Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Valeria Piccoli

Rubens Mano

Galería Casa Triângulo

Para quien visitó la exposición del fotógrafo Rubens Mano en la Galería Casa Triângulo, la primera gran sorpresa tal vez haya sido la sensación —incluso un tanto incómoda— de entrar en una casa vacía. El único “objeto” visible de la exposición para quien entraba en la galería era una gran balanza de acero inoxidable, formada por dos superficies circulares cóncavas unidas por un punto central. Apoyadas en el suelo de la manera en que lo estaban, esas superficies funcionaban como espejos gigantes, invirtiendo, distorsionando y reproduciendo al infinito, tanto la imagen de los que pasaban frente a ella como la de los elementos que conformaban el espacio expositivo a su alrededor. 

Exposición Individual: Rubens Mano — imagen 1
Rubens Mano. Básculas, 2000. Vista de la instalación. Dimensiones variables.

El espacio expositivo de Casa Triângulo merece, además, un comentario aparte. Ocupa el primer piso de un antiguo edificio comercial y residencial, en un sector del centro de São Paulo, que solía ser de clase alta y que actualmente se encuentra en estado de decadencia. En su interior, la galería aún conserva evidencias de su uso residencial anterior, perceptibles sobre todo en la distribución del espacio en habitaciones con puertas y ventanas, y en el diseño del piso entablado con maderas de colores diferentes. Es, por tanto, la antítesis del “cubo blanco”. La manera misma en que el área de exposición está estructurada presupone que el observador la recorra, sin que le sea proporcionado de antemano el dominio visual de la muestra. 

Rubens Mano logra, de manera muy perspicaz, tomar partido de esa particularidad. Esto explica que la obra en mención haya sido situada de modo que fuera vista por quien entraba en la galería. Para poder llegar a las otras obras era preciso recorrer las habitaciones, y solamente durante el recorrido se percibían las intervenciones del artista dispuestas en el área ocupada por la exposición. 

No eran grandes obras, ni tampoco muchas. Apenas pequeños gestos que alteraban de manera sensible la percepción que se tenía de aquel espacio. El color de algunas de las puertas y zócalos fue alterado. En otro recinto, los marcos y un trecho del piso de un pasaje entre dos salas fueron revestidos de espejos, haciendo del momento de la travesía un juego lúdico de observar la multiplicación de la imagen propia en movimiento. Más adelante, un pequeño cilindro de fibra óptica fue incrustado en una de las paredes externas de la galería, produciendo un foco de luz muy intensa que proyectaba un halo en la pared opuesta. Pero, sin duda, la intervención de mayor impacto consistía en dos paredes pintadas con un líquido reflectivo, del que se usa en la señalización de las rutas. La vista, aún un tanto afectada por la intensidad de la luz de la fibra óptica, tenía dificultad para mantener la mirada enfocada y para fijarla en aquella superficie iridiscente, que reflejaba el vaivén de las imágenes que llegaban del exterior y de las sombras de las personas que entraban y salían de la sala. Daba la sensación de que las paredes no eran ni verticales ni planas. 

 Por último, fueron expuestas las fotografías de Rubens Mano, documentando intervenciones a escala urbana que el artista ha venido realizando durante los últimos años. Así como las demás obras de la exposición, las fotografías impresionan por la simplicidad de las proposiciones. Se revelan en ellas sofisticados mecanismos ópticos que nos permiten experimentar un espacio familiar de manera completamente inusitada. 

VALERIA PICCOLI

Rubens Mano, por Valeria Piccoli | artnexus