La Galería de Arte Nacional de Caracas, dentro de su propósito de estudiar y dar a conocer las diversas épocas del arte venezolano, viene diseñando exposiciones en las que se indaga en períodos y movimientos específicos a través de obras pertenecientes a su colección.
Dentro de este contexto se llevó a cabo la muestra Abstracción geométrica, una pequeña pero significativa exposición que reunió obras epígonos de la primera vanguardia geométrica venezolana, periodo decisivo para el desarrollo ulterior de las artes plásticas de nuestro país, que tuvo sus más importantes realizaciones alrededor de la década de 1950.
El proceso que condujo a esta renovación comenzó a finales de la década de 1940 cuando se gesta todo un movimiento artístico que buscaba apartarse drásticamente de las tradiciones figurativas que venían imperando hasta entonces en el arte nacional.

Varios artistas venezolanos radicados para entonces en París, se plegarán a la tendencia vigente en la capital francesa: la abstracción geométrica, conformando el grupo Los Disidentes, y fundando una revista homónima en la que expondrían, virulentamente, sus puntos de vista sobre el nuevo arte y sobre la necesidad de abandonar la tradición figurativa.
Los Disidentes vieron en el lenguaje depurado de la abstracción no sólo un medio de renovación de las artes plásticas venezolanas sino una vía para insertar estas propuestas, y con ellas, la cultura venezolana, en el discurso plástico internacional.
Entre estos disidentes, se hallaban figuras tan relevantes hoy en día como Jesús Soto, Alejandro Otero y Carlos Cruz-Diez. Los otros miembros de la disidencia parisina tomarán posteriormente vías disímiles: seguirían cultivando el geometrismo, abandonarían estos lenguajes a favor de búsquedas plásticas de otra índole, o se dedicarán a la crítica de arte y otras disciplinas humanísticas.

Aparte de los ya mencionados, Mateo Manaure, Pascual Navarro, Perán Erminy, Narciso Debourg, Carlos González Bogen, Armando Barrios, Luis Guevara Moreno, Rubén Núñez, Alirio Oramas, Oswaldo Vigas, Miguel Arroyo y Omar Carreño conformaron este grupo, que tuvo como programa artístico el rechazo a todo lo anecdótico y la búsqueda de una expresividad intrínseca en los elementos plásticos, esto es, la necesidad de hacer entender la obra como un universo lingüístico propio. Estas búsquedas los llevaron a realizar obras que marcaron una transformación radical del panorama plástico nacional.
La exposición de la Galería de Arte Nacional fue curada por Ernesto Guevara, quien realizó una escogencia depurada en la que logró mostrar las diversas tendencias en las que se manifestó la abstracción. Así, podemos ver piezas tan relevantes como Sin título, de Carlos González Bogen, y Cuadro No. 1, de Dora Hersen, ambas de 1953, caracterizadas por una síntesis extrema que las emparenta con el suprematismo; la Composición, de Luis Guevara Moreno (1952), donde se verifican los intentos de estos artistas de trastocar la tradición del cuadro-ventana; la Composición de Jesús Soto, que establece un juego visual dinámico de líneas que se superponen en dos planos (uno de plexiglás y otro de madera) y que de alguna manera prefigura sus búsquedas en el cinetismo; el hermosísimo Coloritmo 19 (1957) de Alejandro Otero, entre otras.
Sin duda, esta exposición no sólo ha constituido una muy buena oportunidad de volver a ver obras quizás un tanto “olvidadas” de Rubén Núñez, Omar Carreño, Carlos Cruz-Diez, Ramón Vásquez Brito, Víctor Valera y tantos otros maestros del arte venezolano; también nos invitó a reflexionar en torno a esta especial época de nuestras artes y de nuestra historia que, vista a la luz de la contemporaneidad, fue fundamental para la superación de lo que podría llamarse un estadio plástico premoderno, y para la inserción de los problemas fundamentales de la modernidad dentro del discurso plástico nacional.
KATHERINE CHACÓN

