La Sociedad Jemmy Button Inc. debe su nombre a un indígena de Tierra del Fuego que fue comprado por un bulto de botones y llevado a Inglaterra por la expedición de Darwin. Durante el siguiente viaje del legendario barco El Beagle, en el cual fue devuelto a su tierra, el capitán Robert Fitz-Roy pintó un retrato de Button vestido como un caballero inglés. Los miembros de esta Sociedad, los artistas Mónica Bengoa, María Navarro, Cristián Silva, y el crítico Justo Pastor Mellado, creen que el retrato de Button hecho por Fitz-Roy se ha convertido en un símbolo de la participación del arte chileno en el escenario mundial.

La obra de Cristián Silva (1969) es un acto de rebelión contra lo que se espera de él. Silva afirma que el propósito de su obra es “Tratar de comenzar antes de llegar al borde de lo desconocido”, dando a entender que él trata de volver a examinar "aquello que ya conocemos, aquellas diferencias y similitudes que, por la fuerza de la costumbre, han sido asimiladas por completo y, por lo tanto, se han hecho invisibles". Superfly, la primera exposición de Silva en Nueva York, es una colección de obras aparentemente independientes que forman un todo, inevitablemente conectadas a la historia política reciente de su país y, en especial, a la producción artística durante y después de la dictadura militar.

A Silva le preocupan las complejidades de las nociones de identidad nacional e individual. Emplea una amplia variedad de recursos (tubos de alcantarillado, fotografías, botellas plásticas, papas y puertas de vaivén talladas) para reflexionar sobre su relación con su ciudad natal, Santiago de Chile, una ciudad híbrida, aislada y remota que parece estar escondida entre el desierto de Atacama, los Andes, el océano Pacífico y la Antártica. Silva no está interesado en explorar sus raíces étnicas o de seguir los estereotipos impuestos por el mercado sobre los artistas suramericanos. En su iconografía personal las cosas no son lo que parecen. Los aros olímpicos no simbolizan los cinco continentes, sino que representan las relaciones de poder entre los países: Cooperación, asimilación, competencia, acuerdo y conflicto. La mayoría de sus piezas son enigmáticas y deliberadamente ambiguas (construidas con “elementos que funcionan como indicadores en permanente oscilación”); a excepción de obras como Tortured Soul (Alma torturada), un collage en papel hecho con fragmentos de la tira cómica El hombre increíble, en varios idiomas. Esta pieza transmite el dolor y la confusión causados por la transformación de ser humano a superhéroe, una metamorfosis similar a la que el artista chileno (o de cualquier otro país) tiene que soportar para tener acceso al mundo internacional del arte.
En el segundo piso de la galería, la obra Olympia (Olimpia), en DVD, de Grazia Toderi (Padua, 1963) se muestra continuamente. En la noche, un atestado estadio de Sydney gira lentamente, semejando un extraño platillo volador. Los videos de Toderi consisten principalmente en una imagen y una acción que ocurre en ciclos. Sus narrativas, simples en extremo, están totalmente desprovistas de carga emocional; sin embargo, su naturaleza cíclica es muy efectiva en la creación y transformación de estados emocionales en el espectador.
En este caso, la rotación del estadio está acompañada de las ovaciones y gritos de los hinchas, distorsionados por la repetición del circuito, transformado en una melodía espacial rítmica y espectral. La cámara se convierte en una herramienta analítica capaz de transportar el objeto observado desprendiéndolo del piso. Las luces del estadio y los flashes ocasionales de cámaras y encendedores crean la ilusión de que el estadio es una nebulosa, algún tipo de flor húmeda flotante o un perturbador ojo húmedo en el cielo.
Toderi ya ha utilizado imágenes deportivas antes, en particular el estadio (Il Decollo). No obstante, más recientemente, su obra trata de los misterios del universo, la parafernalia cósmica y la aventura de la conquista del espacio. En Olympia (Olimpia), los espectadores y los performances (jugadores y/o estrellas pop) no se diferencian, debido a la inesperada expansión de la perspectiva. El lugar de reunión se convierte en el personaje principal, un espacio viajero atrapado en una rotación hipnótica ingrávida. Tal como en las obras de Silva, aquí lo familiar se torna extraño, el balance se perturba y la posición del observador ya no es segura: ¿quién está flotando, el estadio o nosotros? El video de Toderi es una brillante pieza de perfección minimalista y pureza formal que obra como una maravillosa introspectiva haiku, en la cual lo absurdo crea un fascinante y obsesivo viaje a través del espacio interior.
NAIEF YEHYA
