Toda ciudad moderna está hecha de la contradicción básica entre el orden y el caos, entre un deseo apolíneo por corregir la naturaleza sometiéndola a una red, y la inevitable tendencia de todo lo humano hacia la corrupción y la decadencia. Las ciudades modernas son básicamente asentamientos humanos construidos alrededor de redes de líneas tendidas en el piso. Las líneas le han dado sentido y significado a nuestro universo desde los tiempos en que nos volvimos sedentarios y descubrimos el potencial y la permanencia del dibujo, como gestos, ideas y emociones congelados en el tiempo. El hombre representó en las cuevas de Altamira rebaños de animales mediante líneas. Durante el siglo XVII, René Descartes creó un sistema de tres líneas ortogonales capaces de definir la posición y dimensiones de cualquier objeto en el espacio. Gilles Deleuze y Claire Pernet escribieron en su ensayo "Políticas": “Como individuos y como grupos estamos hechos de líneas, líneas que son muy diversas en la naturaleza”. Las líneas de Deluzian son segmentarias (familia/profesión, trabajo/vacaciones, familia/escuela), moleculares (trazan cambios, elevaciones, depresiones y procesos irreversibles), y la línea que nos lleva hacia destinos desconocidos: la línea de la gravedad.
La exposición colectiva Re-drawing the Line es una reflexión sobre lo que la curadora, Mónica Amor, define como “la crisis de la linealidad” en el arte contemporáneo, una crisis que "se sintió en el hibridismo entre las prácticas artísticas, la dispersión de materiales y estructuras composicionales, el abandono de las superficies convencionales, acompañado de una inclinación a los soportes de la arquitectura y una incorporación radical del espacio, que le dio a la obra una difusión de los modelos clásicos de la forma como el público se relaciona con la obra". Amor trata de delinear las cualidades subversivas de la línea por medio de la obra de ocho artistas nacidos entre 1959 y 1970.

Peter Wegner despoja la línea de su autoritario poder, al borrar con pintura blanca las líneas impresas que representan las calles en los mapas. En obras como Brooklyn (1999-2000), parte de este barrio de Nueva York es mostrado como una ciudad espectral en la cual, o no hay calles o el todo es una inmensa calle sin sentido que no conduce a ninguna parte. La eliminación que hace Wegner de la información gráfica de un mapa podría verse como la imposición de la estética sobre lo pragmático, pero, al mismo tiempo, al borrar las calles, evoca uno de los experimentos más crueles de la ingeniería humana: el demente asesinato de la ciudad perpetrado en Camboya por el régimen genocida de Khmer Rouge, que en uno de sus actos purificadores borró todos los nombres de las calles de Phnom Penh, convirtiéndola así en un tedioso e impersonal vacío urbano, un auténtico pueblo fantasma.
Mientras que Wegner pinta sobre las calles de los mapas, el belga Francis Alÿs pintó sobre las calles reales en sus Paseos, una serie de paseos urbanos en el vecindario de la galería. Aquí, Alÿs caminó con un tarro de pintura perforado cuyo delgado chorrito deja una huella de color sobre el asfalto en The Leak (1995-2000). Para este artista, un paseo es un hilo de percepciones, ideas, cosas y lugares, pero también es una búsqueda de lo inesperado, y la creación de un bosquejo. El terreno se convierte en el mapa mediante el performance, y marcas que no son ni completamente controladas ni totalmente aleatorias, sino algo intermedio, se han apropiado del espacio.
El artista Mungo Thompson, de Los Angeles, también está fascinado con el concepto de la Random WaIk (1998-1999). Sin embargo, en lugar de dar un paseo realmente, Thompson creó peregrinaciones virtuales con ayuda de un algoritmo de computador que conecta líneas en diversidad de patrones y luego las imprime como curiosas señales de carretera. Aquí, como en la obra de Wegner, el artista se apropió de la funcionalidad del lenguaje gráfico urbano para un fin estético. Lo irónico es que lo aleatorio de la caminata es institucionalizado mediante signos que parecen oficiales y que transforman el espontáneo vagar en una imposición autoritaria. Junto con estos paseos rígidamente establecidos, Thompson presentó la serie A Mutable Object (1998-2000): marañas de 100 tiritas de plástico (de las que se emplean para cerrar bolsas) de diferente grosor. En esta obra, el elemento de control está enredado en un intrincado nudo y sometido al control del artista.

El artista venezolano Alessandro Balteo centró su obra en un importante y emblemático edificio de Caracas, la Torre Miranda, un rascacielos de vidrio azul que encarna la prematura decadencia de los sueños de modernidad en el mundo en vía de desarrollo. El vidrio azul de la fachada se ha deteriorado porque la humedad ha decolorado y agrietado la película de vinilo azul que se encuentra entre dos hojas de vidrio. En su obra Courtain-Wall (1998-2000), Balteo utilizó algunos de estos vidrios, un video y un mapa de Caracas para ajustar la expansión urbana descontrolada a un patrón no ortogonal creado con las líneas impredecibles del decrépito vidrio azul.
Mientras que estos cuatro artistas trataron con líneas dibujadas y la ciudad, el resto de ellos le dieron a la línea un enfoque diferente. Sophie Tottie jugó con la ilusión óptica empleando líneas horizontales de imágenes obsesivamente repetidas sobre la pared, y de esta forma creó una ilusión de espacio distorsionado. Lamentablemente, su obra Reel (2000) parece incompleta, y las imágenes escogidas no crean el efecto deseado, debido a que son demasiado grandes e impiden concentrarse. Así como Tottie empleó la línea horizontal, Pae White utilizó la vertical en su obra Hobo Woods / Tears of Vietnam (1998), una serie de hilos con papeles coloreados que parecen flotar. Arturo Herrera entretejió significado en su pieza de fieltro Untitled (1998), doblando la línea en caóticos diseños que son una vaga reminiscencia del arte islámico. Finalmente, Diana Cooper construyó lo que podría concebirse como dibujos tridimensionales en los cuales la línea se convierte en una presencia amenazadora capaz de salirse a hurtadillas de la superficie, adquirir volumen y, literalmente, capturar al espectador.
NAIEF YEHYA

