La joven generación francesa todavía no se halla plenamente identificada, ni en Francia ni en el extranjero, pese a que posee una marcada especificidad. Se trata de una generación de gran independencia frente a las ideas estéticas que han dominado la década de 1990. Su signo distintivo se lo da el estar integrada por personalidades fuertes y “testarudas”. Aún más que sus predecesores, sus integrantes están marcados por el hecho de que hoy es muy difícil ser artista, ante la presión ejercida por los medios de comunicación y sus imágenes industriales. Es la primera generación para la que el mundo dominado por los medios es el único que sus miembros han conocido. La Guerra del Golfo y el choque mediático que produjo constituye sólo un episodio de su vida adolescente. Esta generación concibe en general la condición del artista como una lucha por la independencia del creador frente a la fuerza de la esfera comunicacional del mundo contemporáneo. Por eso, su tratamiento de la imagen es mucho menos distante, analítico y aun nostálgico que el de la década de 1990. Sin embargo, no se trata de una nueva generación “pragmática” o “cínica”. Si sus miembros no critican más las imágenes mediáticas del mundo exterior es porque, pese a todo, intentan inventar imágenes e ideas visuales inéditas. De ahí que sus propuestas sean focalizadas, extremadamente vigilantes sobre la independencia del artista y sumamente críticas. Desde la paradigmática toma de conciencia del problema de la imagen, por parte de los artistas contemporáneos a principios de la década de 1980, se planteó una oposición a la imagen industrial, a través de la espontaneidad expresionista, o por métodos deconstructivistas que ponían en evidencia la lógica y el funcionamiento interno del nuevo mundo ilusionista y las relaciones de poder de las imágenes electrónicas. La nueva generación abandona esta mirada “exterior” en beneficio de una reafirmación espectacular del artista como inventor y creador de otras imágenes, inéditas y sin clichés.

La independencia frente a los predecesores está ligada al hecho de que se trata de la primera generación que no experimenta el arte moderno como una copresencia, una obligación o una norma de algún tipo. El arte de los últimos 20 años fue muy retrospectivo, capturado por el vocabulario formal y el modelo institucional, espiritual y estético del arte moderno. La joven generación se compone en lo esencial de artistas nacidos durante la década de 1970, con la invención de un arte contemporáneo desligado del rigorismo modernista. El arte moderno significa para ellos un horizonte lejano y antiguo. Pese o quizás a causa de la enseñanza artística en Francia, más vinculada a la actualidad artística, se trata de una generación sin modelos dominantes. Las preocupaciones de “lo políticamente correcto”, como la igualdad de los sexos y las minorías, la crítica institucional del “sistema del arte” y la reinversión ideológica en las normas modernistas, han desaparecido rápidamente. El gran desafío de esta generación consiste en inventar conceptos visuales contra la sociedad de las imágenes, fuera de toda nostalgia y toda relación histórica con el arte moderno.
Tercera observación: esta generación no se halla impresionada por un medio en particular y no reconoce la predominancia de ninguno de ellos. La mayoría de los artistas practican el ir y venir entre diferentes medios de expresión, sin que una especificidad o una historia particular sea atribuida a una u otra materia expresiva. La nueva generación aprendió en la escuela el multimedia, en el que integró incluso a la pintura, pero no se preocupa excesivamente por él. El problema no se halla ahí, sino en la voluntad de inventar nuevas formas, imágenes y comportamientos.
Este último aspecto es especialmente importante en el caso de Christelle Familiari, una artista que ya ha sido destacada en varias oportunidades, aunque sigue siendo relativamente poco conocida. Sus obras implican una relación directa con el comportamiento, porque incitan al espectador a experimentar, o porque formalizan experiencias personales indeterminadas. Pese a la aparente banalidad de sus puntos de partida, las obras de Christelle Familiari desbordan intensidad. Su trabajo es particularmente abierto y múltiple en sus formas. Actualmente se desarrolla paralelamente en diferentes direcciones, manifestando un gran talento que muy pronto puede adquirir su verdadera dimensión.
Alain Declercq interroga las condiciones de expresión y aparición del artista en la sociedad postmoderna. Su obra atraviesa los medios más diversos, desde la instalación sonora (un dispositivo con micrófono y amplificador que convierte al espectador en el autor de un cortocircuito) y formas y acontecimientos escultóricos (automóviles “Smart” girando sin tocarse, un juego reducido de ping-pong), hasta grabaciones en video aparentemente sobrias y “pobres” que ponen en escena al artista en aspectos cautivantes. De lo que se trata siempre es de interrogar la tautología fundamental de la obra para provocar un momento insólito que atribuya al arte su necesidad en un mundo saturado de imágenes.
ROBERT FLECK
Crítico de arte y colaborador de la revista Beaux Arts.

