Se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de North Miami (MOCA) desde el 15 de diciembre de 2000 hasta el 28 de enero de 2001. Para celebrar el quinto aniversario de su fundación, reunió el trabajo de 22 artistas de la ciudad, bajo la curaduría de Bonnie Clearwater, directora del museo.
Como le revela el título, esta muestra no sólo representa la creación de 22 artistas contemporáneos que viven y trabajan en Miami, sino que los trabajos de dichos artistas directa o indirectamente reflejan aspectos que conforman lo obvio y lo imperceptible de esta ciudad. Sin embargo, no trata en ningún momento de abordar los superfluos símbolos de identidad.
Como es fácil de imaginar, los artistas invaden el espacio del museo con todos los recursos o soportes formales con los cuales se identifica el arte contemporáneo, como fotografía, video y objetos variados que conforman instalaciones, films, dibujos y, por último, pintura.
Es natural que lo que desvía la formalidad o la informalidad de los medios hacia la motivación de la audiencia es la actitud del artista. Estos jóvenes se formaron, como uno de ellos lo manifiesta, observando arte por primera vez a través de los proyectos de Christo en la ciudad. Esto podría explicar su interés en producir obras que no sean expresiones de su inner self, sino concepciones que propicien el disfrute del espectador.

Muchos de ellos también crecieron absorbiendo las monumentales fantasías de Disney World. Otros, nacidos en continentes diferentes como Latinoamérica, aportan, con visión “ilegal“, a la comprensión del nuevo entorno cultural que ahora constituye su territorio.
Es interesante constatar que las referencias inmediatas no son producto del peso de otros artistas, sino también del contacto que se tiene con la cultura de Calvin Klein, con la de los héroes de las tiras cómicas, con el paisaje urbano y sus monumentales autopistas, sus inconcebibles campos de golf, y especialmente el impacto que causan los nuevos templos del entrenamiento, los malls. A esto hay que agregar otra presencia, la de los espacios aéreos y los innumerables recursos técnicos de la industria del cine.
Los artistas de Making Art in Miami son: Hernan Bas, Natalia Benedetti, Robert Chambers, Westen Charles, Cooper, William Córdova, John Espinosa, Naomi Fisher, Robert Flynn, Dara Friedman, Luis Gispert, Adler Guerrier, Mark Handforth, Jason Hedges, Beatriz Monteavaro, Gean Moreno, Jorge Pantoja, Norberto Rodríguez, David Rohn, Eugenia Vargas, Annie Wharton y Elizabeth Withstandley.
En Making Art in Miami la pintura pareciera hacer un papel casi anfitrión. Recibe al espectador, lo introduce al centro de la acción y una vez allí, desaparece. David Rohn, Robert Flynn, Annie Wharton y Gean Moreno son, sin lugar a dudas, artistas con un lenguaje pictórico absolutamente respetable, pero en esta muestra lucen distantes, pasivos y casi afónicos.

Robert Flynn ha encontrado una solución que renueva felizmente el uso tradicional de la pintura, regresándole “el sentido perdido“.
Es un pequeño canto a la naturaleza, justificado a través de un manierismo muy musical; sus pequeños pájaros simulan la superficie de la pintura que una vez agitaron Jackson Pollock y Larry Poon.
Gean Moreno parece pensar demasiado en su audiencia, en cómo alcanzarla o en cómo responderle. Quizás un poquito de su inner self podría completar las intenciones de sus pinturas abstractas. No obstante, su instalación con globos de colores dentro de un espacio privado resultó ser de gran interés para el placer de los niños. Son precisamente ellos los que constituyen la verdadera audiencia en el mundo de la fantasía de los centros de recreación.
Indiscutiblemente, Annie Wharton logra revelar las sutilezas escondidas en la pintura. Su trabajo es el resultado de una inocencia bien dirigida y sistematizada. Sus recursos de repostería le dan al espectador lo que anda buscando.

David Rohn mantiene una extraña distancia con el público. Sus pinturas requieren una atención especial. Su lenguaje, a pesar de ser simbólico, se siente misterioso y nostálgico.
La visión y curaduría de Bonnie Clearwater estuvo basada en el ensayo del escritor italiano Humberto Eco, Travesías en la hiperrealidad. Allí, Eco explica que Disney no solamente produce ilusión, sino que también estimula un deseo por ella. Él teme que, en Norteamérica, la naturaleza artificial corresponda mucho más a lo que demandan nuestros sueños y que, después de experimentar este ápice de perfección, la realidad siempre parecerá imperfecta.
En su texto, Bonnie Clearwater afirma: "Para la mayoría de los artistas incluidos en esta exposición, las construcciones hiperrealistas del sur de la Florida constituyen el ambiente auténtico de la región; Disney World, Vizcaya y las piscinas vecinas son tan reales como lo son las antiguas ruinas romanas. El verdadero enfoque aquí no es la crítica a los simulacros de la sociedad americana sino algo más delicado: cómo la fantasía de la región ha influenciado profundamente a estos artistas así como su comportamiento en torno al arte".
La selección de los artistas que presenta Bonnie Clearwater tiene una visión muy optimista de la realidad, quizás el mismo optimismo que proyecta esta ciudad. Pero en ese optimismo puede ser muy relativo. En una reciente visita que hice a “Celebration», una villa perfectamente diseñada para residentes de Disney World, comprobé que sus residentes y sus visitantes están rodeados de la más exagerada muestra de simulacros y confort, como casas victorianas de siglos pasados recién construidas, nieve artificial, lagunas apacibles, avenidas con ambiente musical, etc. Sus habitantes reflejan una sensación de inexpresividad; nadie parecía ni triste, ni alegre, sino simplemente marcado por un nuevo estado mental: una aburrida felicidad.

Aunque el resultado de la muestra de MOCA no es festivo, se siente el impacto de una energía estimulante. Pareciera que los problemas de la creatividad han sido asumidos con gran desprendimiento por sus artistas.
Entre ellos podría destacar la sorprendente y poética visión que revela Natalia Benedetti: el paisaje aéreo convertido en objeto de contemplación a través de la ventanilla de un avión. Un imperceptible readymade. La última consecuencia del vacío: ese espacio inventado en el arte por Yves Klein. Su video-ventanilla registra las nubes que normalmente se observan cada vez que se viaja en avión, en este caso para descender sobre la ciudad de Miami. Son asombrosos los cambios de percepción que van ocurriendo en la historia. Lo que una vez fueron pequeños orificios en la obra de Duchamp, para mirar con sutil morbosidad y encanto el desnudo de una mujer, ahora son ventanas que nos pasean sobre el infinito, por el espacio de un país a otro.
Naomi Fisher presenta, a través de sofisticadas fotografías, la liberación de un erotismo reprimido de insinuaciones atrevidas que necesitan la complicidad o la protección o la protección de la selva tropical; un mundo sin ley, para una mayor fantasía.
Algo que caracteriza al artista latinoamericano ha sido su afán por buscar explicar el universo y sus componentes en función del hombre. Es hacia esa dirección que va el pensamiento en la obra de Jorge Pantoja. Sus dibujos son pequeñas anotaciones que registran una nueva antropología; esta especie de diario gráfico parece ser el ápice tanto de su lenguaje como de su entorno social.
William Córdova también considera el dibujo como un medio poderoso. El horizonte de sus pequeños objetos domésticos afirman un espacio contundente, producto de un minimalismo existencial; la matriz para un nuevo manierismo, basado en un inventario de una travesía personal.
Hernan Bas, quizás el menos pintor de todos, les da otro sentido a los problemas elementales de forma, textura y color, a través del uso del elixir adelgazante slim-Fast, que actúa como el color carne, de textura arenosa, y que, por su olor, nos convence de su sana artificialidad y hasta nos regresa, incluso, a recordar los frescos de la antigüedad.
Westen Charles recupera la tradición anglosajona de trabajar la carpintería e inventar o reparar viejos objetos. Su interés por convertir unas viejas bolas de bolos en cubos y destruir sus formas esféricas lo hacen ver como un nuevo minimalista vernáculo.
Eugenia Vargas instala un monumento al entretenimiento, que al mismo tiempo podría ser una trampa para reconciliarse con la muerte. Una máquina para hacer burbujas de jabón da vida y regocijo a un espacio en el que, si entra el visitante, resultaría gravemente herido. Hay resonancias cinematográficas y cinéticas flotando en la gravedad de su obra.
Las fotografías de Elizabeth Withstandley contienen una gran dosis de humor. Hacen alusión al cine mudo, donde las tortas volaban continuamente de un rostro a otro. No obstante, los rostros de sus modelos soportan la patética humillación a la cual somete cotidianamente la existencia humana.
Making Art in Miami aparentemente es una muestra que muestra una Miami simpática y acogedora, y como lo refleja el trabajo de Dara Friedman, también es plenamente sórdida.
EUGENIO ESPINOZA

