Continental Shift: Viaje entre las culturas

Oswaldo Macía. Jardín de algas, 2000. Móvil con plástico, metal y tampones sanitarios. Dimensiones variables.

Colectivanov 2000 - ene 2001· Por Christine Frérot

Continental Shift: Viaje entre las culturas

Ludwig Forum, Aachen, Alemania - Bonnefantenmuseum, Maastricht, Holanda - Stadsgalerij, Heerlen, Holanda - Musée d'Art Moderne, Lieja, Bélgica - Frankfurt, Alemania


La idea europea ubicada en el corazón de la exposición preconizaba a la vez el desvanecimiento de las fronteras y la desaparición de sus efectos sobre los nacionalismos culturales y políticos. Pero, por otro lado, invocaba la reconstitución de un espacio más amplio, a la vez simbólico y real, propuesto por los artistas y sus creaciones a través de exilios y migraciones que sirven de zócalo metafórico para sus imaginarios. Este proyecto cultural poesía un doble interés: en primer lugar, por su dimensión artística (para Wolfgang Becker, Continental Shift “busca una nueva iconografía de los continentes, desarrollada por los artistas actuales”), y en segundo lugar, por su dimensión política, expresada en el discurso conjunto de los alcaldes de las cuatro ciudades antes mencionadas. Su declaración común mostraba el deseo de borrar las disparidades, para encaminarse más hacia Europa y, de esta manera, poder estar más presentes en el mundo. 

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Jota Castro. Nuevas fronteras, 2000. Aluminium, vidrio y comida genéticamente modificada. 206 x 136 x 233 cm.

La Fundación Ludwig fue creada en 1966 por el empresario alemán Peter Ludwig, que comenzó su colección con el arte pop de Estados Unidos. Desde La década de 1980, se interesó por los artistas de Europa del este y de América Latina, y abrió una sucursal en La Habana, a principios de La década de 1990. Su colección permanente se halla en Aachen, sobre todo en Colonia, constituyéndose en una de las más importantes de Alemania. En Continental Shift, las obras (pinturas, esculturas e instalaciones) de 80 artistas estaban repartidas en cuatro lugares geográfica y nacionalmente diferenciados, pero Iigados simbólicamente por el concepto federador de la manifestación. Los artistas, originarios de tres continentes, trabajan en capitales o ciudades como Berlín, Londres, París, Bruselas, Barcelona y Hamburgo. 

Mi objetivo es comentar la representación latinoamericana, evocando la presencia de artistas de otros continentes, en particular la de los asiáticos, fuertemente representados en el espacio del Museo Ludwig de Aachen. Diez y nueve latinoamericanos fueron seleccionados por la curadora Annette Lagler, mientras que los 41 asiáticos seleccionados por David Galloway (China, Taiwán, Japón y Corea) formaban un núcleo mayoritario, en relación con el grupo de artistas originarios de África y del Oriente Medio. 

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Herman Braun-Vega. Claroscuro íntimo de Rembrandt y Picasso, 1987. Acrílico sobre lienzo. 195 x 130 cm. Foto: Baldomero Pestaña.

El ejercicio de tal confrontación resulta vivificante para la mirada y el intelecto; por una parte, entre el origen nacional y la experimentación del lugar de trabajo, y por otra, entre las obras de artistas de continentes y culturas diferentes. Esta idea permite rendir cuenta de las preocupaciones de los artistas, que no sólo son problemáticas personales, sino también sociológicas y formales, situando sus anclajes y sus aperturas, y evidenciando su deseo de hallar un lugar en el terreno móvil y con frecuencia incierto del arte contemporáneo. Esta opción impedía encerrarlos en sus lugares de origen, a la vez que los situaba en el espacio contextual donde puede desarrollarse plenamente la dialéctica de las experiencias culturales. En las pinturas, esculturas e instalaciones de los 19 artistas latinoamericanos presentes en Aachen, se expresaba el deseo de integración en la modernidad vigente en Europa. Sin embargo, no negaban el cuestionamiento sobre su cultura y el papel que ésta juega en su creación transplantada. Este eje doble de inspiración apuntaba al centro conceptual y formal de su arte, de acuerdo con una dialéctica productiva que les permite una apertura hacia una nueva distribución de sus obras. 

La construcción conceptual y museográfica escogida por la curadora estaba basada en una serie de temáticas observadas en el arte latinoamericano, a las que se incorporaban los artistas y sus obras. Dos artistas emblemáticos son los puntos de partida del recorrido, en tanto que referencias de la historia de las influencias en el arte del continente a lo largo del siglo XX: Wifredo Lam, con tres obras sobre papel, y Lygia Clark, con la misma obra en dos versiones. Su escasa representación otorga a la “introducción” un sabor algo reduccionista, aunque no era el objetivo de la exposición presentar un panorama histórico del arte latinoamericano. El concepto general y la museografía se articulan en torno a cuatro grandes temáticas: la primera, denominada "Los archivos de la conciencia", se refiere a la vez a la historia del arte, con pinturas (década de 1980) del peruano Herman Braun-Vega y de la mexicana Alicia Paz, así como al imaginario cotidiano, a través de objetos pintados por la colombiana Ofelia Rodríguez. Después, se aborda una sección más provocadora llamada Archivo de objetos, que muestra pinturas y objetos realizados por los brasileños Julio Villani y Milton Machado, a la vez sobre la memoria de la identidad personal y de las ciudades, en este caso Londres. Por su parte, Betty Leirner nos hace penetrar en un espacio virtual de sonidos, en el que las grabaciones de su propia voz en diversas lenguas cruzan las palabras de sus textos presentados sobre los muros. 

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Ofelia Rodríguez. Sin título, 1998-2000. Técnica mixta sobre papel. 23.8 x 16.3 cm.

Más arriba, una instalación algo escabrosa del colombiano Oswaldo Macia despide un olor indefinible y un tanto repugnante. Su finalidad era evocar, por los olores entremezcIados, la variedad de las culturas y su permanencia en el tiempo. Para ilustrar su propósito, optó por exponer varios “Tampax” suspendidos sobre una suerte de arañas giratorias, impregnadas por más de 200 esencias, a la manera en que los budistas instalan incienso en sus lugares de culto. 

La segunda temática aborda "El cuerpo y la alienación", a través de esculturas respirantes de Pablo Reinoso (dos obras, una de las cuales es una variación de sus Meninas, presentadas en la FIAC 1999), de objetos animados de Jack Vanarsky, de instalaciones de Maritzu Otondo, de la muy interesante Lucia Nogueira (infortunadamente fallecida en Londres en 1998) y de Miguel Rothschild. Este último propone (en una obra mostrada anteriormente en Berlín) una meditación sobre el dolor y el placer: su cama cubierta de esparadrapos sugiere el sufrimiento y la herida, mientras que su sensual sillón con mil bocas invita a una infinidad de besos. Por su parte, Frida Baranek realizó especialmente para el lugar una obra en forma de hamaca, hecha de bronce y látex entrelazados, y llamada Tenor, sentimental, álbum, gala, fatal, veto, élite, moral, brutal. El espacio reservado al argentino Jack Vanarsky le había permitido presentar una serie de obras organizadas en “instalación”, bajo el tema de “La lección de geografía”: libros animados sobre carpetas escolares, mariposas colgadas sobre muros o prisioneros en botellas que esperan ser arrojadas al mar, un falso mapa de geografía... un conjunto de evocaciones que crean una atmósfera a la vez nostálgica y poética. 

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Alicia Paz. Fantasmas, 1997. Acrílico y óleo sobre lienzo. 200 x 160 cm. Foto: Yves Breton.

Para la tercera temática, consagrada a "Juegos y sarcasmos", la instalación del brasileño Daniel Chust Peters invita a los niños a apropiarse de una construcción de madera, que permite jugar tanto al interior como al exterior. La performance gastronómico-cultural de la pareja Vincent+Feria (Elohim Feria y su esposa Francoise Vincent) —las parejas están decididamente de moda— oscila entre juego y referencias culturales. Los artistas decidieron distribuir hallacas, especie de empanada venezolana, en el curso de una “instalación evolutiva” (según sus propios términos), que está prevista para durar varias semanas, modificándose. En las dos presentaciones de esta sección, nos preguntamos dónde se esconde el sarcasmo. Y para terminar, la cuarta temática, bajo el título de "Final: el fin de las naciones", pretende introducir a la idea de la desaparición del principio de nacionalidades políticas o artísticas. Ella se halla ilustrada por el argentino-tailandés Rirkrit Tiravanija y su moto-taxi popular, así como por diferentes obras del peruano Jota Castro. Este artista cuestiona la sociedad en su serie de productos transgénicos de consumo, a la vez que intenta hacer participar al público, proponiéndole expresarse sobre el sentido de Europa. 

El proyecto plantea la idea de la desaparición de las nacionalidades y el encuentro de los continentes, lo que no impide constatar que la preocupación por la pertenencia nacional es lejana en la memoria consciente de los artistas. Sin embargo, la preocupación por la cultura (nacional) más o menos absorbida les resulta una idea que entraña valores y resistencias, así como imaginarios artísticos. El mérito de esta exposición radica en su voluntad de colocar frente a frente a artistas de continentes ajenos a Europa, lo que permite al visitante descodificar sus singularidades y sus hilos conductores culturales. La exposición ayuda también a apreciar o descubrir artistas que han optado por vivir y trabajar en el viejo continente. Es el caso del importante contingente asiático, con instalaciones de la japonesa Chicharu Shiota, y los hilos entrelazados desde el suelo hasta el techo, del chino Chen Zhen: cajas y pianos con pieles estiradas, que fueron presentadas en el Aperto de la Bienal de Venecia de 1999. Destacan también los japoneses Takashi Murakami y Mariko Mori, marcados por las tiras cómicas (manga), la publicidad y el arte pop, así como Tazro Niscino y su falso-auténtico Hotel Continental, construido con contenedores en la plaza del Teatro Municipal y capaz de recibir verdaderos clientes. 

Proyecto tanto político como cultural, Continental Shift se reivindicó sobre todo como proyecto europeo. Una exposición de esta calidad y de esta envergadura constituye también un testimonio que otorga sus cartas de nobleza a una Europa que sigue siendo a través de la historia un imán artístico y cultural para todos los creadores. La exposición evidencia el interés que Europa suscita entre artistas plásticos de horizontes diversos, ávidos de encuentros y de mestizajes, pero también manifiesta una parte de lo que sienten los artistas: hallar aquí una libertad de creación y circulación, en un tiempo diferente y en relativa autonomía respecto a las exigencias y limitaciones del mercado norteamericano. 

CHRISTINE FRÉROT

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