Este es el nombre común, genérico, con el que M&M proyectos identificó el conjunto de exposiciones y acontecimientos artísticos que tuvieron lugar en San Juan de Puerto Rico desde el lunes 9 al domingo 15 de octubre, que eran fechas preelectorales en la isla.
La apuesta de Michy Marxuach, galerista y directora de este paréntesis en la ciudad, no fue propiamente comercial, ni siquiera adecuada a los parámetros habituales y dogmáticas de las prácticas curatoriales en uso, sino acaso lo opuesto: una estrategia contaminada y promiscua cuyo propósito nada oculto era liberar las propuestas primigenias de las convenciones fraudulentas que las instituciones artísticas oficiales utilizan constantemente a modo de censura previa de la actividad curatorial independiente en nuestros días. Las condiciones quizá no fueran las más sobresalientes y óptimas, ya que no se trataba de un museo, ni siquiera de dinero público, pero las facilidades fueron impensables por generosas y cómplices, y todos los que intervinieron en la organización de una manera o de otra pudieron comprobar que, como ya no es habitual —al menos en España—, se les estaba facilitando la posibilidad de hacer lo que los artistas querían hacer, más allá de las consideraciones económicas, de espacio y transgresión estética, incómodo político o un quítame allá esas pajas mezquinas. No tener que lidiar con los límites institucionales arbitrarios o las manías totalitarias de algún director de museo es cuando menos un alivio a la vista de las estrategias embalsamadoras que se tejen por doquier ante el nuevo arte degenerado que se nos está avecinando por todas partes. Calificar este arte de este modo supone, en mi opinión, todo un honor, no sólo por sus referencias históricas y políticas, sino también porque supone reconocer que las galerías, aún tímidamente, comienzan a articular nuevas estrategias sociales ajenas al mercado para atender a estos artistas incómodos tanto para el museo como para el cubo blanco de las galerías, ya obsoletos para el arte del siglo XXI y los tiempos que corren en busca de nuevos espacios de expresión. Parece lógico que, como quiera que el arte que comentamos se sale del tiesto encorsetado de lo mismo que emula el mercado, comiencen a florecer nuevas dinámicas galerísticas al paso del arte —escurridizo a los propósitos convencionales de la galería— del nuevo siglo. Pero este movimiento de resistencia al statu quo del arte, aún incipiente, todavía ha de vencer muchas dificultades para no entrar en conflicto —como parece su propósito— con los poderes fácticos culturales, muy sensibles a la legitimación de todo aquello que no entienden más allá del idioma. Soy testigo de que las críticas al Museo como institución fúnebre y mortuoria por parte de Antonio Martorell en su intervención en el primer panel de las “conversaciones entre paréntesis” tuvieron una pésima acogida entre la dirección del Museo de Arte de Puerto Rico donde las mismas tuvieron lugar. ¿Acaso Martorell tiraba piedras sobre su propio tejado con peligro para su propia integridad? ¿Dónde realizaba su intervención/performance y exponía un telón colgante bordado por multitud de manos que cubría el escenario? ¿Acaso no era un museo su escenario, su marco referencial, su contexto? ¿Era pertinente hablar de la soga en casa del ahorcado?

Pero iniciemos el recorrido de este paréntesis por el paréntesis propiamente dicho, con nocturnidad y aún a medias. Durante varios años consecutivos los artistas Julio Suárez y Charles Juhasz Alvarado han elaborado una comida al finalizar los cursos de la Escuela de Artes Plásticas, y se conoce que ambos son apasionados de la práctica culinaria. A la inversa, el primer acto de PR’00 el lunes 9 consistió en una cena en la casa taller de Charles Juhasz, a la que siento no haber asistido, así que nada he de decir de sus humeantes platos. No se trataba de una cena más, ni de colofón, ni de epílogo. Al contrario, se trataba de la apertura propiamente dicha. Al día siguiente Fortaleza 302 se convierte a media tarde en un lugar “situado e intervenido”. Se trataba, según los organizadores de M&M proyectos, de ocupar, si se me permite la expresión, un espacio alternativo para la presentación de la producción artística que realizan hoy los artistas en las sociedades contemporáneas. Intervención en espacios “no definidos” o “neutros” y en diversas estructuras artísticas, como el propio museo, capaces de generar nuevos espacios artísticos. Este era el concepto madre por el que se articularían todas las plantas del edificio.
A la entrada, aún en plena calle, el visitante disponía de un interruptor microfónico “Open Mic” de Ignacio G. Lang que amplificaba el mensaje que cada uno emitiera en directo, por todo el vecindario. La pieza minúscula estaba ampliamente señalizada en uno de los lados neutros del edificio por un micrófono a la manera de un cartel publicitario de una frecuencia radiofónica anunciada. Esta pieza exterior formaba parte de Intervenciones urbanas comisariada por Michelle Marxuach y Dean Daderko.

Subiendo las escaleras nos encontramos con la primera pieza interior de Ana Tiscornia, que también intervenía en el primero de los paneles paralelos, instalada sobre y a lo largo del sinuoso e inacabable pasamanos de la escalera y en algunos rincones de la misma, realizada en fieltro negro con textos impresos en blanco. Pertenece esta pieza a Escenificando la/puesta, comisariada por Michelle Marxuach y de la que formaban parte piezas de Carlos Rivera, Chemi Rosado Seijo, Aaron Salabarrias, Liliana Porter, Temporary Service, Ernesto Pujol y N55, en distintos formatos y medios de expresión, la mayoría de los cuales estaban instalados en la azotea, un antiguo bar y el baño incluido. Este último espacio acogía una instalación fotográfica homoerótica de Ernesto Pujol, muy apropiada para el baño, con una completa escenificación de posturas adecuadas e íntimas nada abruptas. Era el final del trayecto, la cima en el inodoro duchampiano escenificado, corregido y aumentado, perfumado a propósito sabiamente por Ernesto Pujol. Cuando salías de su baño regresabas a la pieza de Chemi Rosado, la revelación. Un novísimo que dará mucho qué hablar por sus recortables instalados en el Museo de Arte de Puerto Rico en otra exposición que comentaremos más adelante1, y por su Trampolín. Chemi Rosado ha conservado o alterado cada pieza del antiguo bar, único espacio respetado de toda la antigua arquitectura interior del edificio de seis plantas. Incluida la música. Iba a decir que, entre el perfume de Ernesto Pujol a la salida del baño y la música caribeña de los discos de vinilo de Chemi Rosado, el espacio había logrado alterarnos o aturdirnos hasta no saber verdaderamente si la ropa gratuita que colgaba de las ventanas del grupo de Chicago, Temporary Service, y sus bolsitas con condones y revistas y los manuales del grupo danés N55 o el túnel de la brasileña Ana María Tavares nos conducían hacia alguna realidad fuera del arte y fuera de la vida o nos la devolvían, como habíamos olvidado por los hábitos neuróticos que nos impone el ego en las grandes ciudades. Anónimamente algunos repartieron entre los imprevistos (por numerosísimos) invitados bebida y comida, también gratis, como los condones de Public Dispenser, la pieza de Temporary Service, de Chicago. Si, aquello también era una fiesta en la que pude vislumbrar a Mendive. Buena señal.
Tratando de salir de la azotea, bajando hacia la quinta planta, estaba dispuesto —en el descansillo interrumpiendo la escalera hacia arriba— un video callejero del artista Brooke Alfaro que nos acercaba a una plaza y su paisanaje habitual, el borracho de turno y el barbero.
En paralelo a la pieza Logos de Ana Tiscornia, recorría todas las paredes del espacio de las escaleras un magnífico múltiple polideportivo del artista suizo Fabrice Gygi, titulado Parcous Vita, de JPR-Editions, que hacía de soberbia cola a la exposición primera de la segunda planta, Multiple/Papers, curada por Maria Inés Rodríguez, la colombiana residente en París, que nos presentaba a través de Point d’ironie, Sommaire, In Vitro, Valdez, y el Centro Genevois de Gravure Contemporaine. Buro de video. BDV, diversas estructuras que proponen a los artistas espacios de exhibición e intervención alternativos bajo la forma de ediciones múltiples, videos, libros de artistas, afiches y otros papers.

De la tercera a la sexta planta se articulaban tres propuestas expositivas: 1. la ya mencionada Escenificando la puesta de Michelle Marxuach, completada con la espectacular obra de ensamblaje, mestiza, collágica y en proceso, de Carlos Rivera, Bullets & Trajectory y un video de Liliana Porter, Solo de tambor, que hemos vuelto a ver posteriormente en la VII Bienal de La Habana. 2. Imágenes múltiples, comisariada por Virginia Pérez Ratton, de Costa Rica, con el ya mencionado Brooke Alfaro, una instalación con múltiple inodoros y videoinstalación de Joaquín Rodríguez del Paso, titulada Cuentos chinos, Las lecciones de cómo maquillarse, un video de la costaricense Priscilla Monge y su magnífica Bailarina de bronce fundido con taladro, y Rocío Con Hong, con su desayuno (final del paréntesis) en casa de Michelle Marxuach y su cartelas recurrentes diseminadas en la ruina de enfrente, en Costas Ricas y Puertos Ricos, de Pérez Ratton y Marxuach, 3. Disidencias y rupturas comisariada por Maria LIüisa Borrás, una propuesta colectiva, audaz y plural de videoartistas de distintas nacionalidades de España.
En la planta cuarta estaba situada Contra el muro, curada por Guillermo Santamarina, de México. Acaso la propuesta, junto con las Intervenciones urbanas, de Marxuach, en mi opinión, más sólida y compacta, más entera, tanto por su radicalidad sin concesiones como por su coraje. Teresa Margolles, Damián Ortega, Ismael Merla Cosio, Santiago Sierra, Andrea Ferreyra, Javier Dueñas, Iñaki Bonillas y Francisco Ugarte son los artistas incluidos. Santiago Sierra, el español residente en México, presentó un video cuyo título, Línea de 190 pulgadas rasuradas sobre las cabezas de dos junkies era literal. Damián Ortega presentó dos piezas maestras: Ojo, una yema de huevo en el ojo de un retrete, y 100 dólares de dieta, cantidad que los organizadores le pagaron de gastos y que el cambió en monedas de un centavo hasta formar una serpiente monetaria que descansaba en el suelo.
También destacaba la instalación de Iñaki Bonillas, Light Room, con compartimentos estancos vacíos a modo de vestidores privados, y sus obras Clear y The light of flash illumination, como el video de boxeo de Andrea Ferreyra, que también participó en una larga intervención-recorrido en la calle, bajo la lluvia y en el mar, vestida de boxeadora; así como los distintos paisajes, proyecciones y fotografías de Francisco Ugarte, y el video y la instalación de Teresa Margolles, Bañando al bebé y Secreciones EL Muro, tan terribles como impactantes pero nada efectistas, sino más bien lo contrario. En Bañando al bebé la artista baña a un bebé con un cepillo punzante en una palanganita incómoda, más pequeña que el bebé. El espectador tiene la sensación de que más que un baño, es una tortura en toda su regla. La segunda pieza, la instalación, consiste en un cuarto vacío con un balde dispuesto con grasa humana y una brocha, con la que advertimos han repintado desenfadadamente las paredes, por el desagradable hedor que se respira en su interior.

En la planta quinta y comisariada por Exit Art de New York (Papo Colo & Jannette Bergman) se presentaron 60 imágenes de gran tamaño de la historia del performance. Esta muestra abordaba el tema del examen de la resistencia tanto física, mental, como espiritual del cuerpo, investigada a través de la documentación de los artistas (Vito Acconci, Yoko Ono, Gilbert & George, Joseph Beuys, Oppenheim, Paul McCarthy, Flanagan).
Fuera de Fortaleza 302, sede central de PR’00 las propuestas expositivas se completaban con 1. Un oasis en el desierto azul, de Michelle Marxuach, en el Museo de Arte de Puerto Rico, cinco proyectos de artistas puertorriqueños (Charles Juhasz Alvarado, Chemi Rosado, Ignacio Lang, Adam de la Croix y Dhara Rivera) que formaron parte del ciclo del Espai 13 de la Fundación Joan Miró de Barcelona (España)(1999-2000) “reenfocados” (según programa) por la directora del Museo, Mercedes Trelles; 2. U/topistas, en la Galería de Arte de la Universidad del Sagrado Corazón, con catálogo diseñado por Aaron Salabarrias e intervenciones y maquetas y proyectos de Rosa Irigoyen, Ernesto Pujol y muchos otros artistas puertorriqueños y 3. Las ya mencionadas Intervenciones urbanas. Además de las recordadas de Temporary Services y de la mexicana Andrea Ferreyra, destacan igualmente las intervenciones de Allora & Calzadilla en Call me, estampando camisetas de regalo con anuncios dictados por los interesados que querían pararse en su kiosco instalado en una plaza del viejo San Juan; Chemi Rosado, con su magnifico Trampolín, en hierro macizo, para los muchachos del puente Dos Hermanos de San Juan, al que tanto Michelle, como su autor, como otros y hasta yo mismo dimos urgente uso antes de que fuera hurtado, a pesar de su considerable peso, tirándonos del mismo; Paracaídas, de Jorge Rivera, con cientos de paracaídas en racimo cayendo del cielo; Raimond Chaves y Carolina Caycedo (del grupo Cambalache que forman con Federico Guzmán) y el Museo de la Calle de Bogotá, haciendo el cruce en las plazas del viejo San Juan y 24 horas de dibujo en la calle; Regina Silveira, con su Super Hero, proyectándose con láser en los edificios del San Juan nocturno; los videos en establecimientos comerciales, de Lana Lin; Chris Sollars; Sharon Hayes y Anissa Mack; la espectacular velada de boxeo en combate nulo (en el Museo de Arte de Puerto Rico) entre Charles Juhasz y el español Domingo Sánchez, arbitrada por el también artista español Paco Cao y comisariada por el asimismo español Fernando Castro, y la omnipresencia del performer internacional Freddie Mercado y de Teo Freytes, el ciego que todo lo ve.

Únicamente añadir los dos paneles que tuvieron lugar en el Museo de Arte de Puerto Rico, en el primero de los cuales se abordó la intervención en el espacio del arte, con participación de Kevin Power, Yu Yeom Kim, Ana Tiscornia, Evelynne Jouanno, Antonio Martorell y Virginia Pérez Ratton y, en el segundo, organizado por María Inés Rodríguez, alrededor del mundo de las ediciones, con la presencia de Verónica Bachetta, Pierre Legiullon, Lucas Ospina y Carrie Pilto, y la propia María Inés Rodríguez.
Así que, más que un paréntesis, una inagotable semana de arte sin excusas, que debiera convocarse anualmente como parece ser la intención de los organizadores, entre los que destacan Luisa Rosado, la mano derecha de Michelle Marxuach, M&M proyectos.
NOTA
1. “Tapando para ver”. Espai 13. Fundación Miró. Barcelona. España 2000.
ANTONIO ZAYA

