átomo. [Del lat. atomusl Sm. (...) Todas las substancias son formadas de átomos, que se pueden agrupar formando moléculas o iones. (...) Breve espacio de tiempo; momento, instante.
célula. [Del lat. cellulal S.f. (...) unidad estructural básica de los seres vivos (...) La menor unidad de materia viva que puede existir de manera independiente, y ser capaz de reproducirse.
La consistencia de la producción de Edgard de Souza viene a tono con la pequeña sala de exposiciones de la Galería Luisa Strina. La instalación pone en evidencia una compleja red de relaciones existente entre las esculturas, las fotografías y las pinturas. Y dentro de cada una de las obras funciona el mismo sistema de relaciones: entre cuerpos idénticos; entre formas semejantes; entre círculos; entre el cuerpo humano y el cuerpo escultórico.

Al entrar, vemos una diversidad de medios y escalas contrapuestos en el ambiente. Las cuatro paredes están ocupadas, y en el centro de la sala hay dos esculturas. La primera consiste en dos cuerpos masculinos iguales, fundidos a la altura del tronco, uno como reflejo del otro, formando un arco. La idea del reflejo, de la relación entre cuerpos idénticos, ya es recurrente en su obra. El cuerpo duplicado puede remitir a la relación entre dos personas o entre diferentes aspectos de la personalidad de un mismo sujeto. La escultura en aparente estado de fusión trae también la idea de una relación física entre los cuerpos. Pero la solidificación de una etapa de la fusión no nos permite conocer la próxima: no sabemos si los cuerpos se estarían duplicando, o absorbiendo uno al otro. La segunda escultura, formada por diez esferas blancas de escala aproximada, fundidas unas a las otras, proporciona una lectura que puede ampliar la comprensión de toda la muestra. Las formas abstractas y la reducción de los elementos formales al mínimo nos llevan directamente a la estructura: no la asociamos a formas del cuerpo humano, referencia constante en la obra de de Souza; identificamos una estructura de piezas idénticas relacionadas, semejante a la representación de una estructura molecular. A partir de esa obra, y de la relación que buscamos entre ella y la primera escultura figurativa, podemos entender cada una de las obras como un sistema de relaciones. Cambian las piezas y los sistemas, con sus diferentes formas de representación, pero la estructura es la misma. Y si entendemos la escultura de esferas como un esquema abstracto, es posible aplicarlo en diferentes escalas. Podemos pensar en cualquier mínima parte de un todo que repetido forma una estructura. Un átomo, una molécula, una célula, un cuerpo.
La relación entre las fotografías y la escultura de cuerpos masculinos fundidos queda clara en la exposición. Hay una foto en que los cuerpos idénticos del artista están en la misma posición de la escultura, uno como reflejo del otro, fundidos por los brazos. Pero mientras en la escultura no se identifica a un sujeto determinado, y no hay por lo tanto seguridad de que los cuerpos repetidos sean de un solo sujeto, en las fotografías reconocemos siempre a la misma persona, relacionándose con su idéntico. Eso nos lleva, en la fotografía, hacia una lectura de los cuerpos repetidos como diferentes aspectos de la personalidad de un mismo sujeto. O, volviendo siempre a la idea propuesta por la escultura de esferas, podemos asociar los cuerpos a elementos vivos que se subdividen generando idénticos, como células, que juntas forman una estructura mayor el cuerpo. Una fotografía puesta detrás de la escultura abstracta trae esa idea: tres cuerpos idénticos dándose las manos, fundidas entre sí, forman una estructura de piezas semejantes interligadas.
Las innumerables relaciones presentes en la exposición hacen que nuestra comprensión y percepción de cada una de las obras se vayan transponiendo unas a otras. Si las esculturas ejercen sobre nosotros un tipo de seducción, proveniente de sus formas orgánicas, brillo y acabado de los materiales, pasamos a mirar las fotografías, dominados por esa seducción. Las pequeñas pinturas, con círculos de purpurina verde, también tienen el brillo y la seducción material de las esculturas. Y el esquema de círculos, como el de la escultura de esferas, es la abstracción de una relación entre cualquier elemento, donde las piezas puedan ser cambiadas mentalmente, y el sistema adaptado a cada grupo de piezas. También pueden ser átomos, células o cuerpos, en relaciones de intersección o no intersección.
Nuestra mirada fluye, de un lado al otro de la sala, tejiendo la compleja red de relaciones entre las obras. Y por un momento tenemos la sensación de estar dentro de un mundo en estado de fusión. Además de los cuerpos que se funden entre sí en las esculturas y fotografías, hay en la sala una gran gota perlada que brota de una pared, y otra que resbala. Pero, en el instante siguiente, la transformación, normalmente visible a los ojos humanos, no procede: todo permanece inalterado. Las piezas sólidas, de madera laqueada, tienen la forma de un instante de la fusión, cristalizado. La utilización del medio fotográfico viene a reafirmar esa idea, por tener como característica intrínseca la capacidad de eternizar la imagen de un momento.
Volvemos a la escultura de esferas y a la idea de la estructura de piezas semejantes relacionadas. A partir de esa escultura podemos entender también la exposición como una estructura, cuyas piezas están interligadas por la red que vamos identificando. De la estructura molecular se llega al cuerpo; de cada obra, donde funciona un sistema de relaciones, llegamos a la exposición, cuya red de relaciones amplía la comprensión del conjunto de la obra de Edgard de Souza.
ANA PAULA COHEN
