Exposición Individualene 2001 - mar 2001· Por Luz María Sepúlveda

Mónica Castillo

Ace Gallery

Mónica Castillo (México, D.F., 1961) trabaja una serie de pinturas retocadas y fotografiadas que van más allá de un mero fragmento corporal; lo estudia y visualiza como una parte más importante que el total. En el conjunto de piezas que conforman la obra Hombres pintados, por ejemplo, Castillo pinta sobre el ojo, oreja, pie, boca, mano, torso, rodilla, pezón y dedo de su modelo, para que posteriormente sean fotografiados por otras personas, montados y expuestos como una representación de la selección de un trozo de cuerpo del personaje retratado. Así, la artista obliga a la formulación de la interrogante de ¿hasta dónde es posible delimitar la realidad del sujeto representado y qué tan importante es la manipulación que hace sobre su modelo cuando éste se convierte a la vez en signo y significado? 

Dos piezas salen un poco del contexto del resto de la muestra: el retrato de un torso masculino impreso sobre vinilo en colores magenta, cyan y amarillo que remiten en una primera instancia a una estética Op. Los puntos y círculos de la impresión se sobreponen y bailan en el díptico, en un evidente juego de estimulación de la retina. La otra obra es un autorretrato —la mejor pieza de la exposición, en mi opinión— que la artista crea sobre una red de hilo de nylon tejido y salpicado con pintura vinílica. El resultado es una manta plastificada que se deja caer libremente por la misma fuerza de la gravedad y cuyos salpicones de pintura parecen hechos al azar, cuando en realidad es un perfecto autorretrato de la artista. 

Exposición Individual: Mónica Castillo — imagen 1
Hombres pintados/Montaje de 9 fotografias sobre aluminio

Mónica Castillo ha experimentado varios materiales y técnicas para presentar su rostro en obras que datan desde principios de la década de 1990. En ocasiones utilizó pintura solamente, pero también se ha auxiliado de uñas cortadas que construyen su cara, de pan horneado, de bordado sobre tela y de fotografías digitales manipuladas, de las cuales hay algunos ejemplos en esta misma exposición. Cabe destacar un punto interesante en la obra de Castillo: si bien en la década de 1990 se vio mucho autorretrato por parte de los artistas, se procuraba mostrar un fragmento de intimidad o de referencias autobiográficas de índole sumamente narcisistas, aspectos que no se leen en la obra de Mónica Castillo. La artista, por el contrario, se muestra de forma llana y directa ante un espectador que es sorprendido por la sinceridad con la que la artista se deja ver: se desnuda y queda vulnerable a la mirada de un observador que tiene frente a él un retrato de una cara con los poros abiertos de un cutis descuidado, arrugas, granos, cicatrices o pelos, características que evidentemente se anulan en las imágenes que se muestran en público. Los medios masivos de propaganda y publicidad hacen lo posible por esconder los defectos de un rostro retratado, y parece que la artista se burla y reta a la vez a estos métodos que presentan personajes irreales pero más agradables a la vista. 

En la misma muestra, Mónica Castillo trabaja dos videos. Uno de tres minutos aproximadamente, en el que, con una cámara fija, se filma a la artista pintando con un pincel delgado los testículos y pene de su modelo. Es de suponer que el cosquilleo que produce la artista sobre el cuerpo del hombre le procura una erección. Es en este punto cuando ella termina de cubrir con pintura rojo caoba a su modelo y termina la grabación. En el otro video, la artista “pincelea” el ojo del modelo provocando el parpadeo, el enrojecimiento del ojo y la salida de alguna lágrima; esto lo logra en menos de un minuto. 

Varios aspectos se ponen en juego al estudiar la obra que presenta Mónica Castillo en esta muestra. La primera problemática que se desprende no tiene tanto que ver con el proceso de significación de los objetos representados, ni siquiera con la representación en sí misma. La realidad es la principal cuestión que se vuelve difusa entre imagen y retrato. La realidad se vuelve frágil al verse representada tan fidedignamente en una imagen falsa que, al contrario de la tradición del arte realista, genera muchos cuestionamientos subjetivos. Vivimos en una sociedad en la que nuestra percepción se dirige casi con tanta frecuencia a las representaciones como a la realidad que a su vez se produce más y más por medio de representaciones. 

LUZ MARÍA SEPÚLVEDA

Mónica Castillo, por Luz María Sepúlveda | artnexus