La década de 1930 presenció importantes acontecimientos en la historia del arte brasileño, dando continuidad a los propósitos de innovación plástica lanzados en 1922 con la Semana de Arte Moderno1. São Paulo fue el centro de tales acontecimientos. En esa época era una ciudad que comenzaba a metropolizarse ante el avance de los procesos de industrialización y el consecuente desarrollo económico y social que la llevarían, en las décadas siguientes, a transformarse en el principal polo económico del país.
En las artes plásticas, mientras en la década de 1920 se buscaba un diálogo con las vanguardias, junto a la construcción de la identidad cultural, la década de 1930 da lugar al surgimiento de jóvenes artistas cuya producción acogía informaciones del postimpresionismo francés, de los Macchiaioli italianos y la experiencia de los prerrenacentistas como Giotto. Esta nueva generación, en la cual se destaca el Grupo Santa Helena, realizaba una pintura abierta a la investigación plástica, dedicándose en especial al paisaje, pero produciendo también en el taller, en donde nacían naturalezas muertas, retratos, estudios de figuras humanas en composiciones de diverso tipo.

Los artistas del Grupo se sumaron, también, a la lucha por la apertura de espacios para exponer arte moderno en el medio cultural de la época. No existían museos, galerías de arte o centros culturales orientados hacia el arte moderno. El academicismo dominaba el gusto del público, acostumbrado a los Salones de Bellas Artes y a un mercado cultural marcado por tal estética.
La generación de pintores a la cual pertenece el Grupo Santa Helena fue responsable, en esa década, de un hecho significativo: colaboró intensamente para que se posibilitase un contacto del público con el arte de su tiempo. Estos artistas participaron en la organización de muestras colectivas, en locales que eran alquilados para realizar tales eventos. A través de estas exposiciones colectivas, insertadas en la búsqueda de renovación estética, surgió en la prensa nacional una crítica del arte modernista, colaborando con la consolidación de un nuevo circuito en el sistema artístico.
De esta forma, el Grupo Santa Helena estuvo presente en el proceso de afirmación del arte moderno en el contexto de la sociedad brasileña, hasta entonces acostumbrada a los patrones de la academia. Es posible afirmar que los jóvenes del Santa Helena formaron parte de la base humana que solidificó la implantación efectiva de la modernidad artística en el escenario cultural brasileño. En ese proceso, instituciones como la Sociedad Pro Arte Moderno (SPAM) y el Club de Artistas Modernos (CAM), a fines de 19322, así como los Salones de Mayo y la Familia Artística Paulista, que promovieron exposiciones colectivas en 1937 y los dos años siguientes, permitieron el acercamiento entre artistas plásticos surgidos en los primeros momentos del modernismo y los jóvenes talentosos que venían apareciendo y haciéndose permeables a los 64 influjos modernos3. En realidad, el Grupo Santa Helena nunca llegó a realizar una exposición como tal, durante el período en que se mantuvo constituido, pero colaboró efectivamente en el escenario general. Constituyó el núcleo de la Familia Artística Paulista, y algunos de sus componentes participaron en los II y III Salones de Mayo4 y en las Exposiciones del Sindicato de Artistas Plásticos5, así como en el Salón de Arte y la Feria Nacional de las Industrias y otras muestras colectivas, ya en la década de 1940.

El Grupo estaba conformado por los artistas (en orden alfabético): Aldo Bonadei (1906-1974), Alfredo Rullo Rizzotti (1909-1972), Alfredo Volpi (1896-1988), Clóvis Graciano (1907-1988), Francisco Rebolo Gonsales (1902-1980), Fulvio Pennacchi (1905-1992), Humberto Rosa (1908-1948), Manoel Martins (1911-1979) y Mário Zanini (1907-1971). Su formación se inició en 1935 en torno del taller de Rebolo Gonsales, una fuerte figura aglutinadora, en el edificio Santa Helena en la Plaza de la Sé, centro de la ciudad de São Paulo. Este edificio, básicamente de oficinas, reunía profesionales liberales, acogiendo en el primer piso un cine conocido como el Cine Santa Helena. Un poco más tarde, los artistas alquilaron una segunda sala de trabajo, vecina de la primera, ocupando así las salas 231 y 232. Este mismo edificio acogió también al Sindicato de Artistas Plásticos, surgido en 1937, así como al Grupo de Cultura Musical6, formado a fines de tal década.
Los artistas del Santa Helena eran inmigrantes o descendientes de inmigrantes7 y su formación se dio, en la mayor parte de los casos, a través de cursos en escuelas profesionales, como el Liceo de Artes y Oficios y la Escuela Profesional Masculina, ubicada en el barrio Brás, justamente donde vivían inmigrantes italianos y españoles.
Como observamos anteriormente, en São Paulo no existían instituciones culturales abiertas al arte moderno que pudiesen favorecer el contacto de los jóvenes artistas con el arte contemporáneo. Por otro lado, los artistas del Grupo Santa Helena eran trabajadores o pertenecían a la clase “media baja” y no contaban con la menor posibilidad de viajar a Europa para estudiar arte, como hicieron los modernistas de la década anterior. Siendo la enseñanza en las Escuelas de Bellas Artes tan sólo académica, se verían cercenados, igualmente, en cuanto a las posibilidades de obtener becas de estudio. De esta forma, el intercambio solidario que nacía del trabajo en talleres comunes motivaba el intercambio de informaciones que tenían sobre el arte y sus conocimientos y técnicas de pintura.
La producción de los artistas del Grupo Santa Helena se caracterizó por la libertad de búsqueda en el trabajo plástico y por la pintura al aire libre, además del trabajo en taller. Solían juntarse los fines de semana para salir a pintar en los alrededores de la ciudad, captando con su mirada la ciudad que se transformaba. Registraron la vida cotidiana del hombre simple, el trabajo en la agricultura que garantiza la supervivencia, pero retrataron también aspectos de la vida urbana, imprimiendo, en algunos casos, una tónica social. Pintaron también naturalezas muertas y flores, temas corrientes en el arte moderno.

Como fue señalado, absorbieron influencias del postimpresionismo; admiraban especialmente a Cézanne y a Van Gogh. Se nutrieron también de los Macchiaiolli italianos en la técnica de pintar, y admiraron la expresión simple de los maestros prerrenacentistas, como Giotto y Cimabue.
En su mayoría, estos artistas vivieron de profesiones artesanales, generalmente vinculadas al uso de tintas o al diseño: fueron pintores de brocha gorda, decoradores de interiores, especialistas en la ejecución de frisos, tipógrafos, entre otros trabajos manuales. Algunos de ellos tenían formación dentro de la tradición de la pintura italiana. Ya fuera por haber emigrado de Italia o por ser descendientes de italianos, tuvieron contacto con esa pintura, y su primer aprendizaje se realizó en diálogo con la misma.
Tenían conciencia de la necesidad de realizar una pintura con énfasis artesanal, fuera de los patrones académicos prevalecientes en la época. Es esto lo que los lleva a empeñarse en el dominio del dibujo libre, rechazando el recurso de la orientación limitadora del profesor de pintura dentro de las academias. Con este propósito organizaban sesiones de dibujo libre en los talleres colectivos que alquilaban, pagando modelos que posaran para ellos.
La búsqueda de dominio técnico fue revelada también en el ejercicio de “pintar del natural”. Es decir, cuando iban a las zonas suburbanas de São Paulo, a las pequeñas ciudades del interior, o a la costa, para realizar el trabajo pictórico.
Esa experiencia de búsqueda y experimentación, libre de los patrones instalados en el gusto de la sociedad, se proyectó también en los desnudos, en los dibujos de figuras, en los paisajes de vistas urbanas, así como en los famosos paisajes de los alrededores de la ciudad de São Paulo. Desarrollaron una temática propia y dentro de la realidad brasileña, haciéndose conocidos como los creadores de una “pintura paulista”. Soluciones pictóricas modernas.

Estos artistas realizaron una obra que rápidamente llamó la atención de los críticos e intelectuales. En 1939, el escritor y critico Mário de Andrade les dedicó el artículo “Esta familia paulista”, retomando más tarde el trabajo del Grupo Santa Helena en un estudio más amplio de 1944. Durante la década de 1940, los integrantes del grupo fueron estudiados con interés especial por Sérgio Milliet y otros importantes críticos del período, pasando a partir de ahí a figurar de forma decisiva en el escenario artístico nacional.
El Grupo Santa Helena viene siendo tema de exposiciones y de revisión histórica. Fueron realizadas muestras para conmemorar los 30, 40 y 50 años de su formación, siendo la última de éstas una retrospectiva importante, acompañada de libro y catálogo.
A pesar de que algunos de sus componentes no tuviesen conciencia del papel que desempeñaron, tales investigaciones permiten sostener que el “Grupo Santa Helena” no fue tan sólo un conglomerado casual y efímero, sino más bien una “comunidad de intereses” en el tiempo y el espacio, bajo el impulso externo de un estado de conciencia común que permitía la vida sociocultural. Sociológicamente, el “Santa Helena” puede ser visto como un grupo primario, de contactos cara a cara, en el cual los componentes participaron inicialmente de manera informal, pero que fue asumiendo gradualmente una formalización y contornos más definidos. Se trata de un grupo que marcó internamente su interacción por un proceso francamente cooperativo de estímulo y apoyo recíproco, que se preservaría, incluso, después de la terminación de la convivencia diaria y del trabajo en los dos talleres comunes.
Por otro lado, puede ser definido como un grupo cuya obra se refleja como acción social sobre sí mismo, a partir del contacto con el público intelectual (escritores, poetas, periodistas, profesores) que percibe en la obra de estos artistas una posibilidad de configuración, en términos plásticos, de la identidad cultural, ya de amplia manifestación en la literatura, desde la década de 1920, y constituyéndose en sólida ideología en la década de 1930.
Del contacto artista-obra-público —entendido también en el aspecto de los contactos cara a cara— nació una toma de conciencia y se dio una reorganización de las preocupaciones estéticas, que asumen, a través de los años, diferentes direcciones en cada uno de los pintores. Pero en todas estas personalidades creadoras, de una forma u otra, permanece la marca importante de la experiencia del período de convivencia en el Santa Helena. Aunque, naturalmente, la presencia de cada uno de ellos presenta, estética e históricamente, niveles bastante diferenciados a lo largo de sus carreras.
Aldo Bonadei desarrolló una trayectoria artística ininterrumpida marcada por la búsqueda de materiales, soportes y lenguajes plásticos. Siendo joven, viajó a Italia (Florencia) para estudiar. Desarrolló la faceta abstracta en su obra, produciendo más tarde un intenso diálogo entre figuración y abstracción en sus composiciones.
Alfredo Rizzoti también estudió en Italia tempranamente. Además de pintura, realiza murales y se dedica al dibujo. Durante un tiempo su producción pictórica se vio interrumpida, debido a problemas de salud.
Alfredo Volpi era italiano de nacimiento. Se desarrolla como pintor a partir de la década de 1910, absorbiendo aspectos de la estética impresionista. Después de la época del Grupo Santa Helena, a fines de la década de 1940, se acerca a los pintores y poetas concretistas, realizando una pintura que absorbe la información constructiva pero que presenta peculiaridades que lo destacan en el escenario artístico nacional.
Clóvis Graciano fue pintor, dibujante y muralista. Privilegió la figura humana en su trabajo, al lado de la naturaleza muerta. Realizó innumerables telas en edificios públicos y privados, proyectos de importantes arquitectos brasileños. Ilustró periódicos y libros, entre los cuales se destacan las novelas de Jorge Amado. También se desempeñó como escenógrafo y diseñador de vestuarios. Vivió dos años en Francia, gracias al Premio de Viaje al Exterior del Salón Nacional de Arte Moderno.
Fulvio Pennacchi, como Volpi, era italiano de nacimiento. Inició su formación como pintor en su país de origen. Se radicó en Brasil en 1929. Su trabajo está marcado por la pintura renacentista en la técnica e incluso en la temática religiosa. Se dedicó al paisaje y a la temática popular, registrándolos en sus composiciones fiestas y costumbres.
Francisco Rebolo Gonsales era el único artista del Grupo que descendía de españoles. Desarrolló su carrera ininterrumpida como pintor, siendo uno de los paisajistas más representativos del Grupo, además de producir una importante galería de retratos, naturalezas muertas y flores. Se dedicó también al dibujo y al grabado. Realizó murales en residencias y edificios. Vivió durante dos años en Italia, realizando viajes de estudio por varios países de Europa, gracias al Premio de Viaje al Exterior del Salón Nacional de Arte Moderno. Como hecho curioso, cabe destacar que, antes de hacerse artista, fue jugador de fútbol en el equipo Corinthians Paulista, siendo campeón en 1922.
Humberto Rosa fue profesor de dibujo de escuela secundaria, además de dibujante y pintor. Sufrió problemas de salud que le impidieron seguir pintando. El paisaje fue, junto a la figura humana, su tema predilecto. Parte de su obra se perdió después de su fallecimiento.
Manoel Martins se dedicó al grabado y se desempeñó como ilustrador, además de realizar pinturas. Su obra se aproxima al expresionismo y está marcada por un cuño social.
Mário Zanini fue pintor, dibujante y azulejero, dedicándose también a la cerámica y al grabado. Realizó murales en edificios, se destacó como paisajista y desarrolló, más tarde, una fase abstracta en su obra.
A manera de conclusión vale la pena destacar que la obra de los artistas del Grupo Santa Helena despertó, a lo largo de la historia, el interés de la crítica de arte que se afirmó en el contexto de la prensa nacional, en la misma época en que la producción de estos artistas surgió en el escenario artístico.
Bajo la óptica sociológica, el Grupo llamó especialmente la atención por el hecho de que sus artistas pertenecían a una base social trabajadora y eran inmigrantes o descendientes de inmigrantes.
En el momento en que se cierra el siglo XX, es importante iniciar una revisión de la trayectoria e historia del arte de este período, retomando el estudio de esa generación de pintores y exhibiendo al público su obra.
NOTAS
1. En el Brasil, el momento de acercamiento a las vanguardias artísticas fue llamado “Modernismo”, y el arte ligado a este movimiento, “arte moderno”.
2. La SPAM y el CAM fueron instituciones abiertas tan sólo para un público de arte asociado a ellas. Su objetivo era, entre otros, Ia realización de exposiciones, conferencias, reuniones sociales. La SPAM realizó baile de carnaval con decoración realizada por el artista Lasar Segall, que vivía en Brasil desde mediados de Ia década de 1920. El CAM tenía en Flávio de Carvalho su principal animador cultural. Presentó piezas teatrales con gran repercusión, como O Bailado do Deus Morto, de autoría de este artista.
3. Los artistas del Grupo Santa Helena se acercaron a las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX a mediados de Ia década de 1940. Sus obras recibieron informaciones del cubismo, del expresionismo y, más tarde, en algunos casos y momentos, también del abstraccionismo.
4. La Familia Artística Paulista y el Salón de Mayo fueron exposiciones efímeras que agruparon a los artistas que buscaban una renovación en el lenguaje plástico. Cada una estas instituciones realizó tres muestras anuales. La Familia, en 1937, 1938 y 1940, y el Salón de Mayo, en 1936, 1937 y 1939.
5. El Sindicato de Artistas Plásticos fue creado en 1937, como resultado de Ia nueva legislación sindicalista instalada en el país por el presidente Getúlio Vargas.
6. El Grupo de Cultura Musical surge en torno al médico y coleccionista Adolfo Jagle, gran conocedor de Ia música. Realizó conciertos y presentaciones de ballet moderno. Varios de los artistas del Grupo Santa Helena participaron en las reuniones de este grupo.
7. La presencia de los inmigrantes y sus descendientes fue decisiva en el escenario artístico de Ia década de 1930, 1940 e incluso 1950. Además de italianos y españoles y sus descendientes directos, también los japoneses y sus descendientes formaron un grupo importante: el Grupo Seibi. Hubo también otros grupos de jóvenes artistas en Ia década de 1940, que tuvieron el papel de afirmar los nuevos valores que surgían en el escenario artístico.
*Foto: Romulo Fialdini.
LISBETH REBOLLO GONÇALVES

