En el relato de Jorge Luis Borges El jardín de senderos que se bifurcan, Yu Tsun trata de imaginar la creación desconcertante de su bisabuelo: un laberinto en el que todos los hombres se perdieran, y mientras sueña despierto, se siente como un “perceptor abstracto del mundo”. Durante su ensueño, “la tarde era íntima, infinita”. Espacio y tiempo adquieren valores relativos e inherentes con relación a la percepción. La infinitud de la tarde de Yu Tsun puede haber durado un instante; la intimidad se sentía al aire libre. Para sentirse como un “perceptor abstracto del mundo”, el narrador de Borges trasciende su existencia física y su contexto individual. Al igual que Yu Tsun, Rivane Neuenschwander (Belo Horizonte, Brasil, 1967) “olvida” su presencia humana para entrar a una dimensión borgiana de otra realidad, no lejos del laberinto imaginario. En la intimidad de su entorno doméstico, el mundo de “percepción abstracta” de Rivane es aquel de sus especímenes de investigación: el rastro translúcido de una babosa, el movimiento evanescente de una pompa de jabón, la textura de una hormiga muerta o de las semillas secas y las cáscaras de las frutas, la fragilidad de las alas de una avispa y del pellejo del ajo, y las minucias de la desintegración material, que viene a ser lo mismo que el polvo. El tiempo varía de acuerdo con el tempo de cada espécimen, en relación con el espacio que ocupa o delinea o, a veces, simplemente insinúa. Durante el proceso creativo que restituye su importancia, Neuenshwander hace una pausa, estudia e interactúa estrechamente con los especímenes, permitiendo que surjan nuevas percepciones de significados, formas y metáforas.

La exposición en la Galería Camargo Vilaça consistió en 13 obras nuevas, además de una película de cinco minutos, Inventario de pequeñas muertes, y fotografías a todo color de pompas de jabón de la serie Pertenece. No Pertenece, todas de 2000. Estas dos últimas obras fueron ejecutadas en colaboración con el fotógrafo y cinematógrafo Cao Guimarães, esposo de la artista. El piso de la galería, las paredes, los rincones, los pilares y las escaleras fueron sutilmente ocupados por obras instaladas en relación con la arquitectura y empleando el espacio para realzar el diálogo entre ellas. Attachment, una instalación compuesta de cinta adhesiva y pimienta negra, cubre las superficie de dos paredes y mide aproximadamente 250 x 300 cm. Las líneas rectas horizontales de pimienta acumulada entre cada tira de cinta forman composiciones minimalistas. En la obra de Neuenshwander, los materiales orgánicos y el polvo contaminan la pureza de la rejilla minimalista y, cuando se inspecciona más de cerca, crean capas disparejas y rugosas que también afectan la rigidez formal de la geometría y su plana superficie. Neuenshwander habla de lo efímero de la vida material y de la muerte, mientras que el minimalismo niega la realidad física para buscar una verdad más grande y, finalmente, alcanzar una cierta esencia.
Una red de las complejas relaciones que cambian cada día entre las esferas públicas y las domésticas surge en forma de ejemplos metafóricos, y en la cuidadosamente seleccionada distribución espacial de cada elemento: tazones de aluminio esparcidos por el piso de la galería en Continente, y círculos oscuros adyacentes y sobrepuestos, compuestos de goma y tierra en Andando en círculos, se perciben, a primera vista, como la misma obra los “dibujos” circulares parecen ser la huella de la circunferencia de la base de los tazones. Los círculos en el piso rodeados de tierra contrastan con la cualidad casi clínica de los tazones de aluminio, aludiendo a nuestra obsesión contemporánea por la limpieza. Los círculos funcionan también como marcas cartográficas, signos de transición de un “continente” ausente. El concepto de transición geográfica está siempre presente en la obra de Neuenshwander, traducido en cartografías poéticas (temporales y espaciales) de la transformación diaria en las cosas. En Las mitades, suspendidas contra el pilar central de la galería, dos medias naranjas peladas y secas están pegadas. Su frágil vínculo y delicada forma evocan paradójicamente la violencia del corte que ha partido la naranja en dos y, en cierta forma, el objeto es sólo cáscara sin vida. A diferencia de la vacía corteza de la naranja de esta obra, en Doodles (Garabatos), la atracción se centra en el contenido: aquí, jugo y semillas de tomate fueron restregados sobre un plato de porcelana blanca formando un garabato textural de color naranja oscuro. Rivane nos invita a reflexionar sobre la relación entre el espacio interior y el exterior, el círculo y la línea, en forma plana o tridimensional, siempre con relación a la continua transformación de la materia. Al igual que el ser humano, la mayoría de las frutas son principalmente líquido: sin éste, la concha exterior se seca (la naranja), o, sin la concha protectora, el líquido se riega hasta solidificarse (el jugo de tomate). El garabato es también una cartografía del diario olvido automatista, un movimiento circular repetido, como una meditación física.
En la serie Cartas Hambrientas, las babosas fueron dirigidas pacientemente por la artista para que royeran hojas de papel de arroz, que posteriormente enmarcó. Al incorporar la “íntima e infinita” lentitud del paso de sus sujetos, durante el proceso repetido, Rivane se dio cuenta de que las babosas se mueven bajo la sombra, y entonces las guió alrededor de los papeles cuadrados proyectando sombras sobre ellas. El resultado fue una cartografía orgánica dibujada y mordisqueada por la artista y las babosas. En Inventario de pequeñas muertes, una gigante pompa de jabón, filmada en movimiento suspendido al aire libre, es una metáfora de la existencia frágil, en contraste con las espinas naturales de protección, que la harían reventar sin esfuerzo. La fragilidad característica de estas obras está presente en el proceso creativo, la forma, la materia y el contenido y, finalmente, señalan la vulnerabilidad del arte y la vida.
Tiempo y espacio en la “percepción abstracta” de Rivane, de un mundo en constante transformación, ponen al descubierto percepciones sin precedentes de varios tempos y capas de vida (y muerte), y esto ocurre a menudo a través de una práctica relacionada con la repetición zen. Contrario a la estandarización de las líneas de producción, Rivane encuentra la elipsis en la rutina, las olvidadas anomalías de nuestra ordenada existencia. Si los tazones de aluminio y porcelana fabricados industrialmente son perfectamente redondos, las dos mitades de la naranja no cazan precisamente, los círculos de tierra son irregulares, los numerosos puntos de incienso quemados en línea recta a través de las páginas blancas de los libros japoneses de bocetos en Reticencias varían en tamaño y tonalidad. En la repetición siempre hay una diferencia, un nuevo sendero en un laberinto infinito que puede o no conducir a una salida o a un final.
VERÓNICA CORDEIRO
