Como la Galería Kurimanzutto no tiene un espacio de exhibición propio, para la presente exposición, Jonathan Hernández abrió la casa de sus galeristas al público. Desde el vestíbulo hasta la intimidad de la alcoba, cada parte de la casa quedó envuelta en su narrativa, fue rehabitada por sus piezas, que ofrecen una muy personal visión acerca del amor.
La búsqueda del placer, s'il vous plait, nos ata a un espesor de idealizaciones que la cultura ha generado en torno del amor, fantasías de novela, de pantalla o de escenario, muy diferentes de lo que sucede bajo las sábanas. El amor siempre tiene un dejo amargo, un sabor con desazón, tras las dulces mieles del amor, se esconde un aguijón. Ese aguijón es impulso vital, nos incita a salir de lo placentero, que es fascinación de superficie y que siempre esconde una pequeña muerte. Dicho antagonismo es uno de los motores de la presente exposición, marca su dinámica y su ritmo.

S. V. P. es una exposición redonda y a la vez llena de intersecciones y referencias, para completar su lectura es necesario cruzar varios niveles de desciframiento. Fotos, video, música, textos, citas al arte contemporáneo y bromas privadas ponen en marcha el discurso de Hernández, como respuesta a la voluminosa información cotidiana que le llega a través de los medios de comunicación. Con humor entre cándido e irónico, con una aproximación tanto analítica como emocional, este conjunto de trabajos forman una articulación, un mecanismo que no puede prescindir de ninguna de sus partes, aunque éstas puedan funcionar individualmente.
El vestíbulo
Tocamos a la puerta de un departamento en los apacibles edificios Condesa, ciudad de México, y somos invitados a pasar a la interioridad de un hogar, el espacio privado de un matrimonio: José Kuri y Mónica Manzutto. La exposición inicia como si abriéramos una revista de moda; en la portada, Leititia Casta, la modelo francesa del año, el ícono de la belleza mediatizada, un rostro tan seductor como inalcanzable. La incitación permanente a la sexualidad y a la vez la sugestión de un deseo que sólo se realiza comprando productos hacen flotar nuestras expectativas amorosas hasta convertirlas en carnada subliminal, vivimos en un mundo de reflejos y proyecciones espectaculares, y revistas saturadas de color.
En otra pared, se exhiben tres secuencias fotográficas. Una de ellas da cuenta de las exploraciones cinéticas del artista, de su relación con las imágenes callejeras, lo que consume visualmente al andar, cuestión de perspectiva. En una estación de metro, unos inmensos pechos femeninos, encerrados en un brasier de marca conocida, se meten por los vagones del tren como si una enorme “Gulliver” irrumpiera en la tierra de los enanos. La pornografía publicitaria desata el deseo de la piel y lo amarra al producto, a la tela. Hoy en día padecemos un secuestro de las energías libidinales y eróticas, éstas son una moneda de cambio para el funcionamiento de las asociaciones humanas.
La recámara
En este espacio de intimidad por excelencia se proyecta el video T. Q. M (XOXO).; la cama es convertida en butaca. Usando de fondo una improvisación musical interpretada por Gabriel Orozco en su proyecto Clinton is Innocent, Hernández crea un videoclip compuesto de planos cerrados donde José y Mónica se exhiben, en una sucesión de gestos llenos de connotaciones sensuales, mientras realizan su trabajo de galeristas. Se sienten en las nubes, entre las olas, soñados, en plena realización profesional y felicidad marital; sin embargo, es una apariencia tan perfecta, que no puede tratarse sino de una mascarada, de encubrir un secreto.
En el final del video, el ritmo hipnótico de las olas y las nubes se retrae al vacío y un surfer cae, como quien se cae de la cama y despierta de un sueño. Tras las imágenes de la pareja feliz, de la galería próspera, Hernández sugiere que hay algo no dicho, comete una indiscreción, exhibe a sus galeristas, que se prestan al juego, y a la vez se exhibe a sí mismo, crítica las políticas internas de la galería, preguntándose: ¿Quién dicta el ritmo?, ¿hasta dónde está metido Orozco dentro de este proyecto?, Is Clinton Innocent?
La sala
¿Cómo irrumpen, en la esfera del amor, el desencuentro, el dolor y la infidelidad? Una serie de pares fotográficos muestran el reporte de un espía aficionado, Hernández, quien retrató la entrada y la salida de amantes motorizados en moteles de dudosa reputación, en pos de un amor a escondidas. Si el espacio donde se presenta el video T. Q. M, un espacio privado, la alcoba de un matrimonio, se vuelve público, en estas series, Hernández explora un espacio que, siendo público, encubre una privacidad ilícita. El cambio de la luz, entre el coche que entra y el coche que sale, delata horas de placeres que no vimos.
Para continuar con la mirada del espionaje, Hernández toma un programa de televisión, en el cual una mujer que engaña a su marido es seguida por un espía que no vemos, sólo oímos su tararear (sonido incorporado por el artista) repitiendo desafinadamente la tonada de una canción de John Lennon. En los créditos se puede escuchar la canción completa, el viciado dubitar, dulce y amargo, del celoso: I’m just a jealous guy!
El dinero, el sexo, la indiscreción, el escándalo y el morbo colectivo han hecho del amor un negocio que se resuelve, a veces, hasta en un juicio legal. Un recorte de periódico con la fotografía de Monica Lewinsky, en otra pared de esta estancia, retoma el caso Clinton, ícono de la infidelidad, otra vez como metáfora de las tensiones internas de la galería, lo turbio tras las apariencias, lo íntimo públicamente exhibido.
Hernández preparó una carpeta de lecturas para completar su propuesta. Cómodamente te puedes sentar en la sala Kurimanzutto a leer, por ejemplo, a Andy Warhol comentando lacónicamente que la mejor historia de amor es la de una pareja de pajaritos enjaulados, y que el deseo más excitante es el que no se realiza. Además, la exposición incluye un collage de canciones pop grabadas en CD, que se escucha en la sala; estas canciones nos llevan de viaje por las más variadas sensaciones que produce el amor: misterio, pasión, engaño, seducción, catarsis, vacío. El diseño gráfico de la caja del CD hace referencia a la eyaculación que envió Duchamp a su amante brasileña. Detrás de toda la parafernalia social y artística del amor hay un chisguete de semen, orgasmo, satisfacción fisiológica, apareamiento, reproducción; todo lo demás son ilusiones, fantasías que nos hacen sufrir.
El comedor
Para finalizar el recorrido, la misma modelo francesa nos recibe en el comedor, pero esta vez con un gesto de desagrado, como si saboreara algo descompuesto, y la frase Heaven Knows I’m Miserable Now (El cielo sabe que soy miserable en este momento), título de una canción de The Smiths incluida en el CD y reproducida en letras hechas de espejo, nos devuelve una imagen de nosotros mismos: el fondo incompartible de nuestras más hondas insatisfacciones.
ITALA SCHMELZ
