Las dos ferias de arte anuales de Nueva York abrieron sus puertas simultáneamente en febrero, atrayendo al mundo internacional del arte durante cinco días de interminables inauguraciones, fiestas, conferencias y espectáculos. Juntos, Armory Show 2001 —un lugar para lo último en arte contemporáneo— y Art Show —una exposición más tradicional de obras modernistas y contemporáneas—, se están haciendo cada vez más influyentes, y compiten con Art Chicago como el sitio donde cada año se pueden ver y comprar obras de arte importantes en los Estados Unidos.
Armory Show, originalmente una exposición cutting-edge de arte nuevo presentado por 30 galerías, llevada a cabo en el hotel Gramercy Park en 1994, ha evolucionado hasta convertirse en un asunto global de casi 170 de las galerías de arte contemporáneo más importantes del mundo. Para 1999 la feria ya había abandonado el formato del hotel como galería y se había trasladado al 69 Regiment Armory (de donde la exposición tomó su nombre actual, y una referencia obvia al Armory Show de 1913), y en 2000 se mudó al Jacob J. Javits Center. A pesar de que la escala de la feria ha crecido de manera exponencial, la calidad no ha disminuido y, en realidad, se ha conservado inusualmente alta. Lo que más sorprendió e hizo que la feria de este año fuera un verdadero éxito fue la cantidad de obras nuevas expuestas por artistas vivos; un respiro muy bien recibido para la bienal y la monotonía de las ferias de arte.

Como ha sido la tendencia, los artistas están dedicando una cantidad de energía cada vez mayor a la fotografía, a los demás medios relacionados con ella y a la escultura . La fotografía a todo color y de gran formato se difundió de manera especial, representada por artistas como Miwa Yanagi (Almine Rech), Massimo Vitali (Arndt & Partner), Erwin Wurm (Art: Concept), Doug Aitkens (Galería 303), y Charlie White (Andrea Rosen). Las imágenes manipuladas por computadora, de Wim Delvoye, que representaban laderas de montañas con mensajes cincelados tomados de anuncios personales clasificados, fueron muy entretenidas, a la vez que presentaron también una crítica más seria del individualismo y el capitalismo.
En la Galería Nina Menocal había una pieza interesante de fotografía/video titulada En el aire, de Gustavo Artigas. La serie documentaba una intervención que se llevó a cabo en frente de la Fototeca de Cuba durante la Séptima Bienal de La Habana. A los participantes se les pidió que jugaran con un avión de juguete mientras tenían puestos unos audífonos sintonizados en la Estación Pirata de Radio de Artigas, que transmitía grabaciones reales de las cajas negras de aviones siniestrados. La obra funcionaba en varios niveles conceptuales y sugería un comentario sobre la incertidumbre, el azar y la pérdida del control.

También en la Galería Nina Menocal se encontraban nuevas obras de Carlos Amorales. Su serie fotográfica, Kramer vs. Kramer da una mirada imaginaria a la red de recuerdos y emociones experimentados por su padre durante el divorcio de sus padres. Angulos oblicuos, cortes inusuales y, en algunas imágenes, el color saturado por todas partes sugieren los aspectos fragmentarios de la memoria, concebidos con una sensibilidad fotográfica aguda y contemporánea.
Las nuevas esculturas de José Damasceno y Valeska Soares podían verse en la Galería Camargo Vilaça. Hammer Blow, de Damasceno, un racimo de martillos pegados directamente a la pared, tenía una sensación duchampiana que era irreverente y enigmática a la vez. La pieza de Soares, titulada Beijo —una escultura primorosamente construida en vidrio y llena de aceite perfumado color miel—, era una seria meditación sobre las relaciones humanas, la interdependencia y el deseo. Las fotografías de gran formato, manipuladas por computadora, de Red Series, de Rosângela Rennó, incorporaban imágenes encontradas de principios del siglo XX, de adultos y niños en trajes militares, transformadas digitalmente en retratos fantasmales rojos, monocromáticos.

Operando en la intersección entre el arte y la ciencia, Pedro Barbeito (Lehmann Maupin) representó fenómenos como nacimientos estelares, agujeros negros e interacciones químicas en pinturas pixeladas de calidad similar a la de una gema. Barbeito emplea una variedad de fuentes y medios tecnológicos, produciendo así una rara e inusual tensión entre su contenido racional y la cualidad sensual de su pintura. Su lienzo oval, Spaceland, avanza y se pierde de vista a la vez, engañando el ojo a través de un virtuosismo técnico, mientras hace visible aquello que es normalmente imperceptible para el ojo humano.
Una ingeniosa y divertida instalación de Bernhard Martin, Single Disco (Whisper Club), en la Galería Spencer Brownstone, convirtió los espacios públicos en experiencias privadas. Escondidos dentro de una estructura similar a un clóset se hallaba un mundo artificial de música, luces intermitentes, espejos, y un globo de los que emplean las discotecas. Permanecer solo en esta cámara era extraño y, sin embargo, excitante en cierta forma. Otras obras de Martin incluían un exótico club de baile, y una playa privada: espacios en donde el voyeurismo y el erotismo están carnalmente ligados.

Es importante anotar que, del gran número de galerías que participaron en el Armory Show de este año, sólo hubo dos latinoamericanas. Curiosamente, muchos artistas han trascendido el epíteto “Latinoamérica” y se han vuelto más de la corriente principal. Entre éstos se encuentran Ernesto Neto (Bonakdar Jancou), Vik Muniz (Brent Sikkema), Arturo Herrera (Brent Sikkema), Guillermo Kuitca (Sperone Westwater), y Gabriel Orozco (Marian Goodman), quienes forman parte de un grupo de artistas cuyo estatus internacional desafía las fáciles clasificaciones geográficas. No obstante, el tiempo dirá si la ausencia de galerías latinoamericanas en el Armory Show fue un resultado del desinterés por parte de las galerías mismas, o una exclusión más seria por parte del Comité de Jurados de la feria.
En contraste, la decimotercera versión del Art Show annual fue una cuestión más reposada y más manejable, centrada en gran parte en la obra de arte modernista del Mercado secundario. Un total de 70 dealers estuvieron representados y un sorprendente número de galerías participaron realmente en las dos ferias, como una manera de maximizar la exposición. A diferencia de su contraparte más joven y más en la onda —The Armory Show—, que se centró en medios orientados más tecnológicamente, el Art Show estaba repleto de dibujos, pinturas y esculturas históricos. Importantes obras modernistas de Max Ernst (James Goodman), Willem de Kooning (Allan Stone), Lucio Fontana (Vivian Horan Fine Art), y Ellsworth Kelly (Matthew Marks) son indicativas de los gustos para intelectuales que ofrecía.

La Galería CDS expuso una serie de obras de artistas latinoamericanos dignas de un museo, que incluían una exquisita pintura de Pedro Figari, en la cual describe una ceremonia de candomblé con una baiana poseída por un orisha. Otra obra notable era una hermosa aguada de Wifredo Lam, Le Baiser, de 1939, y un pequeño boceto coloreado a lápiz de Joaquín Torres-García, titulado Drawing, de 1940. Otras obras excepcionales incluían Portrait of Guadalupe, de Diego Rivera (Mary-Anne Martin Fine Art) —una impactante imagen de la segunda esposa de Rivera, Guadalupe Marín—, y La Gran Reconstrucción, del mismo artista, una pieza cubista en pequeña escala, pintada durante sus años en el exterior.
En cuanto al arte más contemporáneo, las delicadas esculturas colgantes de Leslie Dill, cargadas de psicología, que expuso George Adams Fine Art; las pinturas de Richard Pettibone, que son un canto a Marcel Duchamp, expuestas por Curt Marcus, y la escultura conceptual Two Doors, de Robert Gober, en Zwirner & Wirth, fueron muy notables. La columna en madera y cobre, de Tunga, Exogenous Axis (Bete Jobim), en Luhring Augustine, emplea los sensuales contornos del cuerpo femenino para crear fuertes e impactantes formas esculturales.
A pesar de todo lo que se dice acerca del colapso del mercado en Internet, y de la incierta y difícil situación de la economía actual, los ánimos se mantuvieron arriba durante el fin de semana. Sólo nos resta esperar que el reciente éxito del mercado del arte continúe, alimentando así el apoyo continuo a los museos, la producción de nuevas e interesantes obras de arte y, finalmente, el apoyo a los artistas mismos.
CHARMAINE PICARD
Crítica de arte y candidata para el doctorado en Historia del Arte de
la Universidad de Chicago.

