¿Qué significa oponer resistencia en una sociedad o en un clima político opresivos? La resistencia es un acto de mantenerse firme, y el arte que se opone obstinadamente a las prácticas políticas o a las ideologías culturales de una nación ejecuta la delicada danza de un equilibrista ubicado sobre un profundo barranco. El peligro de retaliación política o social es real. Entonces, para ser efectivo, el arte que critica o busca la transformación política o social debe encontrar vías para manifestarse que puedan esconderse a simple vista.
En Cultural Critics, una sólida exposición de grabados de carácter político en la Galería Kellogg de la Universidad Politécnica del estado de California, en Pomona, organizada por el curador Patrick Merrill, la artista cubana Belkis Ayón (1967-1999), encontró en las fábulas de Sikan de su isla nativa una plataforma para hablar de raza y de subyugación femenina. Al permitir que esas historias de una heroína negra ocultaran su propia experiencia como mujer con herencia africana en una sociedad dominada por los hombres, sus imágenes desarrollaron su propia vida. Oscuras y perturbadoramente hermosas, sus imágenes colográficas hablan de una manera metafórica de las polaridades raciales y sexuales, de misterio, de religión y de temor al descubrimiento. Al igual que Elanore Antin, la artista feminista del performance, cuyas personalidades alternativas le permiten desaparecer dentro de la obra, la crítica social de Ayón está enmascarada pero permanece activa en la sociedad que observa las imágenes.

Ral Veroni, de Argentina, emplea el humor para comentar acerca de la inflación vertiginosamente disparada de su país, relacionando la creencia de una nación en el poder redentor de una buena economía con sus sentimientos sobre su propia valía. Empleando devaluados billetes de la época de la dictadura como “papel” barato para sus toscos aunque encantadores textos e imágenes, Veroni ataca la carencia de valor del dinero del gobierno, a la vez que permite que esa devaluación matice sus reflexiones sobre la vida y la búsqueda de la riqueza de estilo capitalista. Es un método similar al del artista estadounidense JSG Boggs, quien socava la eficacia y el poder del dinero dentro del capitalismo haciendo escandalosas falsificaciones de papel moneda y cambiándolas luego por bienes y servicios. Veroni también produce arte que pone de cabeza el diálogo económico, apropiándose de la discusión sobre el dinero y reestructurándola como un análisis sobre el valor, la ética, la moralidad y otros intangibles que él ve como parte de la “danza macabra” o la “lucha por la vida”.
Para el artista canadiense Carl Beam, la lucha por expandir el diálogo norteamericano de la cultura, para incluir la experiencia y la vida de los pueblos de la Primera Nación, a la que él pertenece, significa imitar los textos que codifican un paradigma cultural. Sus grabados combinan imágenes tomadas de libros escolares, enciclopedias y periódicos que muestran pueblos nativos y sus iconos culturales, junto con otros símbolos de la tecnología, la vida diaria y el pensamiento contemporáneos. Las yuxtaposiciones son a la vez perfectas y discordantes y convierten el diálogo convencional acerca de cómo sabemos lo que sabemos en algo menos fijo y más escalonado.

Como Beam, los artistas de Bosnia, devastada por la guerra, también oponen resistencia política rehaciendo las herramientas de la voz visual de la cultura. Para los Olímpicos del 94, el equipo de diseño de Trio, Bojan Halilovic y Dalida Durakovic, produjo afiches inspirados en el arte pop, que criticaban el mercadeo de Sarajevo al mundo. Responder a la intensa intermitencia de publicitar sus pulidos afiches hechos a mano y sin electricidad debido a la guerra subraya las dicotomías de las políticas globales, así como el corruptivo y perjudicial efecto de los altos riesgos de los juegos económicos sobre la conciencia de un país, ya que hacen de la cultura y los recursos pujas por un trozo de la economía mundial.

Para Jusuf Hadzifejzovic, un artista bosnio y musulmán expatriado que vive actualmente en Amberes, la invitación a exponer en la Bienal de Arte Centinje de 1994 realizada en Montenegro fue una oportunidad tensa e intensa de emplear ese foro público para poner de relieve el peligro real para su pueblo. Montenegro fue también el hogar de las unidades paramilitares especiales que regularmente incursionaban en territorio bosnio para masacrar musulmanes. Para la bienal, el artista tomó en alquiler un taxi y reunió a 21 miembros de su familia musulmana para hacer un retrato del grupo: hombres, mujeres y niños. La imagen resultante, expuesta públicamente en la bienal, es más terrenal que el peligro que creó para la gente que aparece en ella, pero, al igual que el título, The Fear of Drinking Water (El miedo a tomar agua), nos recuerda que la opresión hace que incluso las acciones más normales requieran valor. También enfatiza el imperativo moral demostrado por todos los artistas de la exposición: el deber del arte de concebir vías para contrarrestar el silencio impuesto por la opresión.
SUVAN GEER

