Exposición Individualabr 2001 - jun 2001· Por Carol Damian

Agustín Fernández

Galería Aroca

La gran escultura de bronce con la cual se encuentran cara a cara quienes visitan la nueva Galería Aroca, de Coral Gables, marca la pauta para las impactantes obras del maestro cubano-estadounidense Agustín Fernández. Alguien que nunca esquiva las imágenes dramáticas y las contundentes declaraciones físicas, Fernández, a sus 72 años, parece obtener fuerzas de la creación de dibujos y pinturas de enorme tamaño y, ahora, de su primera escultura en bronce. La instalación revela las complementariedades evidentes entre la escultura y sus pinturas, y con similitudes tan aparentes en la imaginería, es sorprendente que no haya explorado antes expresiones tridimensionales de tan gran escala. Sus ahora familiares formas de inspiración industrial fácilmente se prestan a la articulación volumétrica, cobrando vida con notables condiciones físicas en bronce (como una vez lo hicieron en sus objetos surrealistas de años anteriores.) 

Exposición Individual: Agustín Fernández — imagen 1
Agustín Fernández. Andrómeda, 2000. Materiales diversos. 304,8 x 274,3 cm.

El bronce, titulado Venus, fue encargado para un jardín de esculturas del Castillo de Roaix, en Francia. La diosa, sin cabeza y sin brazos, tiene múltiples senos que se reproducen como los frutos de un fértil árbol, a medida que ella se transforma en una supermujer. Su torso se extiende entre los redondeados pliegues de fabricación industrial; bandas de metal se envuelven como asas para reemplazar los brazos. Es a la vez una invención mecánica y un ser semihumano para recibir veneración en el mundo industrializado. Una gran sanguina de 1995 revela la inspiración para la escultura en una monumental imagen femenina representada a menudo por el artista, que rinde homenaje a Venus, la Diosa del Amor, y a Artemisa Efesia, la Diosa de la Fertilidad, que personificaba los poderes nutrientes de la naturaleza y era representada con múltiples senos (identificados más recientemente como un collar de testículos de toro). La forma femenina, en especial con alusiones a las estatuas de la antigüedad, aparece con frecuencia en la obra de Fernández, pero sus referencias son más psicológicas que naturales, y sus interpretaciones estéticas trascienden cualquier definición clara. 

La dramática pintura Image of a Sculpture with a Bird’s Beak, 2000, puede entenderse como un compendio de las muchas complejidades encontradas en el arte de Agustín Fernández. Más allá de una obvia fascinación por las combinaciones de materiales y elementos industriales derivados de las estatuas antiguas, su arte está cargado de las tensiones que existen entre lo real y lo surreal, lo orgánico e inorgánico, y lo figurativo y objetivo. La cabeza de la misteriosa imagen del dibujo está cubierta por una capucha y tiene pico de pájaro. Su torso en forma de bloque cobra vida con senos y otras protuberancias mientras parece flotar en el aire, colocado para descender o equilibrar su peso en confusos entornos espaciales. Descrita con meticulosa atención al detalle realista, las sombras son también engañosas, y las alusiones al movimiento ocultan su masiva integridad. En sus representaciones de criaturas cuasimecánicas, cuasihumanas, Fernández siempre está jugando con alusiones espaciales, y disfruta rompiendo los límites físicos en la pintura y la escultura, para enfatizar su contexto psicológico. 

Seis bodegones revelan su permanente interés en la exploración de realidades duales. Pequeñas obras, con los títulos Bananas, Papaya, Objeto, Fruta, Zapotes, Pulpa, cuyos marcos son pintados por el artista para que se conviertan en parte del tema. Esto lleva cada imagen a una nueva dimensión que se extiende más allá de los límites ordinarios y desdibuja la realidad de su forma pintada. La misma alusión se presenta en la pintura Andrómeda, 2000, que representa un objeto con propiedades orgánicas e inorgánicas flotando en un profundo espacio azul. Está hecho de cintas, correas y bandas que soportan dos formas circulares que hacen referencia al clásico tema de Andrómeda, la dama encadenada de la astronomía que escapó de las rocas del cautiverio para convertirse en constelación. 

En esta exposición, Agustín Fernández trabajó en una diversidad de medios para llevar sus famosos temas e imágenes a una definición monumental. Al hacerlo, mantuvo el mismo alto nivel de compromiso artístico que ha distinguido su carrera por más de 50 años. 

CAROL DAMIAN

Agustín Fernández, por Carol Damian | artnexus