O Casamento de Ernesto Neto es más que una simple exposición. Se trata de la creación de un ambiente en el cual el artista celebra y concreta el matrimonio en el que se unió a Lili y también a Lito, el hijo ya presente en el vientre materno. Las obras ahora expuestas en el Museu de Arte Moderna de Rio de Janeiro son a la vez los testigos y vestigios de ese acto y de ese momento. En cada una de estas obras, esculturas-instalaciones para aprehender con los ojos y rellenar con el cuerpo, Neto reafirma su interés en los intersticios, en las regiones de contacto, en las deformaciones resultantes del encuentro entre dos cuerpos o dos superficies.

Descaminhos de Lili (Los caminos de Lili) es un túnel, hecho de la misma tela casi blanca con la que Neto construye sus Naves y esculturas. Por él caminó Lili, recorriendo todas las bifucaciones hasta encontrar su ramo de flores, en la noche de la ceremonia. Ahora, al seguir los que fueron sus pasos y perfilarnos descalzos por una de las estrechas grietas que dan acceso a este túnel-puente, sentimos claramente cómo el movimiento de nuestros brazos en busca de equilibrio ensancha el camino y cómo nuestro peso lo hace asentar en el suelo. Al recorrerlo, la costura inferior que cierra este sólido maleable nos puede servir de guía, funcionando como una cuerda floja a la que hacemos venir a tierra, paso a paso, sin anular el vértigo.
Útero capela (Útero capilla) es otra de las esculturas habitables de Neto, en la cual se unieron los novios. Viéndola desde afuera se presenta como un sólido orgánico y al entrar en ella tenemos una visión diluida del espacio que no le pertenece: el museo poblado por las demás obras, el video proyectado en la pared con el registro de la performance-ceremonia y el paisaje externo que entra por el ventanal. Se trata de una visión que nos llega a través de la película casi transparente que constituye y delimita este hábitat como una membrana. Útero capela propone un espacio que es al mismo tiempo interno y externo, y no lo hace sólo por la permeabilidad y la transparencia de la helanca: las dos realidades espaciales se intercalan en las curvas que traen al centro de este ambiente diáfano invaginaciones del espacio ex-terior, como paréntesis o placentas que permitieran insertar adentro algo del afuera; como una botella de Klein que, por la coincidencia del fondo con el gollete, transforma interior y exterior en un espacio continuo.
En Corpos corpos corpos (Cuerpos cuerpos cuerpos) Neto construye un enorme colchón colectivo, en el cual se recostó Lili al final de la ceremonia, en un momento de la performance que alude a una diosa de la fertilidad. El relieve de este sólido extenso se amolda sumándose al de los cuerpos recostados. En este caso, las transformaciones que imprimimos en la materia son más durables que las que ocurren mientras caminamos por Descaminhos. No vuelve la obra a su estado inicial cuando logramos separarnos de ella, desincrustarnos; al contrario, justamente a partir de nuestra ausencia, el molde de nuestro cuerpo se hace conocer, en la posición en que fuimos acogidos. Y el lecho no se librará de esta impronta hasta que un nuevo peso lo habite, como una bañera de Arquímedes con memoria.
Esa misma obsesión por los límites, los contornos y las fronteras, ese interés en la maleabilidad y la permeabilidad de los materiales, los espacios y los cuerpos, se pueden encontrar reflejados en la actitud del artista al transformar su casamiento en performance y en exposición. Esta actitud de Neto amplía la superficie de contacto entre el museo y otras instituciones, entre performance y ritual, entre imaginario y realidad; estirando hasta el mayor punto de tensión la tenue membrana que separa a la vida cotidiana de la obra de arte.
La unión matrimonial, al aglutinar a dos individuos en una pareja, también avecina los cuerpos hasta que pierdan sus contornos rígidos, en un comportamiento similar al que presentan las obras de Neto, que engarzan al cuerpo, lo guian, lo abrigan. Obras por las cuales caminamos y con las cuales nos confundimos al moldearlas con posiciones y pasos cuidadosos que ellas mismas determinan.
No hay duda de que la fecundación es el momento síntesis de esa
aproximación hasta la fusión de los cuerpos, los fluidos, los genes. Si una pareja
no es la suma de dos individuos, sino la resultante de las vocadas
por el encuentro, tal vez sea en las combinaciones de genes que originan el ADN de un hijo donde la idea de resultante, tan cara a Neto, más se puede ver concretada (el propio nombre de Lito resulta de la fusión de los nombres Lili y Neto). Y seguramente el período de gestación es el momento durable en que la interpenetrabilidad entre dos cuerpos llega al límite; uniéndolos en una totalidad inseparable, en un ente único, expandido, ensanchado y con algo del afuera en el adentro.
CARLA ZACCAGNINI
