FIA 2000

Ignacio Iturria. Sin título, 2000. Óleo sobre madera. Detalle de 14 paneles: 250 x 100 cm cada uno. Praxis International Art.

Ferianov 2000 - ene 2001· Por Víctor Guédez

FIA 2000

Caracas, Venezuela

Abriéndose paso por los precarios intersticios de la recesión económica y de la transitoriedad política que vive Venezuela, se desarrolló la novena edición de la Feria Iberoamericana de Arte de Caracas. Lo importante es que los resultados del esfuerzo realizado se tradujeron en logros que excedieron las expectativas: se mantuvo la presencia de un importante número de galerías; las ventas fueron positivas así como la asistencia de público y el entusiasmo. La resonancia de las actividades paralelas organizadas por los museos y galerías fue expansiva. No parece exagerado afirmar que, a la luz de tales indicadores, la FIA de Caracas se mantiene como la más importante de América Latina. 

En esta oportunidad participaron 36 galerías: 20 extranjeras y 16 venezolanas. El número total de países representados fue de 12: Argentina, Alemania, Brasil, Colombia, España, Perú, México, Austria, República Dominicana, Uruguay, Estados Unidos y Venezuela. 

Feria: FIA 2000 — imagen 1
Armando Reverón. Uveros en playón, 1932. Firmado, 1940. Óleo y temple sobre tela. 72 x 82,5 cm. Foto: Carlos Beltrán. Galería MUCI.

Tres actividades asociadas a la FIA, se realizaron con éxito. La primera fue el III Salón CANTV de Jóvenes con FIA, que contó con el trabajo curatorial de Adolfo Wilson. Participaron 18 artistas, de los cuales la mitad eran venezolanos. El premio de este salón fue para la obra Tumores domésticos, de Alexánder Apóstol. Esta pieza estaba conformada por tres fotografías sobre papel que se afianzaban en metáforas cargadas de temperamento. Las menciones especiales fueron para Leonor Mendoza (Piedra, papel y tijera) y Yucef Merhi (Micrologos). Otra actividad asociada a la FIA fue el I Encuentro Iberoamericano de Fotografía: estéticas iberoamericanas, propuestas para el próximo milenio, que contó con la curaduría de María Luz Cárdenas y Manuel García. Esta muestra ocupó las salas 11 y 12 del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber y estuvo conformada por 50 obras de artistas pertenecientes a 10 países. 

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Alirio Palacios. De la serie Versiones 5, 1999. Carbón de madera, estuco, hojilla de oro sobre madera. 200 x 120 cm. Galería Ascaso.

A las dos muestras reseñadas se añadieron algunas actividades académicas, entre las cuales se destacan las conferencias de Manuel García sobre “Metáforas del cuerpo”, de Nelson Garrido sobre “Estética de la violencia” y de Fernando Castro Flórez sobre “La fotografía del olvido”. También debe subrayarse una intervención del mismo Fernando Castro Flórez sobre el tema “Abriéndose paso a puñetazos”, en el marco de un performance sobre boxeo, realizado por Domingo Sánchez Bravo. 

La otra novedad es el espacio ambientado por AGFA de Venezuela, en el cual se presentaron las fotografías premiadas en catálogos internacionales. 

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Valeska Soares. Sin título (Delivery II), 1999. Vidrio, goma, metal y perfume. 130 x 30 x 2,5 cm. Galería Camargo Vilaga.

Los invitados especiales de esta edición fueron los artistas Ignacio Iturria, de Uruguay; Alirio Palacios, de Venezuela; y Marta María Pérez Bravo, de Cuba. En lugar de traer sus cuadros ya elaborados, Iturria decidió concretar su obra en el sitio. Fue así como tomó algunos de los paneles con los que se estructuran los espacios de la feria, y los intervino para promover luego su integración, a la manera de una ambientación. El resultado fue extraordinario. Esa determinación repotenció el despliegue de impulsos expresivos cargados de temperamento y fundamentados en una resonancia expansiva que colmaba la atmósfera y afectaba los espacios. Simultáneamente, podían verse cuadros de Iturria, de formato convencional, en los espacios de la Galería Praxis Arte Internacional, de Argentina. Marta María Pérez Bravo fue la otra extranjera invitada. Esta artista es muy conocida en Venezuela, debido a las numerosas exhibiciones de sus obras en los museos y galerías del país. El tema del sincretismo religioso y de la amalgama multicultural de Cuba, en particular, y de los países caribeños, en general, adquiere en sus fotografías una dimensión conmovedora y enigmática. 

Alirio Palacios, por su parte, aprovechó el homenaje para reunir en los espacios de la Galería Ascaso (Valencia - Venezuela) un conjunto de piezas recientes. El artista ratifica aquí su arraigado vivencialismo. Memorias y raíces se funden en cada una de las recónditas miradas de sus personajes. 

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Marta María Pérez. Más que un árbol, 2000. Fotografía blanco y negro. 50 x 40 cm. Galería Luis Adelantado.

El recorrido se inicia con la Galería Francisco Náder de República Dominicana. En medio de una gran cantidad de cuadros llenos de colores estridentes y de inclinaciones comerciales, allí se destacaron dos piezas: una de Édgar Sánchez, de 1991, titulada Visión, y la otra, un excelente cuadro de 1972, Sin título, de Wifredo Lam. De inmediato encontramos, como antítesis, los espacios armónicos y definidos con criterios estéticos, de la Galería Sextante. Ahí se congregan las metafóricas esculturas de Hugo Zapata con las enigmáticas piezas de Luis Fernando Peláez, las cuales respiran la atmósfera generada por los cuadros de Ricardo Benaim. Como en ocasiones anteriores, en estos espacios se apreciaron también hermosas ediciones de libros, así como grabados del taller Arte Dos Gráfico.

El stand tres lo ocupó la Galería D’Museo, con un amplio registro de firmas. Un Soto de madera y alambre de 1959, producía un atractivo especial y los sorprendentes ensamblajes de María Teresa Torrás despertaron la animada curiosidad de los visitantes. También se observó una crucifixión de Miguel von Dangel de 1996, así como cuadros de Eugenio Espinoza y José Mohamed. A estas piezas se añadían ediciones de obras múltiples de Jaume Plensa y Antoni Tàpies. 

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Bernard Roig. Sombra, polvo, nada, 2000. De Cuatro fragmentos místicos. Detalle de la instalación. Políuretano, cemento y pigmentos. 35 x 16 x 15 cm. Joan Gualta Art.

De frente se localizaba la exposición de la Graphic CB2 de Caracas, la cual estaba conformada por obras de Oswaldo Subero, Carlos Manrique, Augusto Barreda, David Gerstein y Nanin. De inmediato, la Galería Diners de Bogotá mostraba recias y atractivas piezas de Ramírez Villamizar, así como maquetas de la escultora argentina Marie Orensanz y pinturas de Guillermo Londoño, Luis Luna y Ana Patricia Palacios. 

Un atractivo de particular calidad lo ofreció la Galería Adriana Schmidt de Alemania. En estos espacios se conjugaban fotografías de Antonio Briceño Linares y Joan Fontcuberta, así como cuadros de Pedro Castrortega y una especie de instalación de Tucho Molina que se concretaba a partir de vestidos de goma y fibra de vidrio alusivos a vuelos espaciales e inspirados en metáforas bucólicas. Además, causaron mucho interés las esculturas de Faustino Aizkorbe, artista español. Estas piezas revelaban volúmenes abstractos que asumían formas caprichosas y orgánicas, así como fantasiosas y palpitantes. 

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Alexánder Apóstol. De la serie Tumores domésticos, 2000. Detalle. Fotografía. 100 x 70 cm. Premio del III Salón CANTV de Jóvenes con FIA.

 La Galería Durban, como en los años anteriores, mostró piezas de sus artistas Jesús Soto, Agustín Cárdenas y Fernando de Syszlo. De igual manera, la Galería Muci reafirmó la coherencia de un perfil y el sentido perseverante de un concepto estético. En medio de extraordinarias piezas de Manuel Quintana Castillo, Bárbaro Rivas, Carlos Hernández Guerra, Carlos Prada y Carlos Mendoza, entre otros, resaltaban tres piezas de Armando Reverón que, como siempre, convocaron la curiosidad y el análisis de los entendidos y del público en general. Particular mención debe hacerse del cuadro Uveros en playón realizado en 1932, pero firmado en 1940. En esta pieza, el temperamento del artista se hace sentir en todos los planos de la ejecución y en todos los matices de la atmósfera. No puede dejar de mencionarse que, en 2003, el MoMA de Nueva York presentará una retrospectiva de la obra de este artista. 

La variedad mostrada por la Galería Luis Adelantado de Valencia (España) también atrajo una amplia y conocedora audiencia. A las fotografías de Marta María Pérez y a las siempre apreciadas piezas de Carmen Calvo, se agregaban las expresivas obras de Santiago Ybáñez, las sensibles superficies de Emilia Azcárate y las atrevidas imágenes de Sergio Barrera y Carles Congost. El atractivo de este conjunto de resoluciones fue complementado con una iniciativa asumida por el propio Luis Adelantado, que insistió en reunir las fotografías de los personajes más asiduos y representativos de la feria, las cuales fueron mostradas y ofrecidas en venta simbólica durante el último día de la feria. 

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Santiago Cárdenas. El florero de Van Gogh, 1999. Óleo sobre lino. 100 x 130 cm. Galería Freítes.

Las galerías Cecilia González y Forum de Perú unificaron sus espacios. Aparte de las piezas de Silvia Westphalen, María Gracia de Losada y Fito Espinoza, debe destacarse especialmente el conjunto de piezas de Maricruz Arribas, conformado por herramientas fuera de escala que actúan por aglomeración o singularización, pero que siempre alteran las sensaciones y animan percepciones ambivalentes. 

Joan Guaita Art de España se hizo nuevamente presente con una interesante representación de artistas, dentro de los que destacaba un importante conjunto de obras de Bernardi Roig, ya conocido en Venezuela, y de quien igualmente se inauguró una amplia exposición en el Museo Jacobo Borges. Asimismo, se exhibían ejecuciones de Kcho, Manuel Mendive, Peter Phillips y René Peña. En el stand contiguo se localizaba la muestra presentada por la Galería Minotauro de Caracas. Cecilia Ayala, directora de la galería, decidió evocar lo que hacían los artistas con los que trabajó hace 30 ó 20 años. Bajo estos criterios pudieron apreciarse interesantes obras de Corina Briceño, Luis Caballero, José Gamarra, Wifredo Lam, Felipe Márquez, Roberto Matta, Alicia Penalba, Pancho Quilici, Carlos Zerpa y Gaudi Esté, entre otros. Esta última artista estuvo representada por dos sugerentes esculturas que removieron la memoria acerca de lo fuerte que ha sido su obra desde aquellos tiempos. Especial mención debe hacerse de El perro, de 1985. 

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Manuel de la Fuente. La última cena, 2000. Escultura en bronce. 350 x 90 x 70 cm. Foto: Asdrúbal Perdomo. Galería Acquavella.

La Galería Tejería Loppacher de Uruguay asistió por primera vez a la cita de la FIA y concretó su presencia con varios artistas de la llamada Escuela del Sur, cuyo eje de inspiración continúa siendo el maestro Torres-García. Aquí, los relieves, maderas, ensamblajes y colores se conjugan a partir de las orientaciones de un geometrismo sensible. Se aprecian obras de Angel Foong, Héctor Goitiño, Alcen Ribeiro y Adolfo Maslach. Este último sorprendió con unas piezas volumétricas de fuertes inspiraciones arquitectónicas y de acentuadas codificaciones constructivas. 

José Luis Fajardo y Santiago Cárdenas ocuparon los espacios del stand 22 de la Galería Freites. La serie de piezas de Cárdenas generaban una resonancia especial, ya que las alusiones a tableros o pizarras se presentaban como palimpsestos cargados de memoria y henchidos de una expresiva sensibilidad. Sobre esos fondos aparecían flores y objetos que expresaban una realidad intrigante. 

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John Fraser. El recuerdo, 2000. Óleo sobre lienzo. 130 x 62 cm. Galería Dimaca.

La Galería Aldo Castillo, de Chicago, presentó un registro de importantes artistas latinoamericanos, entre ellos: José Luis Cuevas, Siqueiros, Cándido Portinari, Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Oswaldo Vigas y Luis González Palma. Sus espacios también albergaron una escultura de gran escala de Alberto Cabalieri.

Como en años anteriores, la Kreisler Galería de Arte concretó su presencia con la exhibición de obras de Maria Luisa Campoy, Juan Díaz, Antoni Tàpies, Urban y Carlos Evangelista. Con análogo sentido de presencia se apreció el espacio ocupado por el Grupo Li, Centro de Arte. Varias fueron las piezas exhibidas, entre ellas las de Félix Perdomo, James Mathison, Julio Pacheco Rivas, Carlos Cruz-Diez, Carlos Zerpa, Oswaldo Vigas y Rafael Barrios. También se apreciaron en este stand las obras conjugadas de Harry Shuster y Gustavo Zajac, las cuales combinaban sensualidad y mitología, así como clasicismo y espiritualidad, a partir de formatos y soportes poco convencionales. La Galería Ocre participó por primera vez en la FIA, con artistas orientados hacia las especulaciones, ficciones y fantasías. Estos eran los casos de los cuadros de Henry Bermúdez y Pájaro. También participó por primera vez la Galería Dimaca, con obras de Pedro León Zapata, Alirio Rodríguez, Mateo Manaure, Rafael Barrios y Virgilio Trompiz. Igualmente, ocupaban estos espacios dos pinturas de John Fraser, maestro reconocido por su larga trayectoria y quien se recuerda mucho en Venezuela por ser el autor de la puerta metálica del foyer del Teatro Teresa Carreño. 

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Carola Bravo. Pedazos de luna, 1999. Instalación con grafito y carboncillo sobre mármol. 300 x 300 x 300 cm. Foto: Luis Becerra. Galería 39.

Tres galerías de Argentina formaron parte de la FIA: Gradiva Galería de Arte, Roberto Martín-Arte Contemporáneo y Praxis Arte Internacional. Austria también estuvo presente en la muestra con la Galería Art Trend Fine Art, la cual exhibió una muestra individual del artista brasileño Romero Brito. Al conjunto de piezas de este autor, se agregó una pequeña y hermosa pieza de Andy Warhol, de 1964. Con un carácter individual, se mostraron, igualmente, las obras de Pedro Sandoval en los espacios de la Galería Díaz Mancini, así como las realizaciones de Eduardo Arévalo en el stand 38, ocupado por la Galería Altamira Fine Art. 

Un significativo impacto estuvo asociado con la primera participación de la Galería 39 de Venezuela. El montaje y el ambiente se añadieron aquí a las piezas de Patricia van Dalen, Milton Becerra y Carola Bravo. Esta ultima exhibió una serie de ejecuciones pertenecientes a la serie Pedazos de luna, las cuales se integraban en un área que se convirtió en una atractiva instalación. 

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Aurora Cañero. Beso II, 2000. Detalle. Ed. 6 originales. Alto: 149 cm. Base: 22 x 22 cm. Galería El Museo.

Con un testimonio de convicción en sus artistas, la Galería Juan Ruiz insistió en concentrarse en la exhibición de las obras de Miguel Meza, Elvis Rosendo, David Lambert y Zaléz. Con una análoga actitud, la Galería Praxis International Art de México presentó ejecuciones recientes de Roberto Cortázar, Santiago Carbonell, Roger Mantegani y Bruno Widmann. 

El stand de la Galería El Museo, de Bogotá, estuvo nuevamente colmado por un amplio registro de obras. Se observaron las firmas de Luis Amaral, Ana Mercedes Hoyos, Óscar Muñoz, Paloma Navares, Nadín Ospina, Hugo Zapata, Aurora Cañero y cinco piezas (tres pinturas y dos esculturas) de Fernando Botero. En esta ocasión llamaron mucho la atención algunas obras recientes de Aurora Cañero, especialmente los personajes de su serie Soñando estrellas, los cuales están cargados de un extraño misticismo que, en ocasiones, no disimula un sentido sarcástico, así como un contenido intimidador. 

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Maricruz Arribas. Homenaje a lo cotidiano, 2000. Instalación en técnica mixta. 180 x 200 cm. Galería Forum.

Con el mismo criterio de la diversidad, la Galería Acquavella mostró las realizaciones de ocho artistas: Pablo Benavides, Nurit Birnbaum, Felipe Herrera, Darío Morales, Edgar Soberon, Cristóbal Toral, Rodrigo Benavides y Luis Montoya-Leslie Ortiz. Además, una buena parte de estos espacios se ocuparon con las últimas piezas escultóricas de Manuel de la Fuente, quien sorprendió con una obra de considerable tamaño y mayor monumentalidad, titulada La última cena. Esta escultura se convirtió en uno de los máximos atractivos de la FIA. 

La Galería 4-17 de España, como en oportunidades anteriores, acentuó la muestra de obras escultóricas de diversos formatos y técnicas. En esta ocasión se apreciaron obras de Josep Bofill, José María Casanova, María Escalona, Gaudi Esté, Mariano Matarranz y Carmen Spinola. A este grupo se sumaron varias piezas de Cristóbal Toral, entre las cuales se destacó una escultura de formato muy íntimo, pero de una extraordinaria monumentalidad, titulada La llegada. 

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Adolfo Maslach. Estructura generativa, 1999. Escultura en mármol. 70 x 70 x 80 cm. Foto: Asdrúbal Perdomo. Galería Tejerla Loppacher.

Una de las galerías que siempre convoca curiosidad es la Camargo Vilaça, de Brasil. Del amplio registro de obras deben reseñarse las formas de José Antonio Hernández-Díez, Leda Catunda, Efraín Almeida, Jac Leirner, Vik Muniz, José Resende y Miguel Rio Branco, entre otros. Una línea debemos dedicarla a Valeska Soares, quien presentó una sutil, y al mismo tiempo poderosa, pieza elaborada con vidrio, metal y perfume. Formalmente, la realización se asociaba con el aparato reproductor femenino, pero en realidad era un cilindro binario que operaba a la manera de un gotero. El simbolismo mágico de estas alusiones promovía una intriga muy desafiante. 

No podemos dejar de mencionar a la Galería San Francisco, la cual logró reunir una serie de piezas de los autores clásicos venezolanos. En estos espacios se mostraron obras de Mario Abreu, Armando Barrios, Federico Brandt, Manuel Cabré, Pedro Ángel González, Tomás Golding, Luis Alfredo López Méndez, Héctor Poleo, Bárbaro Rivas y Cornelis Zitman. A este grupo se agregaron también dos artistas jóvenes, Mariana Bunimov y Enrico Armas. 

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Faustino Aizkorbe. Torso, 1999. Bronce. 105 x 40 x 40 cm. Galería Adriana Schmidt.

El recorrido hecho podría conducirnos a una rápida apreciación de síntesis: ciertamente, este año el número de galerías participantes fue menor, el registro de firmas fue más reducido y los formatos de las obras fueron más modestos; sin embargo, el riesgo asumido fue mayor, debido a las circunstancias del país. Generalmente, ocurre que cuando se asume un mayor riesgo, se pueden aumentar las ganancias. Justamente, esto fue lo que ocurrió, con lo cual se confirma que la FIA sigue siendo más poderosa que las coyunturas inéditas que acompañan al país cada año. 

 VÍCTOR GUÉDEZ

Crítico de arte y miembro de la Junta directiva de la Galería de Arte Nacional, Caracas.

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