XI Muestra de Pintura y Escultura latinoamericana

Delia Cugat. Paisaje abierto , 2000. Óleo sobre tela. 195 x 114 cm.

Colectivaene 2001 - mar 2001· Por Bélgica Rodríguez

XI Muestra de Pintura y Escultura latinoamericana

Galería Espacio

Con la Xl muestra de pintura y escultura latinoamericana conmemora el Milenio la Galería Espacio de San Salvador cumpliendo una vez más con la cita anual de reunir a un grupo selecto de pinturas y esculturas de artistas latinoamericanos. Con el interés por la impronta del hemisferio en el arte, Rhina Avilés, reconocida promotora del arte y la cultura en El Salvador, convocó a un grupo de diferentes artistas con diferentes estilos, pero siempre dentro de la figuración, para participar en una exposición que tradicionalmente provoca un gran impacto en las artes plásticas centroamericanas. Este impacto está situado en el enfoque confrontativo de momentos de cambio en los planteamientos visuales que se operan y que con llevan una meditación más individual y una comunicación de concepciones de identidad como planteamientos figurativos, algunos novedosos, otros tradicionales, dentro de la realidad de los procesos culturales visuales que ha vivido Latinoamérica. 

Durante once años consecutivos, esta exposición, prácticamente la única en su estilo en todo Centroamérica, ha creado una tradición que acerca el público al arte y a los artistas, y aún más relevantes es su contribución en la ampliación de horizontes de los jóvenes emergentes en el campo de las artes visuales. Cada año se espera con expectativa, cada año se convierte, prácticamente, en el único lugar de encuentro de obras, artistas, coleccionistas e interesados de todos los países centroamericanos, para mirar y admirar el trabajo de reconocidos maestros de la plástica del continente. 

Colectiva: XI Muestra de Pintura y Escultura latinoamericana — imagen 1
Isabel de Obaldía. Toro verde, 1998. Vidrio moldeado en arena, tallado con ruedas de diamante. 17 x 18 x 39 cm.

La exposición de la Galería Espacio podría considerarse una ventana abierta al conocimiento, un camino más para la difusión y promoción de las artes y una aula amplia para la interacción de jóvenes artistas y maestros. Ella es en sí misma un lugar de confrontación y sobre todo de reflexión sobre un quehacer del arte. La representación más nutrida, lógicamente, la constituyó el país anfitrión. Fue muy destacada la presencia de prestigiosos maestros como Alejandro Aróstegui, de Nicaragua; José Luis Cuevas, de México; Fernando de Szyszlo, del Perú; Antonio Seguí, Sergio Camporeale y Delia Cugat, de Argentina; Guillermo Trujillo, de Panamá; Ana Mercedes Hoyos, de Colombia, y Manolo Valdés, de España, cuyas obras impactaron al público visitante. 

Como ya se dijo, la muestra es una apología de la obra figurativa en todas sus manifestaciones, desde la más hiperrealista hasta la expresionista, con temas que van desde la figura humana como protagonista hasta el paisaje. Destacamos cuatro posturas diferentes en la escultura de los mexicanos Javier Marín, Paloma Torres, la salvadoreña Tití Escalante y el costarricense Jiménez Deredia. Marín, con sus personajes convulsionados y prácticamente alados, tanto en expresión como en técnica, se opone a Jiménez Deredia, cuya escultura maciza, de superficie lustrosa y apariencia apacible, se estaciona en el espacio. Por su parte, Torres tiende más al sentido totémico en una obra en material cerámico que encierra el misterio de lo ancestral, mientras que Escalante ha tomado la figura de la rana directamente de la naturaleza y le da cuerpo con carácter prácticamente humano. 

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Benjamín Cañas. El bautizo, 1980. Óleo sobre tela. 109 x 80 cm.

Los pintores veteranos entregaron obra con su estilo conocido: Carmen Aldunate, siguiendo sus apropiaciones de figuras femeninas de corte renacentista; Cuevas, con sus acostumbrados personajes neofigurativos y desolados, De Szyszlo y sus paisajes extraordinarios, rigurosamente estructurados en el campo de lo abstracto; Delia Cugat siempre sorprende con sus paisajes de puertos en los que parten barcos, y unas figuras, casi siempre femeninas, deambulan sin rumbo fijo, absortas en sus pensamientos. 

En otro nivel de presencias no puede dejarse de lado la obra del desaparecido artista salvadoreño Benjamín Cañas, una de las más mágicas dentro del campo de lo fantástico, con sus personajes en escorzo situados en escenarios imposibles, mientras que otro compatriota suyo, César Menéndez, joven y muy activo, se destacó con un paisaje urbano de gran formato y fuertes contrastes de color y sombras. Se destacó el ya muy prestigioso artista guatemalteco Luis González Palma, no con las fuertes fotografías conocidas por el público amante del buen arte, puesto que sus exploraciones visuales le han llevado a otros niveles en ese campo; por su parte, Elmar Rojas, también de Guatemala, sorprendió con nuevas propuestas, incorporando a la tela pequeños personajes de trapo quemados. Armando Lara, destacado joven artista de Honduras, dio a conocer una nueva faceta en su pintura cargada de cuerpos contorsionados que giran frenéticamente sobre el campo pictórico. Y la muy conocida Ana Mercedes Hoyos, de Colombia, mostró una vibrante pintura de gran formato, con sus característicos colores expresionistas en nuevas versiones de naturalezas muertas tropicales. 

Una muestra como ésta, de muchos artistas, con una obra de cada uno, es difícil analizarla individualmente, y tampoco es una tarea fácil su organización, especialmente en el equilibrio de niveles de calidad. Para su organizadora y curadora, Rhina Avilés, responsable de la selección de obras y artistas, esto ha sido una preocupación. La muestra no está dirigida sólo al medio artístico salvadoreño, sino que se extiende en un radio de acción más amplio. Cada vez cuenta con una audiencia extraordinariamente interesada que llega a visitarla desde todos los países centroamericanos. Aparte de la exposición en sí, uno de los atractivos fundamentales son las actividades que se organizan alrededor de los artistas visitantes; así, se generan charlas individuales, encuentros y foros, dentro de un cálido ambiente informal. En esta ocasión se tuvo la oportunidad de estar con José Luis Cuevas, Fernando de Szyszlo, Delia Cugat, Inés Tor y todos los artistas salvadoreños, entre ellos Nina Nolte, residente en España. La muestra se realiza siempre entre septiembre y octubre de cada año y es esperada con interés. 

BÉLGICA RODRÍGUEZ

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