Galileo, 2000, se posa en un florero que es más una transición en pintura abstracta, que un objeto. Cada pincelada flota como un plano de color sobre la superficie, para definir figuras y formas que son tan puras como intangibles. Las tres pequeñas pinturas Manzana roja; Manzana verde; Manzana amarilla, 2000, son estupendos ejemplos de extremada pureza formal. Colocada sobre una cornisa de madera contra su familiar pizarra, cada manzana es descrita con amorosa atención a la textura y el detalle. Es su colocación en frente de las marcas de tiza de la pizarra lo que es tan confuso que desdibuja la diferencia entre realidad y pintura, algo en lo que Cárdenas descuella, en especial en esta exposición. 

CAROL DAMIAN

Santiago Cárdenas, por Carol Damian | artnexus