Lo sabíamos por la calidad de obra después de su estadía en París y, sobre todo, por su determinación de crecer como creador, pero todavía nos llena de asombro y de orgullo el éxito de Heriberto Nieves tanto en Puerto Rico como en Europa. Y nos satisface enormemente que este inagotable artista se “haya quedado” con el Museo de Arte de Ponce con su impresionante exposición que debiera haber titulado Siempre el principio. Porque Nieves, a diferencia de muchos artistas, siempre está en búsqueda de lo próximo, de lo nuevo, de lo mejor.

En menos de cinco años, este atrevido artista tridimensional (nace en Vega Alta en 1957) ha logrado convertirse en un original escultor de reconocimiento internacional. Los que hemos seguido su trayectoria hemos visto cómo de un talentoso pintor, Nieves se convirtió en un provocador artista que lograba combinar el arte tradicional con las propuestas postmodernas más avanzadas (recordemos sus impactantes “radiografías”), para eventualmente destacarse en el campo de la escultura en metal. Mientras esto estaba ocurriendo, Nieves desarrollaba —tanto en Europa como en Puerto Rico— un discurso estético y atractivo que lo convertiría (junto a Arnaldo Roche Rabell, Arnaldo Morales, Eric Tabales, Ramón Berríos, Dhara Rivera, Aaron Salabarrías, Williams Carmona, Carlos Rivera Villafañe e Ignacio Lang) en unos de esos artistas que todo buen crítico de arte y/o curador comienza a fijarse en su obra, ya que ésta verdaderamente nos lleva a nuevas experiencias estéticas.
Sus lunas, sus medias lunas, sus soles, sus planetas desconocidos, que tanto gustan, comenzaron a metamorfosearse en impresionantes esculturas monumentales donde el cubismo y Eros se unen con gracia y poesía para seducirnos. Tanto los recientes proyectos públicos de Nieves en Puerto Rico y en Europa, como su preciosa exposición en la Galería Cueto (titulada Del principio al principio), como su actual exposición en el Museo de Arte de Ponce, demuestran, una vez más, que estamos ante un artista muy serio y ambicioso, con una propuesta original y provocadora.
La exposición de Ponce es un precioso tour de force. Hermosamente expuesta en el primer piso del museo, la obra reciente de Nieves logra integrar con efectividad su lirismo tradicional y un acercamiento inteligente a la filosofía. En estas obras están desde Heráclito y Pitágoras hasta Hawking. Como bien ha señalado Rosario Ferré, la visión de libertad de Heriberto Nieves es una poética que nos reta a desatar nuestras energías. A lo que añado: Nieves nos invita al juego, al viaje, a la introspección, a entendernos como ángeles y como máquinas sexuales. Tanto sus “paneles” como sus “esferas” (completas como fragmentadas), tanto sus lunas tradicionales como sus texturas arquitectónicas, combinan el modernismo tradicional con unas geometrías postmodernas, produciendo obras que pueden ser vistas como indescifrables juegos matemáticos, o como flores que muy bien pudieran ser poemas de un Baudelaire metálico, como magníficas vaginas. En muchas de sus obras recientes, el artista logra construir interesantísimas y seductoras metáforas sexuales donde se sugieren con gran originalidad los más complejos juegos de seducción.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
