El centenario de Ismael Nery (1900-1934) fue recordado el año pasado con una exposición retrospectiva realizada en el Centro Cultural del Banco del Brasil, en Río de Janeiro, y en el Museo de Arte Brasileño, en São Paulo. Esta muestra, exhibida en las dos principales ciudades del Brasil, puso en evidencia la importancia de su obra y su singularidad en el arte brasileño del siglo XX.
El legado de este artista fue singular, por el perfil de su obra. Esta enfoca principalmente el ser humano, sus procesos de subjetividad permanentemente trabajados, trascendiendo los límites del tiempo en que vivió. La obra de Nery revela plena actualidad, expresando los dramas y conflictos aún presentes en nuestros días.
En el momento en que gana fuerza el reconocimiento de la multidisciplinariedad en el estudio del arte, es importante destacar que el trabajo de Ismael Nery se enriquece a la luz de la interpretación psicoanalítica. La explicación del proceso de simbolización con las tesis de Freud y de Jung permite reorientar la dimensión de su legado a la cultura brasileña.
En el contexto de la modernización artística ocurrida en Brasil1 a partir de la década de 1920, teniendo como primer escenario la ciudad de São Paulo y luego también Río de Janeiro, Ismael Nery fue unos de los que abrió el diálogo con las vanguardias artísticas, absorbiendo formalmente elementos del expresionismo, del cubismo, de la metafísica y del surrealismo. Su obra, al lado del fuerte contenido humano, no incorpora en su proyecto estético la cuestión de la identidad cultural, llave del debate modernista del momento, en el Brasil. Esto alude a que el artista pueda haber sido visto como “el único pintor de vanguardia” en Río de Janeiro en la década de 19202.

Ismael Nery, en sus 33 años de vida (murió siete meses antes de completar 34 años), dejó una obra densa y cohesionada. Dibujante y pintor, fue también poeta y filósofo, creando en su praxis estética una teoría que llamó esencialismo. Realizó además diseño de modas, proyectos de arquitectura y escenografías para teatro. Cuentan los amigos que convivieron con él, que tenía una personalidad fascinante, atrayendo un grupo de intelectuales a su alrededor, como el poeta Murilo Mendes, el pintor Guignard y los críticos Antonio Bento y Mário Pedrosa, entre otros.
En su corta vida, no vendió ninguna obra y realizó pocas exposiciones. Su obra fue puesta en evidencia a partir de 1965, cuando cinco trabajos suyos integraron la exposición Surrealismo y arte fantástico en la Bienal de São Paulo. Poco después, se llevó a cabo una muestra en la Petite Galerie de Río de Janeiro. A partir de ahí, fue haciéndose uno de los más valorizados en el mercado del arte en el país y ganó reconocimiento como uno de los más importantes artistas brasileños volcados hacia la vanguardia. Cerca de dos años atrás, una obra de Ismael Nery alcanzó la suma de US$220.000 en subasta realizada en Río de Janeiro.
Denise Mattar, la curadora de la exposición del centenario, en Rio y en São Paulo, reunió 100 trabajos del artista, entre ellos 43 óleos: ¡casi la mitad de lo que pintó en su corta vida! Hace dieciséis años no se llevaba a cabo una muestra de Ismael Nery en Brasil, y como todas las obras proceden de colecciones particulares, se le proporcionó al público la rara oportunidad de entrar en contacto con la producción del artista.
La curadora afirma que Ismael Nery fue un hombre enigmático y que su personalidad no se puede disociar de su obra. Además señala que Nery no encaraba el arte como oficio, sino como una forma de expresar ideas; y se diferenciaba de la realidad intelectual de la época. Era un ferviente católico en un momento en que la intelectualidad adoptaba posturas izquierdistas. Buscaba un lenguaje internacional cuando el movimiento modernista brasileño trabajaba cuestiones de identidad cultural. Fue un personaje misterioso en el escenario artístico del Brasil y, según la curadora, su muerte prematura lo transformó en un mito. Este hecho la llevó a titular la muestra Ismael Nery: 100 años. La poética de un mito.

En la perspectiva latinoamericana, puede pensarse que esa dimensión mítica es más o menos semejante a la de Frida Kahlo en el contexto mexicano.
La posición de Nery es, sin lugar a dudas, singular en el arte brasileño. Ninguna otra personalidad artística del modernismo brasileño cultivó en su proyecto estético esa aproximación entre la renovación artística y el misticismo, una vertiente bastante presente en las vanguardias europeas. En relación con América Latina, bajo esa óptica, Nery debe ser estudiado comparativamente con Xul Solar y Torres-García.
El artista brasileño desarrolló una filosofía a la cual llamó esencialismo3, según la cual "el hombre nada hace que no tenga al menos el gran valor de una experiencia. El hombre esencialista es… el hombre que habiendo agotado las experiencias que la vida ofrece, procura extraer una filosofía fundada en los resultados de sus selecciones. La vida es para el esencialista una construcción que se inicia con el nacimiento y se finaliza con la muerte. Todo hombre posee un coeficiente de energía y de tiempo determinado que no podrá ser desperdiciado sin alguna pérdida final. Es por esto que debemos dar la mayor eficiencia posible a las acciones de nuestras vidas. El esencialismo llegó a la conclusión de que la vida no es otra cosa sino una proveedora de elementos constructivos y se nos presenta sin ningún carácter de pesimismo o de optimismo, siendo sus reacciones siempre proporcionales a nuestras acciones, indestructible el equilibrio de la vida...Deseamos una sabiduría armónica".
Su pensamiento presenta una fundamentación de orden teológico, al mismo tiempo en que aparecen ideas marcadas por la izquierda socialista. Tiene lugar en él una posibilidad de compatibilizar el catolicismo con el pensamiento marxista, semejante a la que vemos en otro nombre importante de la realidad intelectual latinoamericana: José Carlos Mariátegui.

Formación y contacto con lenguajes de vanguardia
Sobre su formación, vale la pena destacar que estudió en la Escuela de Bellas Artes de Río de Janeiro, y en 1920 viajó a Francia; allí estudió en la Académie Julian de París. En este período, sin embargo, debe haber tenido acceso a los lenguajes de los movimientos renovadores, pues es a partir de ese momento que su obra presenta algunos trazos expresionistas y cubistas. Se observa también, al comienzo de su carrera, diseños fuertemente marcados por el art-déco. En 1927 viaja de nuevo a Francia donde conoce a Chagall y André Breton, entre otras personalidades del medio cultural. Le impresiona la obra del citado pintor y este impacto marcará su obra. El artista asimila aspectos del surrealismo.
Por esta razón, en Brasil llegó a ser considerado por mucho tiempo como el único de los artistas de la modernidad surrealista.
A pesar de haber utilizado él mismo la designación de surrealista para algunos trabajos suyos —llamó Composición surrealista a dos de sus trabajos, uno de 1928 y otro de 1929—, se percibe en su obra una fuerte densidad simbólica, proveniente ciertamente de las tesis filosóficas con las cuales está lidiando. La temática del surrealismo como sueño está ausente de su obra. Hay, sin embargo, una dimensión metafísica que en algunos momentos lo acerca a un De Chirico, por ejemplo.

Frente al conjunto representativo de obras que reunió la muestra de su centenario, la estética de Nery puede ser percibida con una mayor complejidad, estando fuertemente imbricadas en su obra, tanto las informaciones estéticas como las éticas (su teología, su filosofía esencialista).
Por otro lado, el montaje de la exposición, donde las obras fueron colocadas al lado de fragmentos de poemas, mostró claramente que, habiéndose dedicado también a la poesía en los últimos dos años de su vida, ambos contextos deben ser estudiados en su interrelación. Su proceso de creación puede ser mejor comprendido observando comparativamente los dos campos de su poética.

El ser humano como tema central
El tema central de la obra de Nery es el ser humano. Un ser humano donde el yo y el otro se confunden, el yo masculino y el yo femenino se sobreponen. Cuando su obra absorbe elementos estéticos del expresionismo, del cubismo, de la metafísica y del surrealismo, ese contenido clave de su obra no se altera.
Ya en 1928 el crítico brasileño Mário de Andrade4 consideraba al artista como un creador que “vive casi una obsesión mística, preocupado con la realización de un tipo humano ideal”. Y observa que frente a sus cuadros se “tiene la impresión de que los problemas enunciados en unos son desarrollados en otros y concluyen en otros”. Para este crítico, la búsqueda de un tipo ideal representativo del ser humano lo hermana a investigadores como Modigliani.
Otro crítico, Mário Pedros5, recordaba más tarde que Nery acostumbraba decir que el cuerpo era la forma, el molde del alma. De ahí proviene el carácter sagrado que para él tenía el cuerpo.
Tanto un crítico como el otro conocían las teorías psicoanalíticas, y en su interpretación parece estar implícita tal dimensión. Para Mário de Andrade, el arte tiene la capacidad de exorcizar todos los problemas interiores vivenciados por el hombre. Cuando crea, el artista expresa lo que el inconsciente grita, naciendo de ahí el impulso lírico. Admite la catarsis que el arte provee al artista. Pedrosa, más vinculado a las tesis de la psicología de la forma, entendía que las tensiones emocionales y los avatares del inconsciente del artista se expresaban en su intuición creadora.
La cuestión humana traducida en la problemática del yo y del otro, presente en muchos aspectos de la obra de Nery, puede ser comprendida a través de la interpretación psicoanalítica. En muchas de las obras de Ismael Nery aparecen dos figuras, una sobreponiéndose a la otra, sugiriendo los elementos masculino y femenino en interacción (o tensión) en la personalidad del individuo (Figura, Rostros surrealistas).

El autorretrato es igualmente un tema trabajado por el artista, que muestra las facetas de su personalidad. Como observó el crítico Affonso Romano de Sant’Anna, el autorretrato es “pintura en primera persona, la máscara del autor” (Autorretrato-Torero, Hombre cubista). Los autorretratos no son simples, hay un síntoma interesante que puede ser observado psicoanalíticamente: el artista, hombre, se pinta también femeninamente en algunos lienzos. Hay un yo masculino y un yo femenino, hay un par original que aparece en la mayor parte de sus composiciones.
El psicoanalista y coleccionista de arte Chaim José Hamer6 afirma que al ir adquiriendo contacto con la obra de Nery, pudo ver en una parte significativa de ella a un “Freud artista plástico”, queriendo decir con esto que vio,delante de sí, "filogénesis, ontogénesis, figura combinada, desarrollo fetal, trauma de nacimiento, narcisismo, depresión, complejo de Edipo, instinto de vida, instinto de muerte, entre otros puntos de tensión emocional".
En la exposición retrospectiva se encontraba un trabajo titulado Trauma de nacimiento, donde una cabeza de adulto se posa sobre los huesos de la pelvis de una mujer y una mano agarra el cordón umbilical. La cabeza es de un hombre y los ojos de su rostro no poseen iris. Es como si el hombre mirase hacia adentro, hacia el pasado, observa el psicoanalista, y cita un fragmento de un poema del artista para retomar la cuestión del nacimiento:
"Para mí yo todavía no he acabado de nacer.Tengo manos pequeñitas o que todavía no nacieron. Debo ser parido en pedazos por todas las madres del universo, desde Eva hasta la última mujer".
Un tema presente tanto en la plástica como en la poesía es también el amor, visto a partir de la óptica del erotismo el desnudo es tema frecuente en su obra plástica—, de la complementariedad, de la génesis del ser humano (Figura, Deseo de amor, Pareja).
La muerte es otro tema frecuente en la plástica y en la poesía. El artista, desde los 15 años de edad, tenía la premonición de que moriría a los 33, como, de hecho, ocurrió.
La acuarela Muerte de Ismael Nery es visionaria. El hombre muerto yace sobre una casa, en medio del paisaje de Río de Janeiro. El dibujo Vida y muerte retoma esta problemática: el rostro (¿autorretrato?) tiene una de sus mitades representada como calavera y, de nuevo, un ojo petrificado se destaca en la fisonomía.
NOTAS
1. La modernización comenzó con la llamada Semana de Arte Moderno en 1922, cuando se proclama la ruptura con el arte académico, la necesidad de actualización estética y de libertad de búsqueda.
2. Antonio Bento, Dimensões da Arte, Rio, MEC, Serviço de Documentação, 1964.
3. En Murilo Mendes, Poema Post-esencialista. Publicado en A Ordem, abril de 1965 y en el catálogo de la exposición Ismael Nery- 100 Años, A Poética de Um Mito, p. 83.
4. “Ismael Nery”, Diário Nacional, São Paulo, 10/04/1928.
5. “Ismael Nery: um encontro na geração”, Correio da Manhã, Río de Janeiro, 4/12/1966.
6. Ismael Nery e a Psicanálise. En el catálogo de la muestra ya citado, p. 67.
LISBETH REBOLLO GONÇALVES
Profesora de la Universidad de São Paulo, Brasil.
Miembro de la AICA y Presidente de la
Asociación Brasileña de Críticos de Arte.

