Exposición Individualene 2001 - mar 2001· Por José Manuel Springer

Demián Flores Cortés

Museo de la Ciudad de México

El pasado domingo fui a las luchas. El museo de la ciudad de México se había convertido en una arena. El cartel presagiaba un enfrentamiento entre las estrategias del encordado y las artes gráficas. La sensibilidad popular y la catarsis. El Brazo de Plata vs. El Shocker, alternando con los grabados de Demián Flores Cortés. La gente se arremolinaba para observar la contienda en el patio del palacio del marqués de Calimaya.

 La popularidad de la lucha libre no es gratuita. En este espectáculo, mezcla de mito y rito, se concentran la fantasía, el enfrentamiento entre el bien y el mal, la estrategia y la fuerza bruta, con el barroquismo visual. El tratamiento de la lucha libre en el arte ha llegado a formar un subgénero de las artes, que se encuentra a la par del retrato, el desnudo o el bodegón. Así como en las luchas, las artes visuales tienen también sus técnicos y rudos. Demián Flores (Juchitán, 1971) es de los técnicos más depurados en esto de la expresión de una forma de vida enmarcada por el cuadrilátero. 

Exposición Individual: Demián Flores Cortés — imagen 1
Arena Mexico/Xilografia

Con un pulso dibujístico muy depurado, Demián Flores retrata al ubicuo gladiador de corpulenta figura, que no es otro que el representante del espíritu popular de la lucha. Los 50 grabados expuestos resumen la ideología del luchador: no dejarse vencer y prevalecer sobre cualquier enemigo y aceptar la derrota con dignidad. Las máscaras abundantes permiten mantener el anonimato y facilitan el intercambio de identidades. La victoria elegíaca y la derrota trágica son sólo los parámetros en los que se mueve la vida. Cada lucha es una puesta en escena del conflicto, y cada llave una forma de superación del mismo. 

La exposición llama la atención por su prestidigitación gráfica. La obra es un compendio que demuestra cómo el grafismo se ha convertido en elemento primordial de las artes visuales de la última década. Tipografías sin patines, carteleras antiguas, textos dibujados, pintados y recortados, collage de periódicos, son combinados con técnicas propiamente artísticas: la xilografía, el grabado a la punta seca y la serigrafía. Demián Flores es elegante en su trazo, sobrio en su uso del blanco, negro y rojo, ágil para decir y contundente en su impresión. La obra del juchiteco es una manera de ver con los medios que ofrece la comunicación gráfica relacionada con este espectáculo. 

Sin alterar su significado o incurrir en la paráfrasis irónica, los grabados convierten la lucha en derroche de formas plásticas. Los valores artísticos están asociados a la figura carnal del luchador, su ballet de movimientos y la teatralidad de su máscara. Escondidos detrás del dibujo, que en ocasiones es denso, en otras parco, se encuentran plasmados tenuemente otros signos de un pasado mítico: conejos, serpientes prehispánicas, detalles floridos. 

Esas referencias entremezcladas hacen pensar en la fusión de nuestros pequeños ideales, aquellos que forman parte de nuestro ser individual. Quién no se ha sentido en alguna ocasión un luchador, un héroe anónimo, abatido por la costumbre, con victorias arregladas por fuerza de las circunstancias, o quién no se ha subido al trono de la victoria, disfrutando los logros de los héroes, como si fueran los propios. La lucha libre es una metáfora de la vida en común. 

En la exposición paralela que presenta Demián Flores en la galería del centro de arte El Aire, el discurso de las luchas ha sido tratado por medio de la pintura, con economía de medios, pero no con la misma efectividad. Para mi gusto, estas obras carecen de la fuerza y claridad que alcanza la gráfica. 

Llevando la comparación un tanto lejos, podría decir que Demián Flores es técnico en la gráfica y rudo en la pintura. Las pinturas tienen una atmósfera más claustrofóbica y más estetizada que las gráficas. Combinan el chorreado y salpicado con el uso de esténciles y rótulos gráficos. No tienen el sentido de movimiento de las imágenes dibujadas y dan la idea de patrones impresos sobre la tela. 

Hay en la obra de Demián Flores un resabio de la pintura juchiteca. El gusto por los colores tierra y los tonos apastelados, que se traduce en la celebración de lo vital: la acumulación de narrativas y la reiteración de motivos plásticos, como forma de plasmar la continuidad de la vida, el tono anecdótico popular de los temas y la ausencia de composiciones formales, que le dan su tono informal. Estos elementos han sido hilvanados de manera muy certera con el tema de la lucha. En su obra no hay el tan manoseado realismo mágico, el bestialismo o la zoofilia que caracteriza a tantos artistas juchitecos. 

Luego de ver ambas muestras, lo que perdura en mi mente es ese sentimiento que se encuentra en la multitud que asiste a la lucha con regularidad: el olvido del sentimiento trágico de la vida, la banalización del sufrir como una necesidad, el carácter efímero de los descalabros y las caídas, y la solidaridad con los que han hecho de los golpes y las caídas una forma de vida. 

JOSÉ MANUEL SPRINGER

Demián Flores Cortés, por José Manuel Springer | artnexus