La propuesta plástica de Emilia Azcárate viene destacándose en el panorama nacional desde hace algunos años. Últimamente, la artista se ha presentado en prestigiosos espacios expositivos de Venezuela, España y Colombia, habiendo sido galardonada con el 1 Premio ABC de Pintura en la Feria Arco 2000 realizada en Madrid.
En esta oportunidad la artista, nacida en Caracas en 1964, mostró en el Museo Alejandro Otero de Caracas, bajo la curaduría de Adolfo Wilson y Ana Aquilina Azcárate, 22 piezas, en las que se evidencia la continuación de sus indagaciones en torno a la naturaleza y a las posibilidades de conformar lenguajes a partir de la incursión plástica y sensorial en materias orgánicas.
Según Adolfo Wilson, "el trabajo plástico de Emilia Azcárate comparte una de las preocupaciones esenciales del arte contemporáneo: la procura de la invención de un modelo lingüístico, de una escritura, de un habla sobre la consideración de que la comunicación constituye uno de los valores determinantes del arte capaces de ofrecer interpretación tanto a la manifestación de las propias pulsaciones internas del artista, como a la experiencia obtenida en su relación con el mundo exterior".

Ciertamente, la poética de Azcárate se nutre de su constante fascinación por la naturaleza, dada en la utilización de sustancias orgánicas, como la cera de abejas, la manteca de cerdo o la ceniza de encina, como elementos fundamentales de sus obras.
Las piezas exhibidas en esta ocasión han sido realizadas, en su mayoría, con estiércol de vaca, material en el que Azcárate viene investigando desde un viaje que realizó a la India, en el cual tuvo la oportunidad de adentrarse en los diversos usos dados a la materia natural y la relación de ésta con el trabajo femenino.
En algunas de las piezas mostradas, Azcárate utiliza el lenguaje límpido de la serialidad, trabajando con formas concéntricas y espirales, creando ritmos expansivos y efectos visuales de vibración, en los que las cualidades de la materia juegan un papel fundamental. Otros de los trabajos presentados dejan ver la fascinación de la artista por el estiércol como elemento plástico, esto es, moldeable, dúctil. Realiza figuras pequeñas modeladas que remiten a un gusto casi infantil por la materia y sus posibilidades lúdicas; estas curiosas piezas dejan traslucir también una pulsión femenina, dada en este acercamiento tierno, recogido e íntimo a la materia orgánica.
El estiércol le ofrece posibilidades plásticas que superan lo visual, abarcando una sensorialidad plena, que la hacen conformar una ambientación cargada de connotaciones simbólicas y espirituales. Muchos de los trabajos anteriores de Azcárate buscaban una conexión con los temas de vida, muerte y reencarnación. En esta muestra, el uso del excremento contribuye a la articulación de una serie de nociones que involucran el desecho y su relación con la muerte y la putrefacción, y su potencial como abono, es decir, como elemento fertilizador, elaborando un discurso sobre el misterio de los ciclos infinitos de la naturaleza.
KATHERINE CHACÓN
