Hace más de un siglo, la familia Peugeot dio renombre a Montbéliard, una pequeña ciudad del este de Francia, al implantar en ella son fábricas de automóviles. Actualmente esta pequeña población se halla en la encrucijada de grandes centros de arte como Basilea, Estrasburgo y Frankfurt. Desafortunadamente, la rica dinastía de empresarios no se interesó en el arte, confirmando la indigencia del coleccionismo francés y del capital privado, antes del florecimiento en años recientes de Fundaciones prestigiosas y mediáticas como Cartier o Pinault, u otras menos conocidas pero no menos activas como la Fundación Coprim (inmobiliaria) o EDF (Electricidad de Francia).

El Centro Regional de Arte Contemporáneo, llamado El 19, abrió en 1997 sus puertas a la creación actual, en lo que era un garaje de fines del siglo XIX. Dirigido por Philippe Cyroulnik, conocido por su interés en el arte rioplatense, el Centro organiza cada año varias exposiciones, en colaboración con otras instituciones públicas o privadas (cinco en la sede y tres o cuatro en el exterior). Justamente, la exposición Buenos Aires in & out contó con la colaboración de la Galería Ruth Benzacar y la Fundación Antorcha de Buenos Aires. Desde el título hasta el concepto, la idea pretende ser clara: mostrar una selección de artistas argentinos escogidos tanto en París como en Buenos Aires, integrándolos a un medio cultural nombrado explícitamente. Con una muy buena escenografía, que explota el espacio en función de “familias”, ubicando las grandes telas a distancia y las instalaciones en espacios cerrados. Cada artista presenta tres o cuatro obras, permitiendo una representación individual consistente recogida en un excelente catálogo, que ofrece una imagen diversificada y de calidad de una parte de la creación joven argentina, con un equilibrio entre figuración y abstracción, neopop y cinetismo.
Sin embargo, es de lamentar que la selección hecha en París no haya sido más amplia. Artistas como Marcela Gómez, Ruth Gurvich o Leandro Berra hubieran podido enriquecer la selección. Dos pintores “parisinos” invitados: Octavio Blasi con obras antiguas y conocidas de principios de la década de 1990 (que forman parte de su serie satírica sobre el mercado del arte), pese a que ahora presenta un nuevo compromiso formal de espíritu constructivo y minimalista que se halla en las antípodas de su primera etapa crítico-figurativa. Acaba de presentar esta nueva serie en el Centro de Arte Contemporáneo de lvry, y hubiera sido interesante apreciarla en esa muestra. Martin Reyna muestra un trabajo sobre la dilución y el deslizamiento de la materia, sobre el desvanecimiento de formas y colores, entre transparencia y opacidad (tres grandes formatos de 1998 y 2000), expresando la atmósfera de gestualidad matérica que el pintor busca desde hace varios años.

Argentina, con cinco artistas: Rosana Fuertes, Pablo Siquier, Carolina Antoniadis, Fabián Burgos y Daniel Ontiveros, constituyendo una representación a la vez personalizada y diversificada. Rosana Fuertes dispuso de una sala entera para presentar una instalación en la que con humor e ironía hacía referencia a la historia política contemporánea de Argentina y a sus políticos. Con este propósito, utilizó a Miguelito, el personaje de Mafalda, y a Mickey, para formular una interrogación muy convincente sobre la política de su país: un trabajo en las fronteras de la historieta, de un conceptual muy referencia 1 entre imágenes y textos, con citas de escritores y políticos argentinos, pero también de la pintura, a través de un fresco realizado directamente sobre toda la pared entera. Carolina Antoniadis presentó cuatro grandes formatos sobreponiendo tiempos e iconos, recurriendo a la incrustación de imágenes sobre fondo narrativo. Haciendo evocaciones formales de la tapicería medieval o de circuitos de computadoras, sus elementos intervienen a la manera de puntuaciones, para interrogar en sus telas, la imbricación del trabajo humano, del tiempo y de las técnicas, con un cierto “preciosismo barroco” que se emparienta con el trabajo de la mexicana Alicia Paz.
El espacio de la tela se vuelve juego de sombras y de luz, pero también pretexto para las rupturas en el dominio racional de la ciencia y sus lógicas constructivas, con la presencia de Fabián Burgos y Pablo Siquier. El primero manifiesta una sutil delicadeza en sus “puntillismos” organizados y en sus “arabescos” geométricos, mientras que el segundo organiza el espacio de una manera a la vez fragmentaria y laberíntica.
Daniel Ontiveros dispuso de un espacio individual. Su instalación denominada Taumaturgia (2000), se compone de siete “obras” que hablan de la dictadura, de la dominación norteamericana y de la pobreza en Argentina. Sin embargo, la obra más directamente politizada del conjunto ganaría eficacia e impacto si el artista hubiera podido ser más conciso, es decir, lograr una presentación más concentrada y menos dispersa, reduciendo a lo esencial los símbolos redundantes de su discurso.
Pese a todo, el amor a la pintura guarda una ejemplar carta de ciudadanía en la obra de la mayoría de estos artistas, para quienes la interrogación de la sociedad, con medios muy distintos, se halla en el centro de las preocupaciones plásticas y conceptuales. Su sentido crítico, su espíritu irónico, imprevisible y burlón de todo tipo de clichés artísticos, culturales o sociales enriquecen figuras, iconos e imágenes, para construir estéticas personales, abiertas y móviles.
CHRISTINE FRÉROT

