Exposición Individualene 2001 - mar 2001· Por Graciela Kartofel

Graciela Hasper

Annina Nosei Gallery

Indiscutiblemente, quien ha conocido las obras de autores geométricos argentinos y sabe el origen de Graciela Hasper (Buenos Aires, 1966) no puede menos que reconocer la emoción estética que genera la reciente exposición de esta joven y sólida autora. Hay más de un motivo para que este espacio intelectual se flexibilice con el recuerdo y el homenaje; se enuncian dos de estas razones. La primera atiende a que la poderosa generación de geométricos que estaba activa antes del gran exterminio de los gobiernos dictatoriales no pudo gesticular con la libertad suficiente como para continuar generando opciones. Esa generación estaba aún activa aunque casi desmantelada cuando la gran debacle de la década de 1980 —cuando la irresponsable especulación del mercado de arte incrementó los precios a las nubes para después desplomarse estruendosamente—, destruyendo a numerosos artistas, coleccionistas y galeristas honestos (y a muy pocos de los “otros”). Hasper revive con personal estilo, humor y delicada ironía aquel conjunto de geométricos argentinos que realizaron muy buenas obras pero que llegaron a callejones sin salida. En ésta, su segunda exposición en la galería Nosei, ratifica un soplo revitalizador e informal, a través de diez obras sin título que se pueden organizar en dos grandes grupos, a través de los elementos que las caracterizan: los planos y las cintas. Con estos dos caracteres visuales, ella crea obras en las que se destacan ya sea círculos, cuadrados y rectángulos, elipses horizontales o verticales (con sus recuerdos del “hula-hula” y del término frecuente “the loop” que se inserta en la arquitectura urbana y otras especialidades), grafismos del tipo cinta sinfín (relacionada con la forma de la clave de Sol y con la cinta de Moebius), tanto como paralelepípedos y el punto. En los espacios aéreos blancos o de colores acuarelados, Hasper consolida pensamientos geométricos. Tanto los cuerpos planos como los que se dibujan en forma de cintas, se interrelacionan: se superponen, obstruyen o iluminan. Cada una de las obras convoca situaciones diferentes. En Sin título, 1999, de 58 x 58”, sobre fondo naranja mamey, la autora contrarresta el tratamiento plano del color con cuerpos geométricos que parecen emerger de la tela y dirigirse como bumeranes hacia el espectador, hasta que unas simpáticas rayas aplacan la situación. 

En las obras con elipses, éstas parecen superpuestas, interrelacionadas y simétricas. Sin embargo, aunque las geometrías están centradas, se orientan, disparan o reúnen de manera asimétrica y la cantidad de sus componentes generalmente no son pares. Son obras en acrílico sobre tela que contradictoriamente parecen acuarelas porque el material se aplicó muy licuado. Hay dos contradicciones propulsoras que anidan en las obras: contradecir la habitual referencia de la corporeidad y perfección de la geometría, y que todo está pintado a mano, dado que Hasper quiere que eso se advierta: “Me interesa que la pintura geométrica tenga cualidades orgánicas”, por ello y por razones económicas casi nunca usa el proyector. También se perciben sutiles cualidades arquitectónicas (ni masivas, ni rígidas). La artista desea cambiar la ubicación de las piezas, ya sea girando sobre su propio eje o reubicándolas en el espacio de la galería. Encontramos en una autora argentina una luz, un signo positivo en una época de angustias de alto nivel, su paleta es de colores vibrantes con mucha carga de luz, aun en los agrisados y apastelados. Si los recuerdos se estimulan relatándolos, Graciela Hasper relata sin añoranzas, su visión es positiva, su perspectiva está planteada. 

Exposición Individual: Graciela Hasper — imagen 1
Sin titulo/Acrilico sobre tela

GRACIELA KARTOFEL

Graciela Hasper, por Graciela Kartofel | artnexus