Museo de Bellas Artes El Museo de Bellas Artes inauguró recientemente la muestra individual Batallas, de Juan Araújo. La exposición, desplegada en los espacios del Gabinete de Dibujo y Estampa, recoge una serie de pinturas de pequeño formato realizadas bajo el más estricto rigor que exige este oficio. Tomando como principio que el hombre expresa un particular encanto por la bella pintura, Araújo resta importancia al hecho de que el espectador posea o no suficientes códigos que le permitan acceder a la obra. Su trabajo llega a todo público y esto le satisface. La razón es que para Juan Araújo el proceso creador no sólo involucra lo que sucede en su taller, sino la percepción del espectador.
La exposición se basa en una serie de pinturas en óleo sobre madera que compila trabajos anteriores y las investigaciones más recientes. Es así como, aunado a los paisajes imaginarios ya conocidos, nos ofrece las indagaciones emprendidas en torno a la obra del pintor francés Henri Fantin-Latour. Todas las piezas están hechas a partir de reproducciones fotográficas a todo color o blanco y negro, las cuales toma de calendarios, libros y catálogos de arte. Tal y como nos refiere, estas imágenes constituyen la matriz a partir de la cual se generan reinterpretaciones de los asuntos representados; es por ello que el tamaño de la reproducción se mantiene mientras que la aplicación de los colores es aleatoria, y obedece a búsquedas muy personales.

El interés manifiesto hacia la serialidad cumple un doble objetivo. Por una parte, entiende estas obras como ready made, al repetir una misma imagen; por la otra, esa sucesión le permite preservar en cada pieza algo que necesariamente se pierde en el proceso de pintar. "La pintura es siempre pérdida de otras pinturas", así lo entiende. De allí su empeño en la serialidad, con la intención de dejar a la luz fases del proceso que en otras circunstancias quedarían ocultas. La finalidad de sus pinturas no es reproducir fielmente la obra; de hecho, al recurrir a una reproducción reconoce la diferencia que existe entre la pintura y la realidad. En ese sentido, su obra no es sino una recreación de convenios propios del oficio.
La exposición Batallas, entendida como instalación bidimensional, donde se mezclan el proceso libre de reproducción y el paisaje imaginario, sumerge al espectador en un rico repertorio de motivos. Desde las hermosas flores de Fantin-Latour hasta las imágenes de tornados tomadas de la National Geographic, todas ellas ponen de manifiesto esa necesidad de revelar lo bueno del cuadro y repetirlo; pero también el despejar las zonas de interés, descubrir en las manchas otras posibilidades, el dejarse llevar por los instintos, representan un universo fértil y novedoso al momento del montaje. Apasionado por su trabajo, no descarta el elemento irónico que encierra. No se trata de pintar a la manera clásica, es una diatriba a los iconos y a la tradición. En este sentido, el artista otorga protagonismo a la pintura mental, ésa que permite el ejercicio imaginario de colores y atmósferas impuesta por el autor. Por eso, insistimos, está la reproducción; no está hurgando en los planteamientos de la pintura a plein air, indaga en esas propiedades que desconoce la reproducción, la libertad. Quizás por eso, Juan Araújo habla de batallas, aquellas que él generosamente libró para esas imágenes estáticas y congeladas que anulan la riqueza de texturas, luz, sombras y colores propios de los originales.
ANITA TAPIAS
