La subasta latinoamericana de la última temporada en Nueva York no tuvo la recuperación que se esperaba. Algunas de las pinturas de alta calidad se vendieron a los precios estimados, pero muy pocas los superaron, y la mayoría de las obras de mediano precio ofrecidas durante las subastas nocturnas se demoraron mucho en encontrar comprador o no se vendieron. La difícil situación del mercado se sigue atribuyendo a los problemas de la región y al enfriamiento de la economía de los Estados Unidos. Los compradores latinos todavía ven el arte como un artículo de lujo, o les da mucho temor permitirse esos gustos en estos tiempos. Tal como sucede en cualquier otra región que vaya camino a la evolución, que no haya tenido acceso del todo a lo que económicamente se describe como Primer mundo, los compradores latinoamericanos siguen aferrados a la idea de que el arte es un gasto irrecuperable, en lugar de verlo como una inversión de mínimo riesgo que en las economías del Primer mundo se ha hecho casi equivalente a valores de la bolsa.

También es importante anotar que, aunque siempre ha existido interés tanto de compradores latinoamericanos como europeos en el mercado latinoamericano, los precios son mucho más altos ahora de lo que eran hace unos años, y es muy difícil para algunos participantes del mercado internacional de arte comprar una pieza entre US$600.000 y US$800.000, con los cuales se puede obtener mucho más en otros campos del mundo de los coleccionistas. Las pinturas latinoamericanas de alta calidad están ahora cercanas a los US$800.000/ US$1.000.000 (o más, para obras realmente excepcionales), y es muy difícil para los coleccionistas interesados en otros campos saltar a primera plana en cuestiones de arte latinoamericano cuando el porcentaje de lotes vendidos durante la subasta no llega tan siquiera a lo que una sola casa reportaba por temporada hace unos años. Christie’s fue la más perjudicada, ya que sólo vendió 40% de los lotes. Sotheby’s subastó menos obras, aunque más comerciales, con menos pinturas por encima de los US$500.000, que en la última temporada. Por supuesto que estas medidas preventivas valieron la pena, además de que establecieron precios bajos para atraer a los compradores. Es interesante anotar, al comparar los catálogos, que una gran parte de las pinturas importantes, de US$300.000 y más, no se vendieron, a pesar de la calidad ofrecida. Uno de los temas más importantes de las discusiones previas a la subasta fue el del ofrecimiento de Christie’s de una gran colección privada que estaba por encima del precio estimado; de seguro, una situación peligrosa cuando el mercado está tan sensible en cuestión de precios, como sin duda lo está ahora.

Al parecer, en esta temporada la pintura cubana tuvo un descenso. Durante la velada en Sotheby’s, todas las pinturas cubanas de importancia con un estimado de US$100.000, o mayor, quedaron sin comprador. En Christie’s, la bella y temprana obra Éxtasis de Roberto Diago se vendió en US$80.000, aunque por debajo del estimado de US$100.000/150.000. Ese fue el segundo precio más alto y un récord mundial para el artista. El más alto fue de US$95.000 y lo obtuvieron simultáneamente un Larraz en Sotheby’s y un Lam en Christie’s. Estos precios son un poco inusuales, si se considera que nos habíamos acostumbrado a que las pinturas cubanas de cierta calidad fueran adquiridas por una cifra entre los US$100.000 y US$200.000, y ocasionalmente por un precio mayor dependiendo de lo excepcional de la obra.
Sin embargo, esa calidad fue el factor ausente en ambas casas, pues todas, las obras ofrecidas en esa categoría estaban dentro de un rango medio.

Los precios del material de alta calidad están por lo general en el centro de la competencia más dura entre las casas, pero, tradicionalmente, los precios altos han desanimado a los compradores, y la subasta latinoamericana no fue la excepción a esta regla. No obstante, el mercado latinoamericano es más sensible a las percepciones de los compradores y más sensible de dejarse influenciar por los rumores. A diferencia de otras áreas del coleccionismo en las cuales los compradores entendidos conocen bien las fluctuaciones de los precios, los compradores de Latinoamérica son mucho más susceptibles de malinterpretar los resultados, debido a que hay una parcialidad cultural en contra de la información oficial.
La subasta de Sotheby’s incluyó la venta exitosa de la miniatura de Frida Kahlo titulada Autorretrato, que alcanzó el precio estimado más alto al venderse por US$200.000. Únicamente uno de los dos retratos de niños de Rivera se vendió por US$500.000, el límite más bajo calculado. Una de las pocas pinturas cuyo precio se elevó por encima de lo previsto en esta temporada tan cautelosa fue India Xochil, de Alfredo Ramos Martínez, vendida por US$200.000, muy lejos de los US$60.000/US$80.000 que se había estimado. La hermosa obra Sandías, de Tamayo, que aparecía en la portada del catálogo, y que ya había estado en la portada del catálogo de abril de 1978, se vendió en US$1.100.000, la mitad del precio propuesto. La hermosa pintura cubista de Ángel Zárraga se vendió muy bien, en US$400.000, por encima del precio estimado. La portada del catálogo de Christie’s era una preciosa Portinari, Girl combing her hair, que no se vendió, a pesar de su excelente manera de representar el arte modernista asimilada por un talentoso artista latinoamericano que captó con éxito el inherente patetismo de la cultura. Se rumoró que el alto precio estimado fue la causa de que esta obra no se vendiera.

También hubo grandes pinturas mexicanas para la venta, pero pocos interesados. La hermosa Paisaje de Juchitán, de Toledo, se vendió en US$400.000, un nuevo récord mundial para el artista. Otro récord mundial fue la hermosa bailarina de ballet, con reminiscencia de Degas, que logró un precio de US$170.000 para el argentino Valentín Thibon de Liban.
El arte contemporáneo tuvo un buen desempeño en las subastas, si se consideran las dificultades del mercado. Las dos bellas obras abstractas de Mira Schendel tuvieron comprador en Christie’s, al igual que el hermoso No. 57 de Sergio Camargo, que se vendió por encima del estimado, en US$15.000. Homenaje a Fontana II, una pieza interesante de Nelson Leirner, fue adquirida por US$16.000. La obra amarilla de Soto, La Grande Jaune, se disparó por el cielo con un precio de US$38.000 cuando el estimado era de US$10.000 US$14.000. La obra Geography=War, de Alfredo Jaar, también se vendió por encima del estimado en US$24.000. En Christie’s la escultura de la era espacial, de Ernesto Neto, fue adquirida por su estimado alto, en US$30.000, y la bella escultura de Nelson Felix con matices precolombinos, también estuvo por encima del estimado, en US$16.000. En Sotheby’s, la obra Panorama de la ciudad de São Paulo, pintada en 1821, por encargo del emperador don Pedro I al artista Arnaud Julien Pallière primera vista panorámica que se conoce de esta ciudad—, se vendió por US$830.750; su estimado era de US$600.000/US$800.000. También en Sotheby’s, la obra de Peter Von Artens, Limones, 1998, fue adquirida por US$49.600, precio récord para el artista. Su estimado era de US$15.000/ US$20.000.

Se espera que la subasta mejore para la temporada de primavera. Por ahora, éste sigue siendo un mercado muy sensible a los precios, en donde la mayor atracción o el detrimento de los lotes será determinado por los precios estimados impresos; si los compradores creen que el precio es atractivo, habrá competencia, pero si la percepción es la opuesta, la calidad o exclusividad no son las que en últimas van a vender.
MARÍA JOSÉ RAMÍREZ
Coordinadora Editorial de ArtNexus.

