ARCO celebró sus primeros veinte años de existencia con la expansión de sus contenidos fuera de los muros de los pabellones de exhibición. Además de las más de 250 galerías y de la presencia de publicaciones e instituciones que como cada año acudieron a la cita, los organizadores de ARCO han echado a andar su primer servicio en línea (www.arco-onlinew.ua.es) y la primera edición de Open Spaces: una serie de esculturas e instalaciones que se presentó en el patio central de Ifema, justo enfrente de los ya tradicionales pabellones 5 y 7 en los que la feria se lleva a cabo.

En otros años, un aspecto muy importante de ARCO había sido su capacidad para reunir y mostrar de manera bastante clara un panorama artístico internacional rico y propositivo que se manifestaba incluso en los programas paralelos a la presentación de galerías, pasando por la presencia del país invitado y terminando con las mesas de debate. En esta ocasión, sin embargo, parece que la planeación fue excesiva y compleja: dentro de la sección "Cutting Edge" había incluidos seis programas diferentes que parecieron estar concebidos más para el lucimiento de los curadores-estrella que los presentaron, que para la difusión del arte emergente de las regiones involucradas. Se trataba de "Asian Party," "Global Game de Hou Hanru", "LA/NY" de Dan Cameron, "Caribe/Caribe" de Kevin Power, "Flanders, Belgium & Benelux" de Bart de Baere, "I don’t just drink the wine, I also let it bite me (!)", una selección de cinco galerías austríacas elegidas por Sabine Schaschl y "Crossroads", una selección hecha por Rafael Doctor Roncero de las solicitudes de participación internacional más actuales (sic). Esta división por grupos y curadores sólo era evidente sobre el papel, pues en la magnitud de la feria era prácticamente imposible percibir dichas selecciones como propuestas curatoriales.

Si bien la sección de "Project Rooms" era más claramente localizable por su distribución y localización en el espacio de exhibición, la selección no puede considerarse menos que dispareja, a pesar de haber contado también con el trabajo de curadores profesionales (Yuko Hasegawa, Rosa Martínez y Octavio Zaya). Resulta incluso difícil encontrar los términos en los que he de llevar a cabo esta reseña crítica, y ello parece deberse al ya recurrente debate sobre la confusión de los papeles cultural y comercial de ARCO. Es decir, esta combinación funciona como un arma de doble filo que cuando es llevada a cabo a conciencia y profundidad puede dar resultados excepcionales (la presencia de Italia el año pasado, coordinada por Achille Bonito Oliva, fue muestra de ello), pero cuando fracasa lo hace rotundamente, pues no se trata ni de la presentación de un discurso curatorial selectivo y previamente teorizado a profundidad, ni de un lugar en el que se lleven a cabo las grandes transacciones económicas que delinean las dinámicas del mercado internacional del arte. En esta ocasión, que me parece fue desaprovechada, apenas puede hablarse de un tímido asomo al arte internacional —irónicamente varias galerías extranjeras trajeron una considerable cantidad de obra de artistas españoles— y del reforzamiento del mercado local sostenido principalmente por las instituciones.

Así, también le faltó contundencia a la presencia del Reino Unido, país invitado de este año. Un observador atento podía comprobar la importante producción teórica que se está llevando a cabo en dicho país: era notoria la presencia de publicaciones y editoriales británicas de la más alta calidad de presentación y contenidos, y todas en el mismo espacio en el que se hallaban las galerías. Lo que sin embargo casi no se podía ver eran las obras: un Kapoor en Lisson, Candida Höfer en Magnani o Stepahn Balkenhol en Stephen Friedman eran algunas de las piezas más notorias. Dentro de la selección británica había, según mis cálculos, 8 publicaciones, 19 galerías y 18 organizaciones de artistas o similares. Es decir, lo que los curadores encargados de la selección —Charles Esche, Matthew Higgs y Kim Sweet— pusieron claramente en evidencia fue el buen funcionamiento del British Council (cuya presencia era inminente en una parte importante de los proyectos presentados tanto dentro como fuera de ARCO) y el lado positivo que para el desarrollo del arte puede tener un financiamiento y una organización realizada en esos términos. Sin embargo, en lo que respecta al coleccionismo y al mercado no quedó muy claro el panorama inglés, por no obviar la ausencia de los internacionalmente publicitados y altamente cotizados YBA, algo que sin embargo, se agradece en un medio artístico tan proclive a cierto morbo por lo sensacional y lo apocalíptico.

La disminución de la presencia latinoamericana en la feria también fue notoria, salvo el caso brasileño, que, como siempre, es punto y aparte, pues mantiene un nivel prácticamente irreprochable. En este sentido, destaca, por un lado, la mejoría en la selección presentada por las galerías mexicanas y, por otro, la casi heroica labor de difusión que llevan a cabo dos o tres galerías españolas con una clara política de exposiciones de artistas latinoamericanos. Brito Cimino presentó, entre otros, una obra mural de Nelson Leirner, en la que junto a una colección de máscaras de simios, encontramos un espejo que sigue la silueta de las máscaras y en el que podemos contemplarnos. Luisa Strina, por su parte, traía una nómina de artistas de primera: Muntadas, Meireles, Tunga. Probablemente una de las piezas más curiosas fuera la porcelana rota revelando un esqueleto de Marco Paolo Rolla y que podía verse en el stand de Casa Triângulo.

Además de sus artistas de cabecera —Adriana Varejão, Valeska Soares, Rosângela Rennó o Jac Leirner, Camargo Vilaça trajo a la feria una de las piezas más memorables: el "Project Room" de José Damasceno, que bajo el título Mass media para modelar —You are such stuff as images are made on— (Los medios masivos a ser modelados—eres la cosa sobre la cual están hechas las imágenes—) presentaba una serie de sillas sobre las que se “sentaban” montones de barras de plastilina de colores. En el muro del fondo aparecía un hueco a manera de cuadro o ventana, sobre el que se veían pedazos de la misma plastilina que parecían haber sido arrojados desde las sillas.

Ruth Benzacar, además de traer obra de Fabian Marcaccio, Marcelo Pombo, Pablo Reinoso, Pablo Siquier, Víctor Grippo y un "Project Room" de Nicola Constantino, apostó otra vez con Jorge Macchi, quien, visto con atención, propone algunas de las obras más interesantes que se realizan actualmente. En Diana Lowenstein destacaban las fotografías de instalaciones de Laura Lamiel, y Ramis Barquet presentó un "Project Room" con varias piezas de la serie To dissolve/ To collect de Marco Arce, además de un grupo de pinturas de Ray Smith en las que el artista afincado en México da un giro insistiendo en cierto aspecto metafísico. Las cuatro piezas exhibidas —Dogs (políptico), Ripple, Victoria y Alba— se reunían bajo el título Casa de espejos.

Dentro de su selección más o menos habitual, la OMR optó este año por traer a Felix Curto, un artista español que reside actualmente en la ciudad de México y que con las cuatro piezas exhibidas: Landscape, Road Movies, Cow Boy y Country le daba a la galería una frescura que le había faltado en las últimas ediciones. También destacaba el humor sencillo pero ácido de las piezas de Abel Quezada. Por su parte, Enrique Guerrero también se atrevió con un video de Yoshua Okón y con una selección de fotografías excelentes de la serie Fotos (re)construidas de las primeras a segundas de Alejandra Echeverría. Igualmente, se podía ver documentación de los ya casi míticos performances del employer Santiago Sierra y sus personas remuneradas, así como obra de Olga Adelantado o Fabián Ugalde.

Mientras que la galería Venezolana Acquavella presentó una interesante selección de artistas clásicos españoles entre los que se incluía Manuel Millares, destaca como ya mencionaba, la insistencia de las galerías Elba Benítez, Ángel Romero y Luis Adelantado en los artistas latinoamericanos. Un esfuerzo que es de reconocer en un contexto prácticamente sordo ante las propuestas que vienen de los otros países donde también se pronuncia la “ñ”. Benítez, con una mayor inclinación hacia los soportes no tradicionales, presentó obra de José Antonio Hernández Díez y Ernesto Neto, además de las fotografías de Vik Muniz. Ángel Romero se ha dedicado fundamentalmente a la difusión de artistas más vinculados con la pintura, aunque no exclusivamente, como Alonso Mateo, Carlos Capelán o José Bedia. Luis Adelantado, fiel a los soportes fotográficos presentó obra de Priscilla Monge, Milagros de la Torre, Alex Frances —quien estará presente en la próxima bienal de Venecia— y Carlos Congost—cuya obra podrá verse este año en el Reina Sofia—además de un "Project Room" de Marta María Pérez Bravo.

Este breve repaso apenas da cuenta de la variedad de obras y calidades que presenta una feria de la magnitud de ARCO. Ciertamente había más de una pieza que bien valía la visita, como la obra de Yukinori Yanagi, Un dólar, en Cotthem Gallery. Proliferaba no sólo la pintura local de una calidad bastante cuestionable para el nivel que supone la feria, sino también la sensación de mercadillo: varios artistas representados por más de dos y hasta tres galerías, sobra decir que con obras y precios dispares. Fueron pocos los que se atrevieron al less is more: La Caja Negra, con obra de Richard Serra, Bernardí Roig y Curro Ulzurrun; Kurimanzutto con sólo cinco o seis discretas piezas a la vista de los artistas que representa; Habana, con trabajo de Belkis Ayón, Ibrahim Miranda y Sandra Ramos; la editorial Línea, con obra gráfica de Barceló, Hernández Pijuan, Susana Solano y Francesc Torres, y poco más.
Veinte años son muchos años y la labor de ARCO a lo largo de su existencia no ha de ser tomada en vano. Por lo pronto, el año que viene tendremos a Australia.
ISSA MARÍA BENITEZ DUEÑAS
Historiadora de arte, especialista en arte contemporáneo y teoría del arte. Actualmente cursa el doctorado en la Universidad Carlos III de Madrid.

