Victoria Gitman es una joven pintora de origen argentino residente en Miami, cuya obra pudo apreciarse en la exposición Trabajos recientes expuesta en la Galería Elite Fine Art durante el mes de septiembre de 2000. Su pintura se destaca principalmente por el dominio de técnica y por el gusto por la maestría del oficio. Los lienzos de gran formato, con temática realista, hacen sentir el juego con un conjunto de operatorias que son válidas tanto a nivel de retórica, como de poética artística.
La retórica, como efecto persuasivo, está enriquecida por dos ejes. Por una parte, el sujeto de la representación —el autorretrato— genera en la obra una dimensión introspectiva. Por otra parte, las imágenes están cargadas de un notable tenebrismo, efecto que logra mediante el tratamiento de los fondos oscuros, en contraste con dramáticas relaciones de luz y sombra.

La condición teatral de la representación afirma su impacto persuasivo. El autorretrato crea una ruptura con el modelo clásico que inspira a la artista, y genera una nueva identidad basada en la identificación del sujeto de la representación (el artista) con el objeto de la representación (la pintura). Por otra parte, la dimensión teatral se hace sentir al coincidir autor y obra. El modelo juega una doble condición de ser pasivo y ser activo. Victoria Gitman no sólo representa, sino que ella misma es el objeto de la representación. Su obra se desenvuelve en un juego de sustituciones o cambio de roles que transforman el sentido del significante y del significado en forma dramática. El aislamiento de la imagen protagónica y su relación con un espacio trascendente brindan un aliento teatral que aumenta la intensidad del diálogo artístico, que se hace aún más dramático en los lienzos donde se multiplica el mismo personaje femenino. La poética está vinculada a la recreación temática. Valiéndose de la relación entre las obras como espacios de lectura plástica y los títulos —la artista cita a grandes maestros de la pintura, incluidos Degas, David, Sargent, Bronzino, Waterhouse, Georges de la Tour, Caravaggio, Ghrirlandaio y Vermeer—, la obra se mueve en una especie de juego crítico entre documento y monumento, a la manera de E. Panowsky. Es decir, lo representado se ancla en la historia del arte, y a la par, le brinda un homenaje crítico. De esta manera, el proceso de sustitución de los personajes trivializa la dimensión histórica de su pintura (la condición de documento), al mismo tiempo que se consolida como obra contemporánea (la condición de monumento). Como resultado, se percibe un equilibrio entre el peso y la levedad de la representación. Otra problemática abordada en la obra de esta artista es lo femenino. El hecho de que la representación se sustente sólo en el autorretrato de una mujer es un aspecto que por sí mismo se convierte en material para un estudio de sustituciones. Podría cotejarse el material histórico, o sea la obra de arte que se está citando, con el autorretrato de Victoria Gitman, para así comparar, entre otros, el recreo de los modelos de la belleza clásica.
Al cotejar las tesis que la artista se plantea, se advierte una inquietud histórica, crítica, artística, estética y feminista, desde la cual producir arte y dialogar con el público. De esta manera, Victoria Gitman está proponiendo un diálogo crítico con la historia del arte y su eje falocéntrico, derivándolo a favor de lo femenino.
MADELEINE IZQUIERDO DE CAMPOS
* Nota del editor: una de las características importantes de la obra de Victoria Gitman es la calidad de su representación realista. Esta se destaca por el dominio de las técnicas pictóricas renacentistas y por su delicada meticulosidad. La riqueza del color, que se destaca particularmente en el manejo de los tonos de porcelana de la piel, y el trabajo minucioso de telas y dobleces, son prueba de una inigualable maestría técnica, producto de meses de trabajo y dedicación).
