Exposición Individualnov 2000 - ene 2001· Por Marianne De Tolentino

José Cestero

Centro Cultural de España

En nombre de la urbanización y al amparo de poderosas empresas, naturaleza —agua no contaminada, fauna y flora—, ríos y riberas, otrora encantos de Santo Domingo y sus alrededores, zona llamada Cinturón verde, van en camino hacia la desaparición. 

Parte de una imprescindible cruzada ecológica entre conferencias, artículos y artes visuales es la exposición de José Cestero, Ozama gris, que te quiero verde. Se perfila como una de las mejores muestras individuales de 2000: a la seducción de la pintura, añade una preocupación vital. 

Exposición Individual: José Cestero — imagen 1
José Cestero. Humedales del río La Isabela, 1942. Óleo sobre tela. 50 x 60 cm.

José Cestero es uno de los grandes artistas dominicanos. Se comete una frecuente injusticia al no reconocer su inmenso talento, de tanta sensibilidad y sutileza... pero el primer injusto, y consigo mismo, se llama Cestero. Transcurren años sin que él exponga. Se desvanece en las calles mientras le buscan para una exposición internacional. No se autovalora a la medida de su fuerza artística. 

Felizmente, suerte de ave fénix del arte, renace de sus fugas y desventuras, y, con nuevos bríos, de repente sorprende con una exposición diferente. Eso acaba de suceder en el Centro Cultural de España, a través de 16 telas, paisajes y también algunos retratos. José Cestero viajó por el Cinturón Verde y recorrió el río Ozama, La Isabela, la laguna Manatí, el Cachón de la Rubia. Estremecido, grabó en la memoria las impresiones de su periplo. 

El artista ama la poesía y es un poeta: lo señalan sus anotaciones en el mismo cuadro. Ama la música y es un músico: aquí siguió ritmos de La consagración de la primavera y de Cuadros de una exposición. Ama el humor y es un humorista, pero el tema se tornó grave, y sólo percibimos sonrisas furtivas en los retratos. El drama de la naturaleza agredida no tolera la ironía. 

La muestra se centra en un vasto tríptico, elocuente desde la imagen hasta el título, Cinturón verde agónico. Con su propio concepto del mundo, José Cestero interpretó el medio ambiente: lo miró, lo recordó, lo pintó. La tela está sembrada de signos, escritura de los centenares de casuchas que invadieron los espacios ribereños. Áreas verdes claman que la vegetación todavía existe, y el agua se esfuerza por preservar azules... ennegrecidos. Se trata de la obra más pesimista, angustiante y acusadora del conjunto. 

José Cestero no imita lo que ha visto. Deforma, conforma y reforma a su guisa. Vierte en los espectáculos de la naturaleza —como lo hace para la ciudad y los retratos— vida interior y fantasía. Sus árboles son metáforas fascinantes. Así, el pintor, con la varita mágica del pincel, puede, él nos lo explicó, cambiar arbustos en cotorras, aves particularmente amenazadas. 

Tampoco calificaremos ese paisajismo como neoabstracción, a pesar de que, en varios cuadros, no hay delimitaciones formales, sino vibraciones verdeantes y palpitaciones azuleadas. Los elementos, llevados a la tela, son reales: lagunas, ríos, riberas, bosques. No son pretextos para puros efectos del color o de la materia. José Cestero devuelve, reinventándola, una naturaleza tan profunda, radiante y verosímil como la verdadera, pero la dota de sentimientos, de aprehensiones, de alma. Establece un diálogo entre esos paisajes y su deslumbramiento. Un mensaje, a la vez artístico y ecológico, pasa a través del pincel y el pigmento. 

Ahora bien, dentro de esa libertad de tratamiento que él controla poniendo un marco interior, delineado, a los escenarios, expresa su encanto ante el verde colorido del trópico. Convierte follajes y masas boscosas en esmeraldas gigantes, mientras comunica a ríos y lagunas tonalidades azulosas de esmalte, trémulas como los reflejos. José Cestero, al elaborar el boceto directamente con el pincel, procede mediante toques rápidos y, no obstante, la composición queda coherente, articulada, sólida. 

Algunos retratos completan la exposición. Ese género ha configurado exposiciones enteras del artista, legión de personajes, ¡donde los espectros del pasado estaban tan vivos como los protagonistas del presente! En esta muestra, el retrato queda detrás frente al clamor ecológico del paisajismo, verdor y verdad confundidos. El pintor propone retratos "idealizados", calificativo que emplea el mismo Cestero, con menos libertad y fantasía, que en su visión de la naturaleza, y sobre todo en multitudes de retratos anteriores. Tal vez, una cierta tensión se debe al propósito de idealización: no representó a sus héroes y amigos con el desparpajo que le conocemos. 

El arte no se desliga de los problemas y las necesidades de la comunidad, y la obra presente de José Cestero se compromete con la salvación del Cinturón Verde de Santo Domingo... o lo que queda de esa reserva natural. La causa del artista y de quienes luchan para evitar un desastre ecológico es también la de todos. 

MARIANNE DE TOLENTINO

José Cestero, por Marianne De Tolentino | artnexus