Desviándose ligeramente de su línea habitual —obra contemporánea casi siempre bidimensional— la galería Soledad Lorenzo se ha aventurado a presentar dos instalaciones de gran formato y alta complejidad técnica de Iñigo Manglano -Ovalle, junto con una pequeña serie de fotografías, mucho más comercializables, que se derivan de estos y otros trabajos del artista.
Las dos instalaciones parecen partir, tanto física como conceptualmente, del tema de la suspensión. Ambas son construcciones en las que las pantallas traseras, los circuitos de audio y las estructuras metálicas que las conforman cuelgan del techo: nada se encuentra fijado, de ahí que a pesar de su complejidad sugieran una particular sensación de ligereza. Pero esta suspensión no se limita al aspecto físico y constructivo de las piezas; al contrario, ambas parecen proponer también un discurso sobre la modernidad, lo estético y lo político, que no termina de resolverse.

En Climate (2000) nos topamos con tres pantallas contenidas dentro de un enorme armazón de aluminio que cumple la doble función de circunscribir el espacio de la obra y de evitar —aunque esto es más bien una sensación— que el espectador la traspase. En estas enormes telas puede verse simultáneamente una serie de close-ups que involucran a un grupo de personajes que parecen espías o guardaespaldas (en el catálogo, nos enteramos de que se trata de “vigilantes” que especulan sobre la influencia de los cambios climáticos en los movimientos de la bolsa mundial), a una mujer en espera de algo, y unas manos que arman y desarman incesantemente una pistola. La música que ambienta la instalación es lo suficientemente anodina como para olvidarla pronto, pero sobre todo mantiene el ritmo lento y monótono de las imágenes en los videos (de vez en cuando aparece una toma del cielo que presuntamente los agentes vigilan). No se trata pues de videos de acción, e indudablemente nos exigen una atención poco usual en estos medios. Puede que el elemento central de esta pieza sea el audio que mezcla con la música un conjunto de voces en off en inglés y coreano, entre otras, y que, paralelamente al catálogo, el escenario futurista que la instalación propone: un mundo sin fronteras dirigido por los weather-watchers y en el que todo especialmente la información y el beneficio económico— es “ para todos y al mismo tiempo”.
En el caso de FM (0169275275S 2000), el aspecto hipnótico que tira del espectador con mejores resultados está dado por la combinación de la música lenta y minimalista, con los cadenciosos y rítmicos movimientos de una cámara que casi rodea la casa de cristal de Mies Van der Rohe, dentro de la que, además del mobiliario modernista, puede verse a una mujer de pie, vestida de blanco, con los audífonos puestos y que al tiempo que escucha (¿un reporte del clima?) mira apaciblemente el jardín que la rodea, pero del que la separan los implacables cristales de la imponente construcción.
La instalación de ambas piezas es limpísima, y ello a pesar de su complejidad técnica, al grado que aparecen incluso frías, y en efecto parecen no dar mucho juego al espectador que no está familiarizado con la obra de Manglano-Ovalle o que no le ha dado un vistazo al catálogo. Y se trata, en todo caso, de una frialdad que difícilmente nos deja impávidos: la inminente presencia física de las estructuras de acero que casi parecen no estar ahí dirige, sin embargo, nuestro recorrido. La música, especialmente la de FM, nos hace casi imposible abandonar la habitación en la que se siente una calma poco común —incluso el día de la inauguración—; la curiosidad por ver lo que los vigilantes ven nos atrapa. Es en este sentido que cuesta trabajo resolver el sentido de la pieza: ¿se trata de una obra conceptual o esteticista? ¿Es una crítica a la modernidad o un regodeo en la tecnología y los gadgets del mundo contemporáneo? En todo caso, la respuesta parece balancearse entre ambos polos. Manglano-Ovalle nos invita a hacer una reflexión conceptual, pero sin por ello salvarnos de implicarnos con el cuerpo —incluso, en tanto cuerpo político y sensible—, en las obras que nos presenta.
ISSA MARÍA BENÍTEZ DUEÑAS
