Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Berin Golonu

Einar y Jamex de la Torre

Intersection for the Arts

El problema mexicano es un título polémico para una exposición polémica. Tanto el título como la obra expuesta tenían la intención de pullar al público, poner de cabeza la corrección política, ser ofensivos, si era necesario, sólo para hacer que la gente pensara acerca de algunos de los complejos asuntos concernientes a las relaciones méxicanoestadounidenses. La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuál es el problema mexicano? Desde la perspectiva de los Estados Unidos, podría referirse a la afluencia de inmigrantes mexicanos ilegales a California y Texas, y desde la perspectiva mexicana, podría estar relacionado con el colonialismo cultural impuesto sobre sus ciudadanos por los medios de comunicación estadounidenses. O, desde una perspectiva puramente económica, podría tener que ver con el NAFTA (Tratado de Libre Comercio) y la controversia que lo rodea desde sus comienzos. 

Exposición Individual: Einar y Jamex de la Torre — imagen 1
Einar y Jamex de La Torre. El Problema mexicano, 2000. Detalle de la instalación con vidrio soplado, piel falsa y técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Einar de La Torre.

Para Jamex y Einar de La Torre, dos hermanos que trabajan en colaboración sus instalaciones de esculturas, se refiere a las difíciles dualidades que existen en los pueblos limítrofes; en este caso, la región de San Diego/Tijuana. Los hermanos dividen su tiempo entre su hogar en Ensenada, México, y su estudio en San Diego. Esta experiencia de vivir en ambos lados de la frontera ha tenido una influencia significativa en su obra, y el tema principal de El problema mexicano fue el inevitable choque cultural que surge de la estrecha proximidad entre México y los Estados Unidos. Sin embargo, aunque estas dos naciones –y sus respectivas ciudades, San Diego y Tijuana mantienen dramáticos contrastes, necesariamente ejercen una profunda influencia socioeconómica mutua. Las culturas híbridas resultantes que han surgido dentro de estas áreas de “en medio” son a menudo maravillosamente inventivas, aunque oximorónicas, y los hermanos De La Torre critican dichas culturas con ingenio e ironía apropiados. 

 Trabajando con el método rasquache, que se refiere al proceso de hacer algo con desechos y materiales encontrados, los hermanos han socavado sus marcos inmediatos, logrando una parafernalia kitsch que combinan con exquisitas piezas de vidrio soplado a mano en exageradas instalaciones neobarrocas. Su obra abarca simultáneamente una estridente estética populista mexicana, así como la burda comercialización de la vida americana, y el ansia que de ella tienen los mexicanos. La adquisición de bienes materiales, expresada aquí en forma de una frenética acumulación de televisores y antenas parabólicas, viene a representar un Tercer Mundo con anhelos de alcanzar el sueño americano. 

Pero los De La Torre tuvieron cuidado de no imponer sus propios códigos de gusto sobre la vena populista ejemplificada aquí. El término rasquache también puede significar un desprecio por el sistema de la clase privilegiada que determina “el buen gusto”. Los artistas, de manera resuelta, subvierten cualquier paradigma elitista que mantenga las bellas artes por encima del ámbito de la cultura popular, degradando cualesquier y todo tema que caiga bajo su escrutinio (el de los artistas). Nada es demasiado sagrado como para no ser tratado con iguales dosis de irreverencia y kitsch: coloridas vulvas de vidrio soplado que tienen la forma de la imagen de la Virgen de Guadalupe cubrían una de las paredes de esta instalación del tamaño de un cuarto; efigies de Jesús hechas de yeso y pintadas con aerosol verde, para semejar bombarderos estadounidenses, vuelan hacia las vulvas representando un asalto militar con objetivo seleccionado; figuras de la mitología azteca son trivializadas, comercializadas, convertidas en logotipos para venta de productos masivos, como en el caso de una cabeza olmeca que decoraba una antena parabólica de la popular estación TV Azteca. 

El problema mexicano presentó una serie de deslumbrantes escenarios en los cuales héroes mitológicos interactuaban con líderes políticos, y mártires compartían la pantalla con artistas de telenovelas, entretejiendo todo en una narrativa de múltiples capas que estaba cargada de comentarios políticos. El Fly Boy, un soberano con aspecto de insecto, presidía toda esta especie de circo como un despreciable maestro de ceremonias. Parado en lo alto de una pirámide cubierta de excrementos, lleva las riendas de tres cerdos que representan los papeles del capitalismo, la religión y el partido político mexicano PAN. ¿Representa El Fly Boy al recientemente elegido Presidente Fox?, ¿a George W. Bush? Cualesquiera sea su identidad, se beneficia de un sistema democrático mancillado por la corrupción política y la ambición capitalista. Y, al colocar al espectador justo en el medio de esta instalación que todo lo abarca, los De La Torre nos recuerdan que, no importa de qué lado de la frontera vivamos, todos estamos ligados dentro de esta nueva economía global. 

BERIN GOLONU

Einar y Jamex de la Torre, por Berin Golonu | artnexus