Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Victoria Verlichak

Manuel Esnoz

Dabbah Torrejón Arte Contemporáneo

La belleza y el espanto sostienen las notables pinturas y dibujos de Manuel Esnoz presentadas por Dabbah Torrejón, arte contemporáneo, una nueva y profesional galería instalada hace pocos meses cerca del antiguo Mercado de Abasto, un barrio bien porteño lejos del circuito habitual de galerías. 

Parece un poco exagerado hablar de la trayectoria de una artista que tiene sólo 26 años, pero Esnoz ya completó un sorprendente itinerario y se ganó un lugar en el mapa del arte contemporáneo de Buenos Aires. A los 16 años ganó la Beca Antorchas, que le permitió estudiar con Guillermo Kuitca, y a los 20 realizó su primera muestra individual aquí. Desde entonces ha mostrado anualmente en Buenos Aires y en la Kravets/Wehby Gallery de Nueva York. 

Exposición Individual: Manuel Esnoz — imagen 1
Manuel Esnoz. Donde vive quien me obsesiona, 2000. Óleo sobre tela. 194 x 178 cm.

Muy bien exhibidas, con el espacio necesario y la luz apropiada, las piezas del jovencísimo Esnoz parecieran entreabrir nuevamente la puerta a un mundo no del todo descifrable en donde el espectador es apenas un turista. Estas pinturas estremecen con la misma intensidad con la que, años antes, habían sorprendido por la virulencia de las pasiones que parecían entrecruzarse. Entonces, Esnoz proponía un aparente juego que enlazaba puntos numerados, líneas sin dirección fija, borrones y manchones que daban como resultado imágenes inconclusas, que además de sugerir una fuerte tensión sexual, también aludían a un cierto ocultamiento, distanciamiento. 

 El artista utiliza muy bien el color, las luces y las sombras, los puntos y las líneas, poniendo a prueba la capacidad de asimilación visual del espectador. Las pinturas presentadas en Dabbah Torrejón están construidas mayormente a través de un procedimiento pictórico que incluye cintas pegadas y pintadas, despegadas y vueltas a pintar. Son obras que parecieran reflejar una densa y oscura trama que, tarde o temprano, podría estallar. 

No hay ruido, tampoco pretensión de fidelidad con la llamada realidad en las situaciones, los paisajes y personajes que construye con una paciencia superior. El artista escatima el significado último de sus imágenes. ¿Es indiferencia u horrorizada distancia, frente a una sorda amenaza y/o persistente violencia que parece rondar todas y cada unas de sus obras? ¿Lo siniestro ya ocurrió o es apenas una puesta en escena del terror? 

Según la mirada del espectador, las asociaciones y experiencias que producen las pinturas pueden ser múltiples. Para algunos, las obras de Esnoz son semejantes al resultado de una toma fotográfica ampliada hasta la saturación, en donde el significado, lejos de aclararse, se vuelve más enigmático y lo que cuenta es el puro ejercicio formal que ofrece y, a la vez, oculta cualquier información. 

En este sentido, el filósofo Lucas Fragasso dice en el catálogo de la muestra que “las imágenes de Esnoz exacerban la autorreflexividad de lo pictórico (...)”, “no copian efectos tecnológicos, han incorporado lo tecnológico porque simplemente configuran la sustancialidad de lo visible”.. Es que, ciertamente, muchas de ellas remiten a las ilustraciones construidas digitalmente. El efecto que resulta se asemeja a la descomposición de las figuras y colores en píxeles individuales, para ser contados en un monitor de computadora. 

Esnoz vuelve a utilizar el fragmento y la distracción como estrategias de producción. Todo se ve y se eclipsa al mismo tiempo. Por momentos, se asemejan a videoclips pasados en velocidad, que de este modo subrayan lo que se oculta, para hacerlo florecer. 

El talento del artista parece evidente en esta serie que abriga una esencial ambigüedad interna y una necesaria y sorprendente excelencia formal que, sin embargo, resguarda la intimidad del trabajo que las pinturas le piden al ojo del que mira. 

VICTORIA VERLICHAK

Manuel Esnoz, por Victoria Verlichak | artnexus