Exposición Individualnov 2000 - ene 2001· Por Verónica Cordeiro

Beatriz Milhazes

Galeria Camargo Vilaça

El rítmico movimiento del mar alberga las secretas profundidades del océano y revela, al mismo tiempo, partículas de toda clase de especies vivientes y restos de objetos inertes que son arrastrados hacia Ia orilla con cada rompimiento repetido de las olas contra Ia arena o las rocas. Depositados a lo largo de Ia costa, estos residuos vivos y yermos encuentran un confortable lugar de reposo y gradualmente empiezan a mezclarse con lo que está a su alrededor. Piedras preciosas y ordinarias, conchas marinas y cangrejos, aguamalas y calamares, caballitos y estrellas de mar algas marinas verdes y negras, plantas marinas, y tantas otras especies de cosas y criaturas que seducen nuestra imaginación. A medida que el mar absorbe las olas de Ia costa y las lleva de vuelta al océano, una plétora de diminutos poros se abre para respirar en Ia arena y los arrecifes: signos de vida anfibia, invisibles a simple vista, manifiestan su existencia por un instante, antes de ser sumergidos por otra ola una vez, y otra vez, y otra más. Este inquebrantable contacto íntimo del repetido impacto de las olas contra Ia orilla erosiona y va desprendiendo poco a poco capas de Ia superficie de las rocas y transforma continuamente Ia topología del terreno. Como una mutación sutil, incesante, como se desprende diariamente nuestra piel; siempre hay otra capa por debajo. Sin embargo, ésta no es una nueva capa uniforme, sino una anacrónica amalgama de Ia de ayer Ia de hoy y Ia de mañana, que se encuentran y se entrelazan inextricablemente. 

La pintura de Beatriz Milbazes parece ser un canto a Ia transformación de Ia vida, concentrándose en un juego de significados multiestratificados que fusiona Ia naturaleza en un extenso repertorio de representaciones icónicas hechas por el hombre. Milbazes, quien surgió con Ia generación de artistas de Ia década de 1980 que revivieron un retorno a Ia pintura, desarrolló un repertorio visual consistente en numerosos motivos florales y arabescos que mantuvieron su singularidad objetiva, a pesar de formar parte de una composición pictórica integral. Así, Ia rosa fue claramente delineada como una rosa, ya estuviera en flor o marchita; los flecos hacían alarde de sus numerosas capas de trenzas detalladas con cuidado; anacardos, naranjas, limones, cerezas y lirios eran sombreados de manera realista, con un artístico desvanecido semejante al de los frescos antiguos; remolinos y rizos les añadían movimiento y transparencia a capas superpuestas de intrincados diseños de encaje y adornos semejantes a joyas, que recordaban candelabros y ornamentos y bordados nativos islámicos, ibéricos y latinoamericanos. 

La técnica pictórica de Ia artista ejemplifica los procesos composiciona/es de su repertorio visual: similares a un tipo de collage hecho con frottage, Beatriz pinta motivos plásticos recortados con pintura acrílica que luego raspa y pega al lienzo, reduciendo el brillo y el acabado suave propios de Ia pintura. 

En las cinco pinturas exhibidas en abril en Ia Galeria Camargo Vilaça, de São Paulo, el aspecto de collage de sus obras anteriores dio paso a una dilución mediante Ia cual dichos motivos han perdido mucho de sus detalles y atributos de ícono. En El Buda, por ejemplo, el lirio símbolo de paz e inocencia se tornó más estilizado y tosco, adquiriendo una firmeza sexual que antes era una mera insinuación. La parte baja de Ia pintura estaba cortada por gruesas líneas horizontales que descendían desde el casi negro hasta el azul mediterráneo, añadiéndole una intensidad de abstracción que tenía eco en los arabescos sencillos y los anillos de árbol concéntricos. ¿Qué se hicieron los diseños de encaje y bordado? La rosa azul del centro ha perdido las líneas del contorno que definían sus pétalos y sépalos y que Ia clasificaban inmediatamente como una rosa. Estrellas coloreadas con sencillez titilan graciosamente en medio de un cielo psicodélico poblado de corazones y margaritas. En estas nuevas pinturas, cuando un motivo particular conserva su identidad de ícono, aparece como un ícono aislado que parece estar perdido en el espacio. Es el caso del anacardo rojo encerrado en un círculo verde en La conversación, y con el símbolo de Ia paz en Jarro con limones, naranjas y rosas. Reemplazando el perianto de una margarita, el símbolo de Ia paz parece haber caído allí por accidente, debido a que su rigidez formal contrasta con Ia evanescente suavidad del circulo de flores verdes y púrpura que está por debajo. Se crea una tensión formal mediante el cuidadoso arreglo de cada capa y (sub o) intercapa que evidencia puntos de mayor concentración cromática y densidad plástica, a Ia vez que evoca un sentido de expansión circular hacia los bordes del lienzo. Esto se ve claramente en El retrato, en donde una margarita púrpura se expande en forma concéntrica en capas circulares que terminan en líneas refractarias azules y grises, en un arreglo que recuerda una imagen de caleidoscopio. La fantasía y Ia geometría nos remiten a Ia psicodelia de Ia década de 1960 en Molino rojo, en donde Ia relación de color y línea muestra una mayor preocupación por las cualidades formales de Ia pintura. 

Exposición Individual: Beatriz Milhazes — imagen 1
Beatriz Milhazes. EL Buda, 2000. Acrílico sobre tela. 191 x 256,5 cm. Foto: Vicente de Mello.

Líneas rectas y círculos simples se pierden bajo hojas verdes, corazones, estrellas, puntos coloreados y motivos de frutas, mientras los rizos, los hexágonos y los arabescos se reúnen en varias capas para formar "rizágonos" y "rizabescos". En estas obras, Beatriz Milbazes retrata el poder transformador de las relaciones y explora diferentes niveles de asociaciones en los cuales ningún elemento conserva su singularidad cuando entra en contacto con el otro. Al igual que las conchas depositadas en Ia costa, que se desmoronan para formar parte de Ia arena o se pegan a las rocas y a los arrecifes de coral y se fosilizan: como dos o más olas que se aproximan por separado hacia Ia playa y que de repente se golpean una contra otra formando una enorme ola o rompiéndose totalmente. 

VERÓNICA CORDEIRO

Beatriz Milhazes, por Verónica Cordeiro | artnexus