Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Graciela Kartofel

Osvaldo Romberg

White Box

Bésame mucho: un hipertexto acerca del amor es el título de la video-ópera-instalación que Osvaldo Romberg estrenó en Nueva York. Nacido en Argentina, por ende, es un “ciudadano del mundo” cuyas obras se coleccionan en los museos más dinámicos del presente. Sus otros puntos de anclaje han sido Israel y Estados Unidos; tiene sus estudios en Nueva York y Filadelfia; en esta última desarrolla su actividad académica. Para este artista hipersensible, irascible y cuestionador, ni la técnica ni la tecnología son factores de legitimación de la obra de arte. Sus trabajos juveniles estaban resueltos en estampa; ya entonces estaba convencido de que el trabajo constante y reflexivo incluía afrontar los cortes, giros y cambios cada vez que fuera necesario. El único estilo era y sigue siendo el desestilo y la no repetición. 

Exposición Individual: Osvaldo Romberg — imagen 1
Osvaldo Romberg. Bésame mucho, 2001. Fotografía en blanco y negro. 32,5 x 22 cm.

La producción que se analiza podía suponer un correlato de la historia, su celeridad y sus engaños, su frugal generosidad y sus promesas incumplidas. Sin embargo, Bésame mucho: un hipertexto acerca del amor supera lo real y lo evocado, lo esperable y lo cinematográfico, con escenas de inasible presencia física. Video-ópera-instalación es la descripción de los medios que el artista ataca de base para este sofisticado trabajo creativo. Es una ópera, en tanto ejecuta los elementos del teatro lírico: música, personajes y vocalización de un texto. Aquí, los personajes tienen el rol de ser “imágenes”; el texto es un anti-libreto que no establece la narrativa temática tradicional ni un orden lineal. 

Es instalación en el sentido más amplio y menos ortodoxo del término, y lo rebasa positivamente. Fotografía blanco y negro y digitalizada, los pequeños videos y el video en gran pantalla, la música y los “pasos de la historia” resueltos por medio de pintura clásica fueron concebidos para instalarse frente a estas esculturas de acetato que habitan el espacio de la galería. La calidad, celeridad o desaceleración que imprimiera Osvaldo Romberg a sus metáforas intelectuales no están marcadas en sí por la fotografía y el video, sino por el espíritu siempre cuestionador del autor. Se corrobora que ni la técnica ni la tecnología son legitimadoras de la obra de arte, tampoco inhiben la metáfora, y los metarrelatos impulsan sus propias estéticas siempre a partir del resultado del trabajo del autor. Esa es la situación, no hay excusas. 

Marvin Minsky, cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial en MIT—Massachusetts Institute of Technology —, dice que del origen al destino se dan diferentes “trans-marcos” que conforman la trayectoria de un pensamiento hasta su resolución. Esto, tan adecuado en inteligencia artificial —según nosotros—, es una curvatura fundamental de diversos y ocasionalmente sucesivos trans-marcos en las artes visuales, desde el origen de una obra de arte hasta alcanzar el destino (aquí lo caracterizamos como “destino-logro”). Los “trans-marcos” se perciben en el video, en la composición del collage musical y de las imágenes. Osvaldo Romberg combina los “trans-marcos” —los impulsos generados al preguntarse— con pequeños módulos. De esta manera, la video-ópera-instalación vincula estrechamente los trabajos científicos con la estética. La no materialidad de la transparencia es un recurso de alta estética, refiere el exterminio tanto como la desilusión de esta sociedad consigo misma. Los personajes resueltos en polímeros sintéticos son de tamaños relacionados al natural; están aislados o apareados, fragmentados o completos, en posturas amorosas, copulativas, atentas o tanáticas; lo físico se diluye por doquier. Desde Turner y los impresionistas se ha elaborado que a más luz, mayor desmaterialización de los seres. 

Conocedor profundo de la historia del arte, Osvaldo Romberg manejó en esta ocasión ciertas distintivas penumbras. Como una sugerencia a la sociedad en la que vivimos —que olvidando la espiritualidad aspiraba a cohabitar con robots —, sus muñecos se diluyen en la luz hasta convertirse en transparencia, puro brillo y ausencia orgánica. 

El sentido del título Bésame mucho no debería traducirse aislado a otros idiomas, se podría ejecutar en mímica y sonidos reconocibles (fonemas). Siendo éste un artículo en prensa escrita, la resolución equivale a la de "los cartelitos" en BAM (Brooklyn) o en el Metropolitan Opera House (Nueva York). Bésame mucho suena igual de cursi en inglés como en español; sin embargo, deben haber sido de las primeras verbalizaciones que hayan existido sobre la Tierra. Pero el metarrelato de Romberg supera las técnicas y materiales utilizados e implica que ha creado su propia situación estética que no imita ni reproduce la realidad, son 20 minutos no faltos de sentido del humor y hasta de sarcasmo. Se trasluce el “ser argentino” que necesitaría aparecer también como “ser argentino”. La segunda parte del título, Un hipertexto acerca del amor, podría entenderse como un proceso que transita del tango a Derrida. El título susurra tango y cumple la promesa. Tanto en el acercamiento al tango como al amor no hay abuso de elemento alguno, la música y la secuencia de las imágenes marcan el ritmo. El espectador puede sentarse, deambular, ver la pantalla grande y los “nichos videísticos”. La percepción varía según los movimientos y distancias a cada una de las secciones. Sin ser una sumatoria, las partes y el todo funcionan fuera del marco tradicional, confirmando que todo es una ilusión. 

GRACIELA KARTOFEL

Osvaldo Romberg, por Graciela Kartofel | artnexus