Exposición Individualene 2001 - mar 2001· Por Carol Damian

Edouard Duval-Carrié

Miami Art Museum - Gallery Bernice Steinbaum

Las deidades haitianas del vudú, llamadas Iwas, van a pasar el invierno en Miami en dos imaginativas exposiciones e instalaciones complementarias de Edouard Duval-Carrié. Reconocido internacionalmente como uno de los artistas más importantes de Haití, este residente de Miami ha aprovechado esta oportunidad de exponer su obra en el museo local y galerías de la ciudad para continuar con sus ingeniosos y cínicos comentarios sobre la realidad, el pasado y el presente haitianos. Al mismo tiempo, también crea un ambiente para que su extraño elenco de personajes ahora reconocibles “crezcan” y moren por un corto periodo antes de embarcarse en la siguiente etapa de sus constantes viajes y “migraciones”. 

La instalación del Museo de Arte de Miami presenta un altar estilo Renacimiento dominado no por iconos occidentales, sino por sus inimitables interpretaciones de los Iwas, espíritus sincréticos que gobiernan los diferentes reinos de la naturaleza y las actividades humanas, y que toman su definición de los pueblos yoruba y fon de África occidental y de los santos del catolicismo romano. La diosa del amor y el lujo, Ezuli Freda, juega un papel significativo en toda la instalación, y sus tres diferentes aspectos de feminidad se reflejan en las ofrendas circundantes de flores, perfumes, joyas y visos rosas. Ella puede ser dulce o seductora, y la estética barroca del artista comenta sobre el consumo de culturas occidentales por parte de Haití, a la vez que critica los estereotipos occidentales de la sociedad haitiana. Su apropiación de tradiciones artísticas y religiosas católicas en la instalación es realmente una referencia obvia al indomable temple de los espíritus africanos para sobrevivir y transformarse por necesidad, para “migrar” de acá para allá en tiempo y lugar.

Exposición Individual: Edouard Duval-Carrié — imagen 1
Cocodrilos y escaleras/Tecnica mixta sobre lienzo

Al altar se llega a través de una serie de construcciones colgantes y otras colocadas sobre el piso, tan falsas como el altar mismo. Los botes simbolizan islas flotantes, y los Iwas de vibrantes colores que viajan en ellos son los desarraigados migrantes representativos del exilio en cualquier parte, pero particularmente importante en Miami. El complejo de objetos en medios mixtos de Duval-Carrié incluye una variedad de detalles ornamentales de plástico pintados para que sean rococó y estridentes. Cabezas retratadas, decoraciones, candelabros, floreros y un extraño surtido de accesorios nos recuerdan el lujo de la sociedad francesa de la isla durante la Colonia. El artista sintetiza elementos dispares en un gran espectáculo que es humorístico, kitsch y decorativo, a la vez que es una interpretación seria y sarcástica de los múltiples efectos de la migración sobre las gentes y sus dioses, quienes abandonan el desastre de la Tierra con ellas. 

Las migraciones han sido por mucho tiempo un tema de la obra de Duval-Carrié, así como de tres instalaciones anteriores (que se verán reunidas en la primavera de 2002 en el Museo de Arte de Davenport). También aparecen a menudo en los títulos de sus pinturas, o pueden leerse como subtexto, aunque no cabe duda de que su más reciente visita a Haití fortaleció su determinación de llevar su arte más allá de las visualizaciones meramente narrativas o imaginativas de su historia, su paisaje, rituales y políticas, e infundirle nuevo significado, a la luz de los continuos fracasos del país. Las pinturas, los bastones de bronce y la instalación en faux malachite, titulada The Last Boat, en Paisajes: reales e imaginados, en la Galería Bernice Steinbaum, complementó la instalación del MAM y animó a los espectadores a familiarizarse más con las personalidades extrañamente pigmentadas y tatuadas que habitan su exótico mundo. 

El rostro fucsia del Iwa de las serpientes se eleva de las profundidades del océano para proteger todos los medios de transporte en Damballah, 2000. Sus ojos saltones revelan su don de visión penetrante e iluminación, y plumas de fuego se alzan de su cabeza como las de Esher Legba, quien protege los cruces de vías y los portones. Aviones de juguete le restan valor a la seriedad de esta aparición. 

Los juguetes y el humor abundan en la obra de Duval-Carrié, vaciados a menudo en marcos de resina o pegados a su superficie. En la maravillosa pintura titulada Crocs and Ladders, (Cocodrilos y escaleras) 1999, el artista se inspira en un juego de niños basado en una antigua tradición hindú de movimientos de la adivinación asociados con el zodiaco. Duval-Carrié coloca a un hombre negro en el centro de este falso paisaje, en una situación sin salida de la cual ni siquiera un vidente podría salvarlo. El artista no sólo encuentra el juego y los signos del zodiaco visualmente interesantes, sino que los usa para explorar arreglos espaciales y posibilidades artísticas que van más allá de lo simplemente figurativo o tradicionalmente aceptable. 

Marcos, objetos adicionales, cristales y matrices complican el carácter de su obra a medida que él investiga constantemente la pintura y la escultura como formas únicas del arte. Recurriendo a una multiplicidad de fuentes, y sintiéndose completamente tranquilo con el plagio de materiales, temas y simbolismo para crear su propio vocabulario personal de formas e imágenes, para un comentario visual sobre la difícil situación de su país, Edouard Duval-Carrié emplea el humor y el dolor como soluciones estéticas cuando todo lo demás parece fallar. 

CAROL DAMIAN

Edouard Duval-Carrié, por Carol Damian | artnexus