Se trata de una artista de vanguardia que desde la década de 1950 comienza a cuestionar los cánones establecidos en el abstraccionismo. Actuando como una gran visionaria que debería estar en los museos más importantes de arte contemporáneo en nuestra América Latina.
Zilia Sánchez ha desarrollado un discurso visual original, poderoso y de ricos simbolismos que nos acercan tanto a las pasiones más básicas como a las alturas espirituales más desconocidas. Se trata de una incansable poetisa del amor que ha redefinido el lienzo, convirtiéndolo en mapas eróticos, en piel llena de ganas, en tatuajes, en nubes, en abrazos, en amantes que no les tienen miedo a los adioses. Zilia Sánchez pintora cubana (radicada en Puerto Rico desde principios de la década de 1960).

Consciente de las corrientes internacionales en el mundo del arte iniciadas a principios del siglo XX por Duchamp, Picasso, Arp, y sobre todo por los abstraccionistas —Malevich, Mondrian y Kandinsky—, y motivada por su mirada siempre curiosa (aun cuando estudiaba en la Academia San Alejandro en La Habana), ante todo por lo que estaba ocurriendo con las propuestas de kla postguerra en Nueva York y Europa, Sánchez convertirá el dibujo y la pintura en sueños donde lo erótico y lo espiritual toman un mismo vuelo. Desde entonces esta inagotable creadora comenzará a jugar con sus telas, a darles formas fascinantes, a darles vida propia. Sus obras se convertirán en provocadoras formas tridimensionales —o "relieves", como ella les llama— que escandalizarán a algunos y seducirán a la mayoría de los amantes del arte. Sus obras —desde la década de 1950 hasta el presente— juegan inteligentemente con los límites de la modernidad (esa misma modernidad que durará y cobrará fuerzas hasta nuestro presente) y anuncian —con una efectividad impresionante— los cambios que comenzarán a ocurrir de manera asombrosa y controvertible en las décadas de 1960, 1970, 1980 y 1990.
Las nuevas obras que Sánchez presentó en el Museo de las Américas, con el sugestivo título de Eroicas/Eróticas, son atractivos, son atractivos y atrevidos relieves/esculturas magistralmente concebidos que otra vez nos acercan al espíritu de una artista capaz de crear espléndidos y enigmáticos espacios donde la paz y la seducción nos invitan (otra vez) a visitar importantes y bellos puertos/cuerpos que le dan más sentido a este fenomenal juego que llamamos vida.
Dentro de un abstraccionismo que no les teme a la sensualidad más fuerte y al erotismo más sofisticado, y enmarcadas en un minimalismo postmoderno que nos convierte en coautores, Sánchez ha logrado que sus obras sean preciosas metáforas de los juegos de seducción y plegarias durante los más dulces viajes espirituales. Estas nuevas composiciones pueden ser vistas como brújulas, corazones, besos, tentaciones postfeministas, pero dramáticamente intemporales, que llenas de magia nos dirigen a la búsqueda del verdadero cuerpo/puerto donde se pueda amar casi sin límites.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
