En el México pos-revolucionario se invitaba a los artistas a que fueran una vanguardia para el cambio social mediante la creación de nuevas imágenes de solidaridad nacional visualmente reconocibles. Irónicamente, estas imágenes del México moderno se basaron en gran parte en una noción romántica de un armonioso pasado indígena. Los artistas cuyas visiones tendían hacia temas modernistas y abstracción experimental, fueron percibidos con frecuencia como internacionalistas y, por lo tanto, como antinacionalistas en sentimiento y enfoque.
La fotografía experimental mexicana del período entre las dos guerras mundiales es una importante esfera de producción que, hasta hace poco, había sido descuidada por igual por los historiadores y críticos de arte.
Los fotogramas abstractos y varias formas de fotografías de exposición múltiple, impresiones en negativo, imágenes seriales y vistas no convencionales realizados por fotógrafos como Emilio Amero, Agustín Jiménez y Rosa Cobarrubias están apenas comenzando a recibir atención. Otras cosas: abstracciones mexicanas modernas, en el Centro de Cultura Mexicana de Nueva York, reúne una selección de 27 imágenes fotográficas que resaltan las prácticas artísticas alternativas que hicieron parte del panorama cultural mexicano de las décadas de 1920 y 1930.

Una rara selección de fotogramas de Emilio Amero y Rosa Cobarrubias enlaza formas de vanguardia con un interés incipiente en la cultura tecnológica. Fotógrafo, cinematógrafo y artista gráfico, Emilio Amero estuvo claramente interesado en investigar las posibilidades de las modernas tecnologías reproductivas, y durante muchos años exploró estos medios en formas que mezclaron arte, diseño y comercio. Las composiciones meticulosamente ensambladas de Amero reunieron rollos de metal, engranajes y artículos manufacturados, como anteojos con monturas plásticas, en dinámicas imágenes que representaban la ciencia, la precisión y la modernidad. Los fotogramas de Rosa Cobarrubias van desde lo poético y ensoñador hasta lo abstracto y formal. En Untitled (Autorretrato con objetos) de finales de la década de 1920, Cobarrubias reúne objetos, como conchas, mariposas, copas, animales de cerámica y un autorretrato dibujado, en una imagen que aparece enigmática y alegre. En otras producciones del mismo período, Cobarrubias presenta vistas de copas, recortadas y ampliadas en tal forma que abstrae su función y realza su forma.
Una interesante selección de fotografías de Manuel Álvarez Bravo deja de lado su fotografía callejera más ampliamente conocida, a favor de exploraciones visuales de luz, sombra y formas geométricas simplificadas. En una serie titulada Juegos de papel, 1926-1927, Álvarez Bravo transforma un rollo desenrollado de cinta para sumadora en una rítmica composición de volúmenes y planos que caen formando una cascada. Su obra La Tolteca, 1932, una exploración formalista que presenta el empuje diagonal de un muro de cemento, le dio el primer premio en un concurso corporativo auspiciado por Cementos Tolteca y fue empleada más tarde por la compañía en sus campañas publicitarias. Las fotografías de Agustín Jiménez muestran una clara influencia de la estética constructivista rusa. La insistencia de Jiménez en la geometría, la repetición y la simultaneidad fue probablemente reforzada por la llegada de Sergei Eisenstein a México en diciembre de 1930. En lugar de fotografiar modernos objetos manufacturados como lo hicieron muchos de sus contemporáneos, Jiménez fotografió imágenes seriales de artesanías populares y comidas mexicanas arregladas en patrones abstraídos, simplificados y repetitivos. Las imágenes de Jiménez son aún más interesantes, debido a su habilidad para mezclar la expresión formal abstracta con imágenes mexicanas reconocibles y una sensibilidad cultural definida.
Lola Álvarez Bravo estuvo representada por una serie de vistas de paisajes que desorientaban. Mejor conocida por sus pinturas de retratos y fotomontajes, estas imágenes eliminan de la escena la figura humana y exploran los efectos de la luz y la sombra sobre un terreno irregular y desconocido. Inclinando la cámara y tomando las vistas muy de cerca, Álvarez Bravo les infundió a sus paisajes una presencia misteriosa y ultramundana.
A finales de la década de 1920 y durante la década de 1930, la producción de fotografía experimental fue eclipsada por una tendencia hacia la obra de arte socio-realista y documental. Aunque marginada en cierta forma, la fotografía de vanguardia mantuvo un lugar activo y notable dentro de la variada matriz cultural e intelectual de la Ciudad de México. Se les daba cabida a las exposiciones, se realizaban concursos, y las obras se distribuían en publicaciones literarias y suplementos de periódicos. La fotografía abstracta de esta época captura un momento importante de la producción artística, representando formal y temáticamente el naciente modernismo del México post-revolucionario. Debería ser vista como una expresión de fe en un futuro moderno y urbano para la nación mexicana, con todas sus implicaciones utópicas.
CHARMAINE PICARD

